¿Estás desarrollando tu potencial? O cómo hacemos para sabotearnos y no salir de la zona de confort

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Ando un tiempo muy emperrado en que la gente tome conciencia de su potencial.

A veces me pregunto el por qué de esta actitud mía, y suelo llegar a la conclusión de que no están las cosas como para ir tirando recursos valiosos, y luego encima quejarnos de lo mal que está todo.

Pasado mañana participo en una competición con colegas de un programa que he estado haciendo en Inglaterra, y cuyo objetivo es que te conviertas en una persona de influencia en tu sector. Esta sesión en la que participaré el martes es para que cada uno presente su discurso perfecto o “perfect pitch” en el que le explicas a los demás qué es lo que haces, por qué eres creíble, qué problema solucionas, qué soluciones ofreces, y así algunos cuantos pasos más.

En mi discurso, usaré un modelo de un cerebro, y haré ilusión a que todos tenemos uno, y a que la forma en que hasta ahora leemos la realidad y nos auto-lideramos está determinada por los cánones neurales que hemos desarrollado y que en él se almacenan.

Y explicaré también que la forma en que nos auto-lideramos cuando estamos con nuestros hijos, y la forma en la que lideramos las relaciones que tenemos con ellos, influyen sobremanera en los cánones neurales que ellos mismos están formándose a medida que crecen y les “educamos”. Y lo pongo entrecomillado porque me parece que no somos realmente conscientes de cómo lo hacemos.

No somos conscientes de que les educamos con el uso que hacemos del lenguaje, y de cómo con éste creamos realidades, y tampoco somos conscientes de cómo decimos unas cosas y nos llevamos a nosotros mismos la contraria haciendo otras.

Y estoy convencido de que no nos damos cuenta de que al no crear nuevos cánones neurales, es decir, al no salirnos con asiduidad de lo conocido (de nuestra famosa zona de confort), sólo estamos ofreciendo a nuestros hijos una versión limitada de nosotros mismos. Una versión que con mucha probabilidad es la que ellos van a tender a imitar, de forma inconsciente, cuando se hagan mayores.

Si nos diéramos cuenta, creo que cuando menos haríamos por mejorarnos. Por usar un par de tallas más de nuestro potencial.

A nuestro cerebro no le importa si sufrimos o no. No le importa si nos va bien o nos va mal. Pero puede ayudarnos a conseguir que disfrutemos más de la vida, y nos vaya mejor si decidimos aprender algo cada día que represente una alternativa de comportamiento, de pensamiento, y/o de emoción a la forma en que hasta ese momento tendíamos a leer la realidad y a reaccionar ante ella.

Si aprendemos a generar nuevas opciones cada día, si aprendemos a ampliar la forma de liderarnos, lo tenemos fácil para que nos demos cuenta de que existen grandes oportunidades que no estamos sabiendo aprovechar por no habernos atrevido a desplegar nuestro potencial.

Al hacerlo veremos entre otras cosas, que innovarnos es más fácil de lo que parecía. Y lo mismo aplica a innovar hacia nuestros clientes.

Cuando aprendemos a innovar, es porque nos permitimos ampliar nuestra visión de la realidad, y nos ponemos a pensar en los usuarios de nuestros servicios y productos de forma más empática, observando y entendiendo poco a poco, qué necesidades tendrán que hasta ahora no hemos contemplado, o qué tendencias les estarán afectando. Y metiendo en la coctelera, necesidades y tendencias, podremos luego identificar, cuales de esas necesidades les resultan importantes e insatisfactorias, y con ese conocimiento generar nuevas soluciones.

Y también podemos aprender a darle importancia a nuestros usuarios internos. A la gente que trabaja con nosotros y que tienen también sus 1500 gramos de materia gris que encierra su talento de colores, o talento creativo, que no estamos apalancando. Y es que si nos damos cuenta de que ellos tampoco están “innovándose”, porque probablemente no estemos liderándolos en esa dirección, podremos empezar a comprender cómo nuestra falta de auto-innovación, genera un modelo de no auto-innovación en los que nos rodean.

Y claro, así es muy difícil hacer que las cosas cambien.

En fin que si lo que quieres es que a ti, a tu empresa, y a tu familia os vaya mejor, empieza por plantearte qué vas a aprender al menos cada semana o cada quincena, para “innovarte”, e invitar a otros a imitarte. Si le coges el tranquillo podrás practicarlos incluso a diario.

Pero bueno, como ya sabrás, esto sólo lo vas a hacer si te lo crees. Así que si te lo crees, te animo a que lo practiques desde ya, y si no te lo crees y no te va bien, ya sabes dónde hay opciones para iniciar el cambio.

Si no te lo crees, no te innovas, y te va bien, reza para que tu entorno no lo haga y te deja fuera de juego.

Y si eres de los que ya se lo creen, y lo practican, ya sabes que esto funciona.

Sea cual sea tu caso, ¡¡anímate e “innovate”!!

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