Innovación y el Estado de Bienestar

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Esta tarde Fernando Alfaro colgó en el grupo de LinkedIn, Fundación de la Innovación Bankinter, el siguiente post:

Innovar es una obligación en tiempos como los que estamos viviendo. ¿invertirías en este tipo de proyectos ? ¿aún a costa de el Estado del Bienestar?

Incluyo a continuación mi respuesta a su pregunta abierta.

“Como comenté hace poco en una conferencia parafraseando a Edward Deming, “innovar no es obligatorio, pero tampoco lo es la supervivencia”.

Uno de los problemas que tienen las direcciones de muchas empresas es que consideran la innovación como algo que simplemente está de moda.

Por esta razón no se dan cuenta de que la innovación es la función a integrar en su operativa en los próximos años. Esto es similar a lo que ocurrió en su día con la función de calidad.

Entre tanto, muchos no se dan cuenta de que la innovación es, de forma menos “glamourosa”, implementar cambios (ideas nuevas) que aporten un valor cuantificable.

Dicho de otro modo, si lo que hasta ahora está haciendo una empresa no le está dando resultado, ¿no será ya momento de que empiecen a innovar/cambiar?

Aún hay muchas organizaciones que prefieren seguir negando la necesidad de innovar y esperar a ver que ocurre. Eso sí, en el caso de que su competencia decida hacerlo primero, no deberían luego lamentarse de su “mala suerte”.

Y finalmente, en relación al Estado de Bienestar, viene la parte menos bonita de la innovación. La innovación produce resultados positivos, y también un coste. El coste de hacer cambiar a la organización, de romper con las inercias, de cambiar la forma de hacer, de cuestionar el status quo que durante tantos años se ha mantenido, en definitiva de que las personas deban hacer las cosas de una forma diferente, y a veces incluso, ser de una manera diferente.

Como cambio que es, la innovación provoca resistencia, y eso cuestiona el Estado de Bienestar actual. El problema es que el estado de complacencia de muchas organizaciones, les impide ver la necesidad de cambio. Es el caso de las organizaciones que practican el pensamiento mágico del niño. “Ya verás como quedándonos quietos nos libramos de cambiar”.

Si tienen suerte y nadie en su sector cambia, igual les funciona.

Pero los más probable es que alguno de sus competidores cuestione el paradigma del sector y lance los cambios necesarios para aprovechar las oportunidades que sin duda estos tiempos de cambios rápidos nos han traído.

O dicho de otro modo, hay empresas que provocan su futuro (cuestionando su Estado de Bienestar, y todo lo que eso conlleva) y otras, la mayoría, que esperan a que el futuro les ocurra.”

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