La P de Permiso

¡Si me dejaran, sería capaz de poner en marcha algunas de mis mejores ideas!.

Pero claro, cualquiera dice nada.

Si no funciona, sería porque no ha sido una buena idea. Y si funciona, mi jefe se pondría todas las medallas, y yo me quedaría con un palmo de narices.

No merece la pena intentarlo.

Hay muchas maneras de justificar que no merece la pena arriesgarse. Sin embargo, en demasiadas ocasiones lo que nos ocurre no tiene tanto que ver con los demás como con nosotros mismos. Nos faltan PERMISOS para equivocarnos, ser diferentes, fallar, atrevernos, cambiar.

Sin embargo, resulta más cómodo echarle la culpa a un tercero que asumir la responsabilidad de aquello que de forma consciente o inconsciente no pongo en marcha.

¿Por qué no tengo esos permisos?

Generalmente la falta de permisos tiene más que ver con nuestra más temprana educación de lo que sería deseable. Sin embargo, una vez que tomo conciencia de que no tengo esos permisos, es mi responsabilidad incorporarlos, con el fin de poner fin a esos comportamientos limitantes.

¿Y si detecto que los permisos le falta a alguien de mi equipo?

Aunque lo ideal es que sea cada uno el que se dé cuenta de los permisos que no tiene, como jefe, puedes darles a tus colaboradores aquellos permisos que necesiten para poder desarrollar las facetas que hasta ese momento tienen aparcadas.

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