Viajando en el tiempo y el uso del feedback negativo

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Por aquello de ser cada vez más respetuoso con el tiempo de los demás, esto es a modo de resumen, lo que viene a decir este post, por si no lo te quieres leer.

  • Viajamos
  • Observamos
  • Comparamos
  • Aprendemos
  • O no.
  • Y nos volvemos a casa.

El título del post surgió la semana pasada cuando hablaba con un cliente acerca de lo curioso que me ha resultado viajar por el extranjero a lo largo de los últimos 20 años, conociendo gente, nuevos países, nuevas formas de hacer, y luego volver a España y aplicar lo aprendido a nuestro contexto cultural.

En mi opinión ésta ha sido una de las formas más fáciles de innovar.

Evidentemente fácil si te gusta viajar, y vas con ganas de aprender.

Seguro que si haces una buena mezcla en tu selección de destinos, muchos de los sitios que visites irán por delante nuestra en su desarrollo técnico y tecnológico, y otros lo tal vez no lo hagan en lo racional, pero sí en su desarrollo emocional.

El truco para poder usar lo que te encuentres está realmente en mostrarte lo suficientemente abierto como para aceptar que cada uno de los sitios que visitas tienen algo que enseñarte.

En mi caso, no siempre he aplicado lo aprendido. Cuando no lo hacía era o porque no me daba cuenta, o porque lo visto no encajaba dentro de mi pasión.

Sin embargo, lo haya aplicado o no, me ha resultado interesante darme cuenta de “ver” los flujos de información y tecnología, y cómo siguiendo rutas más o menos estables, éstas llegaban a España.

Muchas de las cosas que me resultaban nuevas en 1991 y 1992 en Estados Unidos han llegado aquí hace pocos años.

Viajando por Francia hace 6 años en coche, pude comprobar como en sus centros comerciales, tenían tecnologías en que aún no habían llegado a España. Pero incluso visitando los centros comerciales de esa misma cadena en Cataluña, la modernidad se adelantaba a la que teníamos en Madrid.

Otras veces, cosas que he visto en Inglaterra hace 5 o 6 años acaban de llegar a nuestro mercado. Lo que he visto allí hace dos, aún no lo tenemos.

Hace 4 años en Finlandia vi muchos equipos, como máquinas de vending, o secadoras y lavadoras en lavanderías públicas, en las que podías pagar con el móvil, y hace un mes en una conferencia Bankinter anunciaba que este año lanzará productos con esta tecnología a España.

Y así, suma y sigue.

Y reflexionando en voz alta sobre esto con un cliente me dijo: “Joder, es como viajar en el tiempo.”

Y la verdad es que nunca lo había pensado así, pero efectivamente, es como viajar en el tiempo.

Cada país, en función de su cultura, de su apertura a las tecnologías, de su actitud hacia el cambio, tendrá diferentes velocidades de transformación. Y en España parece que nos cuesta un poco.

Sin embargo, la semana pasada volviendo de un viaje de trabajo por Alemania, me quedé alucinado de algo que nunca habría imaginado. Y aunque aún no lo tengo del todo contrastado, mi intuición me dice que en España estamos más avanzados de lo que imaginaba con respecto a otros países, de la Europa desarrollada, en lo que se refiere al cambio desde el punto de vista emocional. O al menos, una parte de la población. Concretamente, la población directiva de las empresas pioneras con las que trabajo.

Y alguno estará diciendo: “Bueno vale, ¿y?; ¿qué tiene todo esto que ver con el título del post, con el feedback negativo, y con el resumen del principio”.

Pues, para mí está muy claro.

Viajamos cada día por nuestra vida, por nuestro entorno, sea éste nuevo o no, observando sólo aquello que nos hace confirmar nuestras creencias.

Es decir, al “viajar” por nuestra cotidianeidad usamos sólo el feedback positivo que la realidad nos ofrece (esto es, el que no nos descoloca), y el que al cuadrar con nuestras creencias y pensamientos nos hace confirmar que tenemos razón en nuestros planteamientos. Y claro, así es complicado aprender.

Sin embargo, cuando observamos y aceptamos como aprendizaje el feedback negativo (aquel que sí nos descoloca), de repente tenemos una fuente gratuita de información que nos dice cómo mejorar, cómo innovar, de forma prácticamente inmediata.

Eso, sí, para hacerlo necesitamos sublimar nuestra altísima capacidad de queja, para convertirla en acción. Para hacerlo resulta interesante ponernos en modo UX. Esto es, en modo Experiencia de Usuario, y así, en lugar de sentirnos víctimas de lo que nos descoloca, usarlo como fuente de inspiración para pensar cómo mejorar aquello que nos sorprende aunque sea de modo negativo.

Desde que he decidido practicarlo de forma consciente, me estoy quedando alucinado de lo que puedo aprender con sólo atender mi realidad de forma más consciente, y menos quejumbrosa.

Creo que no es un aprendizaje automático, y que en mi caso lo he aprendido en mis años de viajes, y a base de usar lo que me sorprendía para mejorar.

Pero ahora me he dado cuenta de que no hace falta viajar lejos. Ni siquiera fuera de tu país.

Lo que más me ha alucinado, es que no es necesario viajar más allá de tu barrio, para seguir observando oportunidades de innovación.

Eso sí, hace falta una actitud de apertura, y una predisposición a sentirte vulnerable, ya que de lo contrario, te resultará muy complicado aceptar cuestionar tus creencias profundas. No creo que haga falta cuestionar las poderosas que te ayudan a conseguir lo que quieres; pero sí las limitantes, que te frenan en tu desarrollo en la vida.

Bueno por si a alguno se le ha olvidado, y aún a riesgo de ser redundante, te recuerdo la secuencia.

  • Viaja, por tu vida cotidiana.
  • Observa, atreviéndote a desafiar tus creencias limitantes,
  • Compara de forma abierta las evidencias recogidas del feedback negativo, con lo que solías creer o pensar.
    • Aprende cada día, lo que antes no sabías.
    • O no. (Esta me la salto)

Y vuélvete a casa, sabiendo cómo puedes seguir mejorando tu entorno.

¿Te apuntas, o prefieres seguir quejándote?.

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