La innovación empieza entre tus orejas. O cómo hacerte cargo de tu potencial.

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Es fácil que te sorprenda el título del post, pero ¿es que acaso existe otra posibilidad? Bueno sí, que la innovación pueda empezar entre las orejas de algunos otros. Pero en cualquier caso, ésta no ocurre fuera de la persona.

Tendemos a ver la innovación como algo externo, algo que ocurrirá algún día casi por arte de magia, y sin embargo es nuestra forma de pensar, de juzgar, de sentir, de actuar, la que habilita o frena la generación e implementación de nuevas ideas que aporten valor.

Aunque se nos olvide “ a veces”, o más bien nos acordemos “a veces” de esto, estos comportamientos son procesos que tienen su origen en nuestro cerebro. Lo curioso es que, no sólo no solemos darnos cuenta de esto, sino que tampoco somos conscientes de los filtros que utilizamos para leer la realidad, por lo que tendemos a pensar que todos vemos las cosas de igual forma.

Pues menos mal que no es así. Si no, ¡qué coñazo de vida!. Todos igualitos. Probablemente como los protagonistas consumidores de soma, del Mundo Feliz de Aldous Huxley.

La ventaja de no darnos cuenta de nuestra forma de operar es que podemos seguir pensando que somos como somos, que vivimos la realidad que nos ha tocado, y que hacer las cosas de otra forma es muy difícil, demasiado arriesgado o simplemente imposible.

Lo malo es que al hacerlo despilfarramos un gran potencial que traemos de serie, y a cuyo interior sólo tienes acceso tú. O al menos, deberías tenerlo.

Si comienzas a tomar conciencia de qué parte de tu hipnosis personal, también llamada educación, te ayuda a conseguir los objetivos profesionales y personales que te planteas, y cual no, estarás dando el primer paso en el camino del aprendizaje. Aprendizaje que cuando se orienta hacia la generación e implementación de nuevas ideas se convierte en sinónimo de innovación.

Al hacerlo comenzarás a cuestionar muchas de las cosas que dabas por hecho. Te harás nuevas preguntas. Tratarás de entender qué subyace a las etiquetas que la gente utiliza al hablar. Y sobre todo, te atreverás a plantearte objetivos en el terreno de lo desconocido. Una vez definido esos objetivos, fuera de la zona de confort, todo te resultará mucho más fácil.

Especialmente si ya has rebajado tu ego, aplazado tu juicio, y asumido que tienes un gran potencial por desplegar. Si lo haces tu cerebro empezará a disfrutar de lo lindo, y comenzará a mostrarte de qué es, eres, capaz.

Técnicamente no es un viaje especialmente largo, dado que ya estás en contacto con él. 😉

Lo que si suele ser es un viaje que genera bastante miedo. Miedo porque al cuestionar la certidumbre a la que estabas acostumbrado, necesitas de nuevas estructuras mentales que suplan esa seguridad que da moverse dentro de lo conocido, dentro de la zona de confort. Y esas estructuras mentales están a tu alcance. Se llaman “creencias en uno mismo”, “autoestima”, “confianza”, y sobre todo “conciencia de la necesidad de operar una parte del tiempo fuera de la zona de confort” si lo que pretendes es acabar descubriendo oportunidades, generando ideas para satisfacerlas, e implementándolas para regodeo de tus nuevas sinapsis.

No es un listado exhaustivo de lo que necesitas para desplegar tu potencial de innovación, pero espero que sí suficiente para que te haga pensar cómo estás utilizando esa maravillosa herramienta que la naturaleza nos ha dado, y que apalancada con cariño y un poco de sentido común puede darnos todas las alegrías que te plantees.

En fin, que espero te acuerdes más a menudo de esa parte de ti mism@. Es tu derecho y, en mi opinión, tu obligación.

¡¡Suerte en el re-conocimiento de tu azotea!!

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