Ipads, teclados, cabras y montes, y el “efecto margarita”: me quiere, no me quiere, me quiere,…

Cada día tengo más claro que nuestro día a día es una rica fuente de aprendizajes. Y con esto me refiero a aprendizajes útiles para nuestro presente y futuro. Para comprobarlo sólo hace falta que te lo creas.

En línea con mis últimos posts, y por si tienes poco tiempo para leer o el título no te atrae lo suficiente, te resumo el post:

La cabra tira al monte. Aunque a veces te resistas a hacer lo que te apasiona, tu pasión terminará por emerger, como lo hace la hierba que termina saliendo a través del asfalto abandonado, o del hormigón en la pista de juegos del barrio. Lo bueno es que te des cuenta lo antes posible. Preferiblemente, que te ocurra antes de que te jubiles y estés tan desanimado que no tengas fuerza, ni ganas, para entregarte a ella.

¿Y cómo he llegado a esta conclusión? Pues de nuevo, O-B-S-E-R-V-A-N-D-O. En este caso, observando-me.

Voy al grano. Bueno, …, más o menos.

Esta tarde me he puesto a buscar en Internet un nuevo teclado para mi Ipad.

Hace unos meses vi en Alemania a un cliente que tenía uno de Logitech, y siguiendo mi instinto freaky, me lo pedí en su tienda virtual y lo recibí a los pocos días.

Es uno de esos teclados que hace de tapa metálica, protege la pantalla y además permite sujetarlo como un atril.

La verdad es que desde que lo tengo me ha ido muy bien. La duración de la batería ha sido buena, y su funcionamiento también. Desde el punto de vista de sus prestaciones, ningún problema. Los pocos inconvenientes tienen que ver con lo incómodo de la forma de abrirlo, y el hecho de que te clavas los bordes al escribir, pero diría que cumple lo que se espera de él.

Sin embargo hace unos meses vi en un viaje en el AVE a un americano que llevaba una especia de agenda con teclado que integraba el Ipad, y claro puse de nuevo en marcha el famoso dicho popular “culo veo, culo quiero”.

En mi mente ya se había sembrado una semilla, y ésta se había expandido virtualmente. Vamos que empecé a jugar con la posibilidad de tener uno.

Casualmente hace unas semanas en una reunión en la EOI, vi a mi colega Néstor Guerra con otro teclado para Ipad integrado dentro de una agenda. Again!!

Y el deseo se acrecentó.

Finalmente esta tarde me puse a buscar distintos modelos de teclado (por cierto siguiendo la tendencias de los niños y no tan niños, de buscar en Google sólo a través de las imágenes).

Y de repente llegó el INSIGHT.

¡¡Jooooder!!.

Pero “¡¡estos romanos están locos!!”, que diría Obelix.

Ya no sé si quiero el teclado.

Resulta que para inventar el Ipad los de Apple le quitan el teclado al ordenador portátil; y luego van los usuarios (bueno, algunos grupos de usuarios) y volvemos a ponérselo.

¿Estamos locos? Probablemente no. ¡Pero resulta cuando menos curioso!.

El mercado, o en este caso Apple desarrolla un producto que elimina cosas, y luego los usuarios lo demandamos.

Y el caso es que tiene lógica. Para muchos usos habituales el teclado no es necesario.

Sin embargo para otros sí.

¿Preveía Apple este comportamiento? Y no lo digo desde el punto de vista comercial.

Pues no tengo ni idea. Pero me resulta muy interesante.

De hecho las mejores opciones que he encontrado para satisfacer mi necesidad de escribir más rápido en el Ipad no son de ellos.

Volviendo al insight, es como si ahora los de Bimbo, o algún empresario espabilado, vendiese corteza para pegárselo de nuevo al pan de molde sin corteza.

O sea, que aunque parece haber una tendencia clara según la cual las pantallas sin teclado pitarán mucho en el futuro, hay en paralelo algunos grupos de usuarios suficientemente grandes a los que ni nos mola teclear sólo en la pantalla, ni nos convence la posibilidad de usar como alternativa los programas de software de reconocimiento de voz tipo Dragon Naturally Speaking.

¿Y eso?

¿Es resistencia al cambio? ¿O es que las alternativas ofrecidas aún no satisfacen las necesidades relacionadas con el deseo de dejar constancia de “nuestros pensamientos más largos”?.

En mi opinión se debe más a esto último. A que hay gente a los que nos gusta pensar y escribir de forma simultánea. Para mí, pensar y hablar (de forma que lo dicho quede registrado de forma escrita) no ocurre de forma tan fluida como cuando pienso y escribo simultáneamente.

Alguna vez he escuchado que hay escritores a los que les gusta escribir a mano, o incluso con máquina de escribir.

Es como si los mercados se estuviesen especializando (y micro-fragmentando) de nuevo, y se esté creando más oferta, y para colectivos más pequeños que aceptan que la cabra tire al monte. Vamos que la forma antigua de satisfacer la necesidad se sostenga.

Otro ejemplo de esto sería el auge de lo tradicional, de lo rural. De hecho la emergencia de la tendencia “back to basics”.

Pero este no es el punto central del post. Esto era para calentar.

El insight con el teclado del Ipad me ha hecho replantearme primero la necesidad de comprarme el gadget.

Si ya tengo un portátil para escribir, me compro el teclado o me llevo el portátil conmigo.

¡¡Qué dilema!!

Bueno, lo resolveré.

En segundo lugar me ha servido para darme cuenta de que algo parecido me está pasando con mi experiencia vital.

Y empiezo ya a enfilar el final del post.

En mis primeros diecisiete años de vida profesional trabajé dentro de una estructura tradicional. Los dos primeros como ingeniero en un par de empresas, y luego ya los siguientes quince como directivo de una ingeniería. En ese tiempo aprendí las bondades e incomodidades de pertenecer a una organización “estable” y de contar con un equipo.

Curiosamente a pesar de las ventajas vividas y de los buenos momentos, una de las ideas que forjé allí fue que me apetecía crear mi propio proyecto de consultoría pero sin invertir en demasiados recursos, y así no arriesgar más de lo necesario.

Por eso cuando en 2006 creé mi propia empresa, decidí hacerlo con lo mínimo. En los últimos 6 años hemos funcionado con una estructura mínima de socios y sin empleados, colaborando con profesionales autónomos especializados en lo suyo, y con empresas de consultoría de nuestro tamaño. Eso sí, el mercado nos ha reconocido el valor y llevamos varios años ayudando a grandes empresas, y repitiendo año tras año con muchos de ellos.

Así hemos logrado que la mayoría de nuestros proyectos hayan fluido de forma satisfactoria. Cuando cuentas con profesionales que hacen lo que les apasiona, cada uno sabe lo que tiene que hacer, lo hace, y luego cada uno vuelve a sus otros proyectos.

De hecho recuerdo que esta idea de trabajar con profesionales independientes la leí en uno de los libros de Tom Peters a finales de los ’80, o principios de los ‘90.

Y mi idea era seguir así, pero el año pasado estuve en Londres en un programa de emprendedores con Darren Shirlaws, un empresario australiano que me ayudó a ver las cosas de forma diferente.

En ese momento llevaba ya dos años en los que había tenido épocas de gran desborde, lo cual me hacía pensar que iba siendo hora de crear un nuevo contenedor más grande para no “desbordarme”. Pero me resistía.

En mayo de 2011 hablando con él me dijo: “Para solucionar tu situación necesitas tener algo más de estructura”.

Y volvió el efecto “margarita”: “No quiero estructura, si quiero estructura, no quiero estructura, si quiero estructura, …

Desde entonces he estado dándole vueltas.

Y como digo en el título, la cabra va a volver de nuevo al monte.

Ya me he puesto en marcha.Estuve 15 años con equipo, 6 sin equipo, y ahora vuelvo a construir equipo.

Siguiendo el esquema del autor de “Padre rico, padre pobre”, Robert Kiyosaki, estoy creando un nuevo ciclo en mi vida profesional. En mis 15 años en la ingeniería ejercí de directivo, he estado 6 años de consultor (o como él dice de especialista), y ahora voy a añadir a esta última y magnífica profesión, las facetas de empresario, y de inversor.

Pensando en la estructura tengo claro que ha de ser un equipo de colaboradores y partners, que conformen una red de profesionales autónomos que con el tiempo quieran luego invertir en la empresa.

Y de nuevo otro INSIGHT.

LA VIDA SON CICLOS.

Todos vivimos ciclos.

O como dijo hace unos días mi clienta y amiga Mamen Perera, recordando a DaVinci, “No estamos en una época de cambios, estamos ante un cambio de época”.

Estamos asistiendo a un cambio de paradigma de lo más interesante en el que el cambio es de:

  • “enfoque basado en producto” a “enfoque basado en experiencia de usuario”
  • “pensamiento racional” a “pensamiento racional más emocional”
  • “los proveedores saben más que sus clientes” a “los proveedores aprenden de sus clientes”
  • “lo importante son los resultados” a “lo importante es la sostenibilidad (del planeta)”
  • “optimización” a “innovación”
  • “dominio del hombre” a “emergencia de la mujer”
  • “empleado” a “profesional autónomo apasionado”

O parafraseando esta última afirmación, parece que “volvemos” a un mundo de artesanos.

Está claro que no volvemos al mundo de DaVinci tal cual, aunque si a un mundo de artesanos 2.0 y 3.0, que luego pueden unirse y formar un gremio, o incluso decidir servir a una única empresa, pero eso sí como autónomos.

Y cuando digo “artesanos”, me refiero a los especialistas que hacen lo que les pide el cuerpo. O como diría Ken Robinson, abrazan su elemento. Su pasión. Su “monte”. Porque “nuestra cabra interior” ya sabía lo que quería cuando vinimos a este planeta “a pastar”. Sin embargo el sistema educativo se empeña en educarnos para ser todos iguales.

Pues no. Ya nos hemos dado cuenta de que somos únicos y diferentes. Y cada uno tenemos nuestro “monte interior”, al que queremos volver en cuanto nos dejan, o en cuanto nos atrevemos.

Es algo además que las grandes corporaciones descubrieron hace tiempo al menos en lo que a subcontratar se refiere. Cada vez más, estas empresas llaman a consultoras pequeñas en las que sus profesionales senior son los que hacen los proyectos, porque hacen lo que les apasiona. No te mandan al junior que aún no ha descubierto “cual es su monte”.

Y cada vez hay más gente que busca sacar su “cabra a pastar al monte interior”. La emprendiduría empieza por fin a estar de moda, y llegan buenos tiempos para los que se atrevan a entregarse a su esencia, y una vez superado el miedo al que dirán, y el miedo al ridículo, sublimen el “ensayo y error” en “ensayo y aprendizaje”.

En fin, que gracias al teclado del Ipad me he dado cuenta de que volviendo a mis raíces lo que he estado haciendo estos seis últimos años ha sido prepararme para sacar mi esencia a lo grande, y que lo voy a hacer volviendo a tener una estructura (aunque en este caso flexible) como la que tuve y con la cual triunfé en mi etapa de directivo.

Mi reflexión final: mira para adentro, suelta “tu cabra interior”, y déjala “que tire p’al monte”.

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