“¡Bienvenido Al Museo De La Procrastinación!”

¿Al museo de qué?

Al Museo de la Procrastinación.

Si no te suena este palabro, seguro que te suenan sus sinónimos: postergar, posponer o aplazar, y generalmente sine die.

Cada día se lee y se escucha en más foros esta palabra que viene del latín procrastinare, y que antes de investigar sobre su origen estaba convencido de que venía del inglés que es el idioma en el que primero la escuché: procrastination.

Pero no, como te decía viene del latín y si buscas en Wikipedia o similares te llegan a contar que lo catalogan hasta de trastorno.

A mi entender no es para tanto. Yo lo veo como la consecuencia de querer algo, pero no lo suficiente como para tener la motivación que te lleve a salir de tu zona de confort.

Procrastinar - Matti Hemmi - 2

Como dicen en marketing, cuando procrastinas es porque el dolor (o pain) no es suficiente para que te quieras alejar de él, y quieras acercarte al placer de conseguirlo.

O en términos de biología, no segregas suficiente cortisol por no cumplir esa expectativa y por tanto no sientes la necesidad de movilizar tus recursos y actuar.

Porque como dice Loretta Breuning en su libro “Beyond Cynical: Trascend Your Mammalian Negativity” (que podría traducirse por “Más allá del cinismo: Trasciende Tu Negatividad Mamífera”) cuando algo que esperas no se cumple, generas un subidón de cortisol que te hace sentirte tan mal que el cuerpo te pide eliminar esa sensación.

Cuando finalmente te pones en marcha y logras lo que te proponías, no sólo satisfaces la expectativa, sino que tienes un chute de dopamina que compensa el malestar del cortisol.

Y es por eso que mientras no asocies suficiente desasosiego al hecho de no estar consiguiendo aquello que te gustaría, lo normal es que sigas procrastinando.

Podría contarte muchas razones por las que es importante dejar de procrastinar, pero me voy a limitar a listar algunas hipótesis. Por ejemplo, que dejes de aprender un idioma que te abriría nuevas puertas profesionales, pero te da demasiada “pereza” (en realidad vergüenza). Que pierdas la oportunidad de decirle a esa persona que te gusta y termine yéndose con otra que ha decidido no procrastinar. Que no aprendas las habilidades digitales para funcionar en el mundo que ya ha llegado, y te quedes sin trabajo. O que no dejes un legado en forma de libro explicando al mundo qué cosas sabes, y nadie te recuerde cuando te hayas ido.

También hay profesionales que procrastinan a la hora de liderar, y deciden en cambio jefear. Por liderar me refiero en este contexto a ayudar a su empresa a ser la mejor versión de si misma y aprovechar las oportunidades que el futuro le brinda. Y por jefear a elegir seguir en su zona de confort, pedir que se siga haciendo más de lo mismo, pero más rápido y echando más horas. Al procrastinar sobre la responsabilidad de liderar, evitan adecuar su estilo de liderazgo, y a la empresa como conjunto, al nuevo entorno en el que las tendencias no paran de cambiar los comportamientos de sus usuarios.

Pero como espero que este post te ayude a crecer y sacar tu mejor versión, quería rescatar aquí el título del post: “Bienvenido al Museo de la Procrastinación”. A tu museo.

La idea se la he copiado al banco HSBC, que estos días está enseñando en Inglaterra un anuncio en el que se invita a una serie de personas a visitar las dependencias de un museo ficticio en el que se amontonan matrículas de gimnasio sin utilizar, novelas sin acabar, instrumentos sin apenas uso e ideas que nunca vieron la luz.

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Puedes ver el video aquí.

Pero volviendo a ti, lo que te propongo es que primero identifiques qué “piezas” has almacenado en tu museo particular de la procrastinación y a continuación las vayas sacando de allí; cada una en su momento, en la fecha que decidas, pero no más tarde.

Te sugiero que empieces por el museo de lo personal y cuando consigas confianza sigas con el de lo profesional.

Y para que te resulte más fácil te propongo un plan.

Paso nº 1

Escribe en una hoja o en el ordenador las ideas, objetivos, tareas, sueños que has dejado aparcadas por el motivo que sea, y para los que has encontrado las razones (excusas) para no seguir con su desarrollo.

¡¡Vamos, busca la hoja y no procrastines aquí también!!

Paso nº 2

Elige el proyecto con el que quieras seguir. La que tu intuición te sugiera. Cuanto más te fíes de ella, mejor.

Paso nº 3

Identifica ahora cuáles son las consecuencias que ha tenido el no haber seguido adelante. ¿Qué te has perdido?. ¿Qué habría ocurrido de bueno en tu vida de haberlo llevado a término en su día?. ¿Cómo habría cambiado tu vida?. Atrévete a ser ambicios@ en imaginarte las consecuencias positivas. Imagínate que hubieses procrastinado actuar en una obra de teatro. ¡Igual ahora estarías camino de Broadway!. O al menos en una compañía local en la que disfrutarías de seguir tu pasión.

Paso nº 4

Visualiza ahora las consecuencias que va a tener en tu vida, si sigues sin hacer nada al respecto de ese proyecto. Cada día que pasa, es un día que no recuperas. Cada día que no lo reanudas, es un día en el que no mejoras las habilidades que hace falta para conseguir tu objetivo.

Paso nº 5

Agudiza el dolor. Si aún no sientes suficiente “agonía” por no estar poniéndote en marcha, imagínate que estás al final de tu vida rodeado de tus seres queridos y les cuentas con voz quejumbrosa, cómo te arrepientes de no haber logrado acabar ese proyecto.

Ya sé que es un poco dramático, pero de alguna manera necesitas segregar más cortisoles ¡¡o tu museo va a coger más fama que el Museo del Prado!!.

Paso nº 6

Primer micro-paso. Asumiendo que ya tienes la motivación, y que ya sabes que lo vas a conseguir, decide cuál es el primer micro-paso que vas a llevar a cabo. Ni uno más ni uno menos. Sólo el primer micro-paso.

Por ejemplo, buscar el bañador, para empezar a ir a nadar mañana mismo a la piscina. O bajarte la app para el control de calorías y llegar a ese peso ideal. O elegir el título del guión de la película que vas a escribir.

Paso nº 7

Decide ahora cuanto es el mínimo de tiempo que vas a poder dedicarle cada día al proyecto, independientemente de lo que ocurra. Aunque sólo sean 5 minutos. ¡No me digas que no puedes dedicarle 5 minutos al día!. Aunque parezca poco, todo suma. El truco es convertirlo en un hábito.

Está claro que en algunos casos 5 minutos no será muy práctico. Por ejemplo ir a nadar 5 minutos parece ridículo, porque en ese tiempo no has llegado ni a la piscina. Pero podrías por ejemplo hacer 5 minutos de ejercicios en casa que te vendrán bien para la piscina cuando consigas el tiempo para ir. Como dice nuestro ilustrador y amigo Santy Gutiérrez, “el que no encuentra motivos, encuentra excusas”.

Paso nº 8

Empieza hoy mismo a hacerlo. Aunque sólo sean 5 minutos. A medida que avances es posible que puedas rascar algunos minutos más. Quizás en el fin de semana. En cuanto se convierta en un hábito serás imparable.

Y cuando hayas alcanzado el éxito en ese primer proyecto, celebra, y celebra, y celebra. La dopamina te saldrá “por las orejas” (pero no de forma literal), y te sentirás genial. Ya estás listo para seguir desalojando el museo.

Para que te animes, te cuento un ejemplo real mío.

En mi caso particular llevaba tiempo postergando revisar el primer libro que escribí en 2010 y que no llegué a publicar por diversos motivos “marketinianos”. Bonita excusa. Luego publiqué dos, pero ese seguía parado.

El caso es que hace poco le di el consejo a una colega que quería escribir su libro, de escribir cada día, aunque sólo fueran 5 minutos. Y entonces me acordé de mi libro pendiente y de otro que tengo sin editar y de otro que tengo “en mantillas”.

El caso es que como además he decidido que quería convertirme en un autor prolífico, he empezado ya a escribir todos los días al menos 15 minutos. Y si un día me lo salto, recupero al siguiente.

Igual piensas que no es mucho, y estoy seguro de que algunos días escribiré más. Pero si haces los números, y sin contar que algunos días le dedicaré más tiempo, en cuatro días ya es una hora. Y en un mes son siete horas y media.

Como en mi caso sólo estoy editando, en unos meses lo tendré listo. Promise!!

Pero es que incluso para el próximo libro que escriba me sigue valiendo el sistema. Sabiendo que una persona “lenta” puede escribir en torno a 20 palabras por minuto, en ese cuarto de hora podré escribir cada día al menos 300 palabras. Y en un mes unas 9.000 palabras, y eso sin aumentar la dedicación. Siguiendo a ese ritmo puedo tener un libro de unas 27.000 palabras escrito en 3 meses. ¿No está mal, no?

De hecho este post tiene más de 1.500 palabras. Y lo he escrito en menos de una hora y media. En 18 días a hora y media por día tendría también 27.000 palabras.

Bueno, nada más por ahora, que te lío con los números.

Espero que te animes y no sigas buscando excusas.

Si además quieres aprovechar más oportunidades en tu vida, igual te interesa echarle un ojo al video del webinar “Deja De Perder Oportunidades Por Falta De Creatividad” que creamos Vanessa Carrera y yo hace unos meses y en el que por suerte no procrastinamos.

Espero saber cómo te ha ido.

Por tus logros,

Matti