“Ensayo y error”, “¿ensayo y resultado?”, …, “¿ensayo y …?”

A menudo escucho la idea de que para hacer algo nuevo debemos tirar de la fórmula de “ensayo y error”. Y aunque no he hecho un estudio científico al respecto, me da la sensación de que cuando hacemos esta afirmación, nos resulta tan familiar que no solemos reparar en la carga simbólica que lleva consigo. Nos es tan habitual que es transparente para nosotros.

Sin embargo, últimamente he estado pensando en las connotaciones negativas que esta “fórmula” tiene. Y me refiero de forma más concreta a la carga negativa de la palabra “error”. Sobre todo porque ahora que los recursos son aún más limitados, y todo el mundo busca la excelencia, parece que no haya lugar para cometer errores.

Y creo que por eso para muchas personas, diría que la mayoría, cometer un error es un sinónimo de desastre.

Si cometemos un error, es probable que nos sintamos mal, quizás incluso incapaces, y confundamos nuestro error con nuestra identidad. “He fallado, ergo soy un inútil”.

No solemos ser conscientes de que un error es uno de los resultados probables que podemos obtener al hacer algo nuevo. Y por lo tanto, debería ser algo esperable. Pero claro, el error tiene mal cartel.

Es por esto por lo que me gusta más decir que al hacer algo nuevo debemos aplicar la fórmula de “ensayo y resultado”.

Si el resultado obtenido es el que queríamos, genial. Prueba superada.

Si no es así, lo coherente es tomar nota del gap, de la brecha, entre lo que esperábamos, y lo que hemos obtenido, analizar las acciones que hemos hecho, y que han dado lugar a ese resultado, y variar aquello que el sentido común, o un análisis más detallado, nos indique como más razonable para acercar el próximo ensayo al objetivo deseado.

Esta es de hecho la forma que desde pequeños utilizamos para aprender a dominar algo, y en la que deberíamos seguir confiando de adultos para aprender cualquier nueva habilidad, o disciplina.

Sin embargo, cometer errores cuando somos pequeños suele estar permitido, mientras que de adultos, ni nos los permiten, ni nos los permitimos.

Por eso de adultos nos cuesta más aprender, porque no queremos, o no nos permitimos, obtener resultados intermedios.

O acertamos a la primera, o preferimos no asumir la posibilidad de errar.

Desde mi punto de vista, esto está relacionado con nuestro ego, y sus secuaces: los miedos al fallo, al ridículo, y al que dirán. Y dado que no queremos que nuestro ego sufra, evitamos cometer errores. Y que mejor forma de conseguir esto, que no intentando hacer nada nuevo.

Y por si acaso, me protejo argumentado que todo lo que no sea perfecto es un error. ¿Qué mariconada es esa de llamarlo resultado?

En general esto estaría muy bien si no fuera porque no todo el mundo sufre de estos males del ego; hay algún@s que se atreven a hacer cosas nuevas, a ensayar y a aprender de esos resultados intermedios, que muchos llaman errores.  Y de este modo, inventan nuevas formas de hacer, e incluso de estar y de ser.

Esto obliga a los demás a probar nuevas cosas para no quedarse atrás.

Y ya tenemos el lío montado.” ¿Me subo al carro, o me espero?”; “¿y si espero será demasiado tarde?”; “mira que si me equivoco”. Y así la vida, por suerte, va cambiando por los cambios que introducen algunos “iluminaos“.

Cómo ya habrás adivinado, en estas últimas frases me estaba refiriendo a l@s innovadores, a esas personas que leen la realidad de una forma diferente, y que la etiquetan también de un modo diferente.  Son las personas que “nos complican” la vida, creando nuevas formas de relacionarse con el mundo.

De hecho si lo piensas, no deberíamos siquiera hablar de “ensayo y resultado”, sino de “ensayo y evolución”.

¿Acaso no ha llegado nuestra civilización hasta donde se encuentra actualmente a base de hacer ensayos y aprendizajes?.

Si no fuera por aquellos que se atrevieron a obtener nuevos resultados, desafiando a sus egos, y a sus miedos aprendidos, todavía seguiríamos en las cuevas comiendo carne cruda, cortada con los dientes, porque ni habríamos inventado el hacha, ni habríamos aprendido a controlar el fuego, por empezar por lo más básico.

Porque amigo lector, si todavía piensas que es mejor hablar de “ensayo y error”, estarás implícitamente diciendo que el ser humano es sólo eso, un error de la naturaleza.

Y aunque desde la ironía me apetece estar de acuerdo, en el fondo me resulta admirable lo que el ser humano ha logrado alcanzar a base de ensayo y … ¿cómo prefieres llamarlo?.

En fin, etiqueta lo que ocurra con tus ensayos como quieras, pero por tu propia sostenibilidad personal y profesional, diversión y posibilidades de aprendizaje, no dejes de ensayar nuevas cosas, si no quieres quedarte atrás.

¡¡Buena suerte con tus ensayos!!

ACTITUDES Y HABILIDADES QUE PRACTICAN LOS INNOVADORES

¿Puede cualquier persona ser creativa? ¿e innovadora? ¿es algo que viene integrado en nuestro ADN? ¿o se puede aprender, adquirir, la actitud, capacidad, habilidad que te ayude a comportarte como tal?

Para muchas personas la innovación, mezclada con la creatividad, es algo innato. O se nace creativo / innovador, o no hay nada que hacer.

Desde mi punto de vista, la famosa frase de Picasso, “que las musas me pillen trabajando” ha favorecido el que mucha gente piense que la creatividad te debe llegar, frente a la idea de que se puede generar a voluntad.

De ahí que mucha gente mantenga, de forma más o menos inconsciente, condiciones poco propicias para el desarrollo de la creatividad y la innovación.

En estas reflexiones quiero presentar la idea de que las personas pueden desarrollar la creatividad y la innovación, siempre que estén dispuestas a practicar algunos comportamientos.

Pero antes de continuar, voy a presentar mis definiciones de creatividad e innovación para que el manejo que hago de ambas no lleve a confusión.

Me gusta definir la creatividad como “la capacidad de generar ideas nuevas que aporten valor”.

Y normalmente añado que esto puede aplicarse a cualquier área de la vida o de la empresa, y que tanto la novedad como el valor no tienen porque ser necesariamente  absolutas. Vamos que no hace falta conceptualizar el post-it, para decir que la idea es creativa.

Puede que una idea sea percibida como nueva y les aporte valor a una pequeña comunidad, y no lo haga para otras. Para los que lo hace, la idea será creativa.

Por ejemplo, en una empresa el hecho de usar una televisión como pantalla para anunciar a los visitantes los productos que ofrece, puede no ser creativa porque es algo que hacen desde hace mucho;  sin embargo, para un hotel el hecho de que los invitados puedan, según llegan a la recepción, seleccionar sus habitaciones mirando como son por dentro en una pantalla de televisión colocada en el mostrador, puede ser percibido como muy creativo.

Insisto por ello en que la novedad y el valor son subjetivos, y tienen mucho que ver con el contexto al que se circunscriben.  A veces el simple hecho de sacar una idea de su contexto, y colocarla en otro, produce novedad y genera valor, mientras que en el contexto del que provenía, se consideraba ya como algo normal, e incluso manido.

En cuanto a la definición de innovación, utilizo una definición semejante, aunque con un par de matices fundamentales.

Me gusta usar  la definición que dice que la innovación es la “implementación de ideas nuevas que aportan valor cuantificable”.

Respecto a la definición de creatividad, la diferencia más importante es que aquí ya no hablamos de la capacidad de generar ideas, sino de la implementación de esas ideas. Y además, decimos que debe el valor debe ser cuantificable

Suelo dejar el adjetivo cuantificable fuera de la definición de creatividad, porque en muchas ocasiones una idea nueva puede tener un valor percibido, y definirse como creativa en la empresa que se genera; sin embargo puede ocurrir que cuando finalmente se materializa la idea, el mercado no termina de reconocerle el valor, por lo que la idea no se llega a difundir, y el producto no llega a “cuajar” como le ocurrió por ejemplo al N-Gage de Nokia.

Pero volvamos a las actitudes, habilidades y cualidades que hacen que una persona pueda, desde mi experiencia, desarrollar su creatividad e innovación.

En mi opinión no es necesario que una persona cumpla todos los aspectos que a continuación describo para hacer más creativa y/o más innovadora, pero estoy seguro de que los que ya apuntan maneras en esta dirección, compartirán conmigo la idea de que de una u otra manera todas están presentes en aquellos momentos en los que nos mostramos creativos o innovadores.

Aquí va la lista:

  • Cree en sí mismos. Las personas que se atreven a generar nuevas ideas, y las que las implementan, tienen un alto concepto de sí mismos, creen en sus ideas, y tienen una alta autoestima. En definitiva, no necesitan la aprobación de los demás, y por ello se atreven a plantear sus nuevas ideas aunque desafíen la lógica de todos sus colegas.
  • Son sus mejores amigos. Las personas tendemos a juzgarnos de forma especialmente dura cuando las cosas no nos salen como queremos, o cuando los demás no nos muestran su aprobación. Las personas que crean e innovan, se tratan a si mismos como a su mejor amigo. No se insultan (“seré inútil”) cuando algo les sale de forma contraria a lo que esperaban. Saben leer el feedback negativo como información valiosa de la que pueden aprender, y al hacerlo protegen su corazoncito.
  • Difieren el juicio. Si bien este concepto está implícito en muchos de los otros aspectos que muestro en esta reflexión, los practicantes de la creatividad y la innovación, saben aplazar el juicio cuando se les ocurre una idea que suena a locura, por poco habitual, o incluso cuando alguien les plantea algo que por conocimientos o experiencia no les parece factible. O dicho de otro modo, saben contar hasta diez, pero no sólo en relación a los verbal, sino también a lo mental. Es decir, que ni siquiera piensan, “menuda chorrada de idea se me/te ha ocurrido”.
  • Controlan el miedo al ridículo. Uno de los mayores enemigos de la creatividad es el miedo al ridículo, al fracaso, al que dirán. Las personas que saben generar ideas, o implementarlas o ambas cosas, saben que el miedo al ridículo es poco útil a la hora de generar ideas radicales, o incluso simplemente diferentes. No sienten miedo porque saben que contando ideas nuevas que a priori pueden llegar a parecer absurdas, pueden surgir ideas geniales. Este fue el caso de Spencer Silver en 3M (http://solutions.3m.com.mx/wps/portal/3M/es_MX/Post-itBrand/Post-it/Resources/Four/), cuando decidió no deshacerse de un pegamento que no había funcionado como esperaba, y pegaba mal; no le dio vergüenza airear su “fracaso”, y lo compartió con la esperanza de que fuera útil para alguien. Cuando finalmente conoció a Art Fry, que buscaba un pegamento poco adhesivo para los papelitos que le servían de marca-páginas, los post-it’s estaban a punto de nacer como nuevo producto.
  • Creen en los QUÉ ambiciosos para después buscar los CÓMO.  Para la mayoría de las personas, cuando se le plantea un objetivo, un qué, que le pilla más allá de su zona de confort (http://www.mattihemmi.com/2009/05/25/%c2%bfjuzgas-tus-juicios/), la respuesta más habitual es no seguir avanzando en pos de su consecución; no creen que puedan conseguirlo, y por tanto no buscan el cómo. Sin embargo, los desafiadores de la lógica, los creativos y los innovadores de este mundo, se pasan el dia, creyéndose los “qués” ambiciosos, y buscando luego los “cómos”. A veces de forma consciente a base de practicar técnicas de creatividad, y otras, dejando que su inconsciente sea el que se ocupe de encontrar posibles a soluciones.
  • Se esfuerzan por conocer sus creencias limitantes. Muchas de las mejores innovaciones han surgido cuando alguien ha desafiado, e incluso reventado, el paradigma existente en un determinado campo. Las creencias son las gafas a través de las cuales miramos el mundo. No percibimos la realidad como es, sino como nuestras creencias poderosas, o limitantes, nos permiten. A la hora de generar nuevas ideas revolucionarias, es necesario salirse del freno que suponen las creencias limitantes. “¿Montamos una fábrica de ordenadores sin almacén?; “¿Y qué más?”; “¡Si hombre, y además podemos prescindir de los distribuidores!”. “¡Venga, déjate de chorradas! Las fábricas necesitan almacenes, y los fabricantes necesitan distribuidores para vender sus productos”.  Esta conversación bien podría haberse producido en más de una oficina central de algún fabricante de ordenadores, y en la que mientras las creencias limitantes de un colega, frenaban las ambiciones soñadoras de otro, un tercero en alguna habitación de colegio mayor, digamos que un tal Michael Dell (http://es.wikipedia.org/wiki/Dell), le daba un pensamiento más profundo a la idea, y concebía un modelo de negocio que ha hecho tambalearse a muchos grandes. Y todo por saber descubrir las creencias limitantes y esquivarlas.
  • Evitan etiquetar la realidad como “imposible”. En línea con varios de los puntos anteriores, las personas que no difieran el juicio, que son presa de sus juicios limitantes, que  no saben creerse los qué ambiciosos, suelen defenderse de los ataques de los “locos” innovadores diciendo: “eso es imposible”.  Eso sí, lo hacen sin tener conciencia de que están etiquetando la realidad, lo que es posible y lo que no, desde la ignorancia. Porque decir que algo es imposible, lleva implícito decir que “conozco todas las formas posibles en el mundo de hacer eso que otros se plantean y que yo veo como imposible, y sé que ninguna de ellas es efectiva“. Sin embargo, es bien cierto que este mecanismo de defensa tiene grandes beneficios para mantener el status quo, para no estresar a nuestra mente, pensando e incluso aprendiendo nuevas formas de hacer que hasta hace poco no conocíamos. Sirva como ejemplo, la afirmación de Kennedy en 1961, en contra de la opinión de los científicos de la NASA de que el hombre llegaría a la luna antes de acabar la década.
  • Se atreven a decir “no sé cómo”. Como consecuencia de creerse los “qués” imposibles, los creativos, y los innovadores, desarrollan con facilidad una de las habilidades más difíciles de encontrar en las organizaciones: la humildad al servicio de la innovación. Decir, no sé cómo en los entornos corporativos requiere mucho coraje para mucha gente, salvo que no te importe lo que piensen los demás. Sin embargo, esto debería ser algo aceptado y obligatorio en las empresas; si siempre lo sé todo, significa que no estoy cambiando nada, que no me he puesto en situación de incompetencia en ningún momento, y que domino todo lo que hago. O dicho en otras palabras, que no me he atrevido a probar nada que no controle. Y claro sin riesgo no hay innovación. Para innovar, hay que enfrentarse al precipicio de la ignorancia, para luego descubrir  que en realidad no es tan profundo, y puede bajarse uno andando y avanzar por el valle mientras se aprenden nuevas habilidades y conocimientos.
  • Se hacen muchas preguntas. Es evidente que si me atrevo a reconocer que no sé cómo conseguir algo que me he propuesto, o que me han propuesto, ya no me va a ser difícil, hacerme preguntas. Y no importa que no tenga las respuestas. Lo importante es que me haga preguntas, que confíe en mi inconsciente para buscar preguntas, pero sobre todo, que explore otras áreas, empresas, industrias, actividades, diferentes a la mía, ya que en ellas puede estar la respuesta a mis preguntas. Otra forma de encontrarla es atreverme a compartir mis dudas, mis preguntas  con otras personas que pueden tener la respuesta, pero que no me la van a dar salvo que conozcan lo que busco. Un ejemplo de esta actitud se atribuye a Einstein, cuando le preguntaban que porqué era tan listo. Él contesto que era por su madre. Que cada día que de pequeño volvía del colegio su madre no le preguntaba: “¿qué ha aprendido hoy?”. Le preguntaba en cambio: “¿Qué has preguntado hoy?”. Y esto hizo que desarrollara una gran habilidad y curiosidad por hacerse preguntas. Los seres humanos estamos más acostumbrados a responder preguntas, aunque sea inventándonos respuestas, que a hacernos preguntas.
  • Verbalizan “cuéntame más” cuando escuchan una idea que no les suena bien. Cuando las personas innovadoras dirigen a otras personas también se aplican estos mismos principios. Cuando alguien les cuenta una idea que desafía su lógica, cuando alguien les propone algo que les hace sentirse incómodos, los líderes innovadores hacen todo lo posible por diferir el juicio, y aunque su pensamiento sea, “menuda tontería”, lo que verbalizan con una sonrisa a su colega, colaborador, o jefe es: “cuéntame más”. Precisamente porque son conscientes de la limitación de su conocimiento, porque no les cuesta preguntar, porque reconocen que no lo saben todo, y porque han aprendido a creer en lo imposible, dan el beneficio de la duda a cualquier idea, y no la niegan porque son conscientes de que su percepción de la realidad es parcial, y que puede haber información que aún no han recibido que sea crítica. O dicho de otro modo, puede que crean que sólo están viendo un trozo de carbón, cuando en realidad tienen delante un diamante en bruto.

Podría seguir enumerando comportamientos, actitudes y habilidades, pero confío en que con las que he descrito empiece a convencerse de que efectivamente es posible hacerse creativo y/o innovador, si alguien lo decide, y sobre todo, se atreve a practicarlo.

Buena suerte, y sobre todo, atrévase, la vida está hecha para ser vivida con intensidad, novedad, y aportando y dejando que nos aporten valor.

Que usted se re-cree bien.

¿Truco o trato?

¿Truco o trato?, ¿innovación o excelencia?

Esta noche se celebra Halloween. Los niños, y algunos no tan niños, se preparan para pedir caramelos, y repetir la ya popular expresión. “¿Truco o trato?”

Si pasáramos la propuesta a términos empresariales, probablemente más de uno lo traduciría a “¿innovación o excelencia?”, o sería “¿excelencia o innovación?”. Me da la sensación de que sería más bien la primera. La innovación suena más a truco, y la excelencia más a status quo, a trato.  

Siguiendo con la expresión, más de un directivo realmente creerá que es cuestión de elegir, y casi con toda seguridad se quedará con la excelencia. Al final al cabo elegir sólo la innovación implica demasiado riesgo.

Pero, ¿por qué debemos elegir entre uno u otro?

La excelencia es evidentemente necesaria para poder ofrecer productos y servicios de calidad a través de procesos eficientes. Es importante “exceler”. Curioso verbo empleado habitualmente por mi amigo Tim Ingarfield. En inglés este verbo existe, “to excel”; sin embargo, en castellano se entiende, pero no existe. 

¿Cómo es posible que no tengamos en castellano el verbo que da lugar a esta cualidad tan utilizada hoy en día?. ¿Será porque nos gusta hablar de ello, pero no nos atrevemos a decirlo de la forma más clara posible? ¿Acaso se tildaría de prepotente a quien dijera que ella o el “excele”?

En cualquier caso, sean cuales sean la razones, la excelencia nos ayuda a mantener nuestros clientes actuales en tanto en cuanto ningún competidor ofrezca, en su propuesta de valor, beneficios adicionales a los que nosotros ofrecemos.

Pero claro, por desgracia para algunos, los competidores también piensan, se cuestionan lo que les pasa, y cuando un día descubren que por mucho que “excelan”  no consiguen distinguirse de su competencia, comienzan a plantearse qué pueden hacer diferente.

Y en el momento que descubren qué hacer, aunque no sepan cómo, inician un nuevo camino. El camino de buscar el cómo. Cómo desarrollar nuevos productos o servicios, o mejorar sus procesos, para ofrecer más valor a sus clientes.

Y de repente, asumiendo ciertos riesgos, sacrifican una parte de su excelencia para poco a poco empezar a distinguirse. Para innovar.

Y entonces descubren que elegir excelencia e innovación es más rentable que elegir excelencia o innovación.

O como dicen Collins y Porras en su libro “Built to last”, superan la tiranía del “or”. La tiranía de la “o” frente a la “y”.

En definitiva, que la próxima vez que te cuestiones si haces una cosa u otra, y especialmente si es excelencia o innovación, prueba a sustituir la “o” por la “y”, y observa a ver qué nuevas posibilidades descubres.

Tal vez te sorprendas.

¿Truco y trato?

Posts de octubre

Aunque la carga de trabajo sea alta, como está siendo este año, me he planteado publicar un par de posts al mes.

Sin embargo este mes me ha pillado el toro. Bueno, para ser coherente, diré mejor que me he dejado pillar por el toro. Y para no engancharme en mi propia metáfora más de lo necesario, lo dejo en que he priorizado sacar el trabajo por encima de publicar.

Y curiosamente este mes tenía mucho material sobre lo que escribir. Sobre todo por los cursos a los que he acudido.

En septiembre hice el curso de memorización y lectura rápida con Ramón Campayo, campeón mundial de la disciplina. Utilizando sus técnicas de asociación inverosímil estoy enseñando finlandés a mis hijos, a un ritmo al que nunca hubiese imaginado que sería posible. Por si a alguno os interesa aquí os pongo un ejemplo de cómo funciona.

Ejemplo: “se cayó de rodillas y se hizo polvito”.  En finlandés rodilla se dice “polvi”.

Y siguiendo con algunos de los consejos que escuché a Ramón, me ha resultado de gran utilidad, el de tratarte a ti mismo como a tu mejor amigo. Este mensaje simple pero potente me ha ayudado a reducir mi estrés y aumentar mi bienestar al rebajar el auto-feedback que habitualmente me daba cuando las cosas no iban como esperaba.

Salvo que seas un verdadero desgraciado, difícilmente machacarás a tu mejor amigo si algo no le sale bien. Sin embargo, si el autor del fallo eres tú mismo, estoy seguro de que hay muchas probabilidades de que te juzgues de forma bastante acida. Somos nuestro más fiero juez.

Y esto aparte de hacerte sentirte mal, no te servirá para aprovechar el feedback negativo que te devuelve la realidad, y aprender algo del mismo.

También a finales de septiembre inicié el programa de Consultoría y Terapia Sistémica, de dos años de duración auspiciado por la Universidad de Alcalá y SCT, e impartido por John McWhirter y Tim Ingarfield.  

Es difícil describir la potencia que tiene la metodología empleada, la DBM® (Developmental Behavioural Modelling).

Pero a riesgo de ser poco preciso, estas últimas semanas hablando con mis amigos sobre la DBM me ha parecido adecuado describirla como una metodología que además de ofrecerte distinciones mucho más potentes que las que hasta ahora había aprendido, te permite “microfiletear” tu experiencia, las observaciones que haces de la realidad, desde muchas perspectivas.

Y desde esta percepción ampliada de tu realidad, puedes organizar la información que obtienes de nuevas formas de modo que lo que antes te resultaba un problema lo veas ahora como una posibilidad más. O como se dice habitualmente en los programas de DBM, tomes conciencia de que un problema es una forma de organizar la información.

Y por supuesto, usando la metodología DBM es posible aprovechar la experiencia que acumulas para modelar y remodelar comportamientos.

Además de estos aprendizajes presenciales, me he dedicado a escuchar en el coche el programa en audio “Lead de field” de Earl Nightingale. Y otro de los consejos que he sacado de sus enseñanzas es el de tratar a cada persona con la que te encuentras como a la persona más importante del mundo.

A más de uno este consejo le sonará a chorrada, pero si lo piensas bien, aparte de que así estarás tratando a cada uno como se siente, la persona más importante del mundo para si mismo, esta actitud te colocará en una buena posición para aportar a los demás lo mejor de ti mismo. 

En fin, que este mes ha sido intenso en trabajo (everis, Repsol, Nokia, Indra, Audihispana), en aprendizajes  y en sensaciones.

Y hasta aquí puedo leer.

Os deseo un buen mes de noviembre lleno de novedades agradables.

¿El CEO como Chief Innovation Officer?

Acabo de estar viendo un video en YouTube (www.youtube.com/watch?v=xvIUSxXrffc&NR=1) en el que entrevistaban a A.G. Lafley, CEO de Procter & Gamble, y aún sin saber hasta que punto es esto una realidad, me ha encantado la declaración de principios que Lafley hace en su libro Game Changer, en una de sus frases iniciales:

“My job at Procter & Gamble is focused on integrating innovation into everything we do”

Realmente es importante que más allá de una frase, esto se traduzca en comportamientos y hábitos que sus colaboradores puedan ver o constatar de alguna manera, pero independientemente de esto, ¿cuantos CEOs se atreverían siquiera a hacer suya este frase, no ya en un libro, sino en una entrevista, que más tarde pudiera ser vista por cualquiera de su empresa en YouTube?.

Está claro que hace años esto no era un problema, pero hoy en día, gracias a las nuevas tecnologías, estamos en un mundo cada vez más transparente en el que es muy difícil esconderse, y en el que la credibilidad está más en juego que nunca.

La confirmación de si tus hechos están alineados con tus palabras es cada vez más fácil. Y si que no se lo pregunten a algunos políticos, que podrían estar ya compitiendo con la marioneta de Gepetto, aunque con peor carisma.

pinocho

Animo desde aquí a los directivos de las empresas españolas a que por un lado, se den cuenta de la importancia que tiene la innovación para la supervivencia de las organizaciones que dirigen, tomando como ejemplo cómo la fomentan los CEO de algunas de las empresas más importantes como P&G, o como también hizo recientemente el nuevo CEO de Honda Motor, Takanobu Ito, declarándose como el Chief Innovation Officer de la compañía.

En segundo lugar les animo a que, si ya creen en la innovación, pasen del pensamiento a la declaración, tal y como hace A.G. Lafley, y de este modo, empiecen a mostrar su compromiso para que sus colaboradores entiendan la importancia que tienen como generadores de ideas, como promotores de la creatividad, para mejorar su entorno de trabajo, y de paso su organización.

Y finalmente, y como no podía ser de otra manera, les animo a que conviertan sus palabras en hechos, para que estos mismos colaboradores les saquen los colores si luego no cumplen sus compromisos a la hora de asignar recursos al proceso de innovación, o a la hora de priorizar tiempo dedicado a la misma, a la hora de crear estructuras que la apoyen, de crear procedimientos que faciliten la transmisión de estas ideas, en definitiva, de ocuparse de crear una cultura de innovación.

En fin, que ahora que empieza el nuevo curso escolar, les animo señoras y señores directivos, a tomar cartas en el asunto de la innovación, ya que ésta no es una moda, sino una función a incorporar a sus organizaciones, y cuanto antes empiecen a practicarla, antes dejarán a sus competidores atrás, y sobre todo, a sus clientes más satisfechos.

Y les deseo trambién mucha suerte, ya que el camino por desgracia no es fácil, y la resistencia al cambio acecha por doquier.