¿Por Qué Te Cuesta Ser Más Feliz? O Cómo La Falta De Propósito Dificulta Tu Salida De La Zona De Confort.

Ya está. Punto y final. Primero de muchos.

Tampoco ha sido tan difícil.

Había resultado de hecho mucho más fácil de lo que imaginaba.

Y estaba realmente satisfecho.

Tanto darle vueltas para luego descubrir que podía haberlo hecho antes si hubiese confiado más en mi.

Me encontraba a 10.000 km de mi casa, en la preciosa habitación de un magnífico hotel de cinco estrellas en Johannesburgo. La comida era muy buena, y el contexto era genial. Había ido allí para estar dos semanas y facilitar un programa de liderazgo y gestión de equipos, contratado por una empresa de consultoría que necesitaba alguien con mi perfil.

La experiencia con el cliente me estaba gustando, pero las tardes y noches en el hotel se hacían largas.

Pero esa tarde era diferente. Acababa por fin de crear mi primer blog y de escribir mi primer post. Y me sentía bien. Muy bien.

Me alegraba de haber escuchado mi intuición y haber creado el blog y escrito ese primer post. Hacerlo tuvo un significado importante para mi.

Estaba haciendo algo nuevo. Algo nuevo y diferente. Algo nuevo y valioso para mi. Estaba haciendo algo innovador donde el cliente era yo mismo.

En otras palabras había vuelto a salir de mi zona de confort, persiguiendo uno de los roles que quería cumplir en mi visión a 5 años: convertirme en autor.

Todavía le faltaban unos años a “Hacia un nuevo paradigma”, y a “¿Te atreves a soñar?”  para ver la luz. Pero aquella tarde había empezado a poner en marcha algo nuevo con lo que me sentía muy bien. Y de paso me sirvió para corroborar lo divertido que me suele resultar salir de la zona de confort.

OK Matti, muy bien, pero ¿qué tiene que ver esto con el tema de hoy?

Déjame que te cuente. Cuando hoy me he puesto a reflexionar sobre qué hace que haya gente a la que parece no costarle casi nada salir de la zona de confort, y otra a la que parece que le cuesta mucho, me he acordado de mi experiencia en Sudáfrica.

Había estado bastante tiempo posponiendo crear mi blog, y ponerme a postear. Pero aquel día conseguí hacerlo. Contar con tiempo para pararme a pensar y reflexionar me dio la clave.

Cuando en el día a día vas a toda velocidad, sea en tu vida personal o profesional, terminas por no darte cuenta de si lo que haces te aporta algún valor real más allá de lo obvio a corto plazo. Si estás a tope de trabajo, y vas a toda velocidad, es fácil que no te pares a pensar si lo que estás haciendo te hace feliz, o si simplemente paga tus facturas. Ni si eso que estás haciendo ahora te va a llevar a ser en un futuro cercano la persona que quieres llegar a ser. Y el problema es que no te paras a pensar si lo que haces ahora es significativo para ti. Lo suele ser para los demás: tu pareja, tu jefe, tu cliente, tu familia, tus amigos, …, pero, ¿y para ti?

Para mi hacer el blog y el primer post fue algo sencillo, pero muy representativo. Y cuando digo representativo, me refiero a que para mi era importante. Tenía que ver con cumplir una parte de mi visión. Y eso me ayudó a salir de la zona de confort, aunque el reto no fuese grande.

Pero fue eso y algo más.

Aunque probablemente en aquella época no lo tenía tan claro, esas acciones no sólo me llevaban a cumplir una parte de mi visión. Había algo más importante aún. Tenían que ver con mi propósito: ayudar a las personas – y por extensión a las organizaciones a las que pertenecen – a sacar la mejor versión de si mismos.

O en términos de 2014, “ayudar a las personas – y las organizaciones a las que pertenecen – a cumplir su propósito en la vida”.

Pero en aquella época mi propósito no estaba tan claro.

Ser feliz y propósito - Matti Hemmi

Lo que he descubierto en el camino es que a medida que vas cumpliendo visiones personales sucesivas, vas identificando cada vez de forma más clara cuál es tu propósito en la vida. Y eso en su conjunto facilita el que considero el propósito universal: el de ser más felices.

Al hacer acciones relacionadas con tu propósito en la vida, y la visión que hayas definido, tu felicidad emergerá de forma espontánea.

Porque de eso se trata, ¿no?.

Aunque en el mundo de la empresa nos han insistido mucho últimamente  – y yo entre ellos – que lo haces tiene que ser valioso para tus clientes, tus colegas, etc, lo cierto es que si no es representativo para ti, para tu propósito, y si no te acerca a cumplir una parte de tu visión, es muy difícil que pongas en cualquier acción o proyecto, el compromiso, la energía, la pasión, y el cariño que requiere. Y menos aún que seas feliz.

Si lo que haces no te ayuda a cumplir tu visión personal actual, y no tiene que ver con tu propósito en la vida, es difícil que sea representativo para ti. Y es muy probable que hagas lo justo para cumplir el expediente. Al menos si lo comparas con cómo harías las cosas si al estar ejecutándolas supieras que cada decisión, cada acción, cada resultado te acerca a tu visión personal mientras sientes además cómo se cumple tu propósito en la vida.

Y entonces ya no lo haces sólo porque te pagan. Y da igual si eres el CEO de la empresa o si eres alguien que acaba de entrar en un puesto de administrativo. Vamos, que estarías incluso dispuest@ a pagar por ello.

Por eso hoy en día defiendo la idea de que es fundamental que sepas cuál es tu propósito en la vida. Y que además definas la primera visión personal que evidenciara que estás viviendo de acuerdo a ese propósito.

Así luego podrás comprobar – en tus diferentes roles en la vida, como miembro de tu familia, empresa, asociación, vecindario, etc – si al ayudar a cumplir la visión común estás también ayudando a ti mism@ a cumplir tu visión personal y tu propósito.

De esa manera podrás tomar la decisión consciente de dar lo mejor de tus capacidades y de tu experiencia para ese proyecto. Porque al hacerlo de forma consciente sabrás además que te estás ayudando tanto a ti mism@ como al colectivo al que en ese momento dedicas tu energía y tu tiempo.

La otra opción es que descubras que tu visión personal y propósito vital no tienen nada que ver con la del colectivo en cuestión (familia, empresa, asociación, …).

Será en ese momento cuando empieces a entender porque no sacas lo mejor de tus capacidades y porque tu motivación interna no sale de forma natural.

Lo que te sugiero en este caso es que te pares a pensar en qué momento vas a tomar nuevas decisiones para que esa falta de sintonía no te siga desgastando emocionalmente, y te sigas saboteando en el proceso de ser feliz.

Tienes la obligación moral, de descubrir cuál es tu propósito en la vida. Y también la de definir una visión personal tras otra, a medida que las vas cumpliendo. De esa manera afinarás cada vez más la definición de tu propósito.

Y si te preguntas porqué, la respuesta es muy sencilla.

Porque actuando con un propósito harás cosas que tienen sentido para ti, y serás más feliz. Y más aún cuando vayas observando como eso que haces te ayuda a cumplir tu visión.

Cuando sabes tu propósito, y tienes visión, salir de tu zona de confort es algo natural. No tienes que pensar en ello. Entiendes porqué lo haces, y para qué lo haces.

Sales porque estás actuando de acuerdo a tu propósito para cumplir tu siguiente visión personal.

Si además quieres que tu vida, la de tu familia, y la de la empresa que diriges o en la que trabajas, sea un entorno que favorezca la felicidad, más te vale que dediques tiempo a descubrir cuál es ese propósito, y definas una primera visión.

Para ello el primer paso es comenzar por mejorar tu Auto-Liderazgo. Tienes el 100% de control sobre él, y por eso es el punto de partida. Eso te ayudará a ser el/la protagonista de tu vida. Al hacerlo podrás empezar a decidir si tu actitud, tu forma de observar la realidad y de juzgarla, tu forma de tomar decisiones y de plantearte objetivos, y tu forma de actuar y de gestionar el feedback te están llevando a identificar tu propósito y a generar nuevas visiones personales que te satisfacen.

Si no lo haces es tu decisión. Tal vez por omisión. Pero tu decisión al final y al cabo. Asume responsabilidad por ello y afronta tus dificultades.

Quiero acercarme al final del post con una anécdota de la historia de Sudáfrica. Recuerdo a un ingeniero inglés que conocí, cercano a los cuarenta y al que llamaré Charles, que pocos años antes había conseguido hacerse millonario vendiendo una serie de restaurantes de su propiedad. Me llevó un sábado con su novia a conocer el templo budista más grande África, cerca de Johannesburgo y pasamos un día agradable. Allí me contó que tras pasar un año sabático sin hacer nada después de vender sus restaurante, decidió que quería volver a trabajar. Lo necesitaba. Pero no para ganar dinero. Sino para tener algo que le diese sentido a su vida. O como bien habrás pensado, algo que respondiera a su propósito sin el cual la felicidad es mucho más efímera.

Te dejo con una pregunta final: ¿Tienes algo que no paras de posponer y que te haría ilusión conseguir?

Es muy posible que tu intuición te esté dando pistas acerca de tu propósito y ese algo sea parte de tu visión, consciente o inconsciente.

Te animo a que te atrevas a ponerlo en marcha. Si ves que te cuesta, mira a ver qué necesitas cambiar en tu forma de auto-liderarte para hacer que sea posible. Al hacerlo estarás empezando a poner el foco fuera de tu zona de confort. Y una vez que lo has puesto ahí fuera, es más fácil mirar de forma específica a qué es lo que hace que te cueste. Probablemente se trate de alguna creencia limitante que puedas trabajar.

Recuerda que cada día que avanzas sin propósito y sin visión personal es muy posible que estés dejando de ser tan feliz como te gustaría.

¡Por tu propósito!

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