ACTITUDES Y HABILIDADES QUE PRACTICAN LOS INNOVADORES

¿Puede cualquier persona ser creativa? ¿e innovadora? ¿es algo que viene integrado en nuestro ADN? ¿o se puede aprender, adquirir, la actitud, capacidad, habilidad que te ayude a comportarte como tal?

Para muchas personas la innovación, mezclada con la creatividad, es algo innato. O se nace creativo / innovador, o no hay nada que hacer.

Desde mi punto de vista, la famosa frase de Picasso, “que las musas me pillen trabajando” ha favorecido el que mucha gente piense que la creatividad te debe llegar, frente a la idea de que se puede generar a voluntad.

De ahí que mucha gente mantenga, de forma más o menos inconsciente, condiciones poco propicias para el desarrollo de la creatividad y la innovación.

En estas reflexiones quiero presentar la idea de que las personas pueden desarrollar la creatividad y la innovación, siempre que estén dispuestas a practicar algunos comportamientos.

Pero antes de continuar, voy a presentar mis definiciones de creatividad e innovación para que el manejo que hago de ambas no lleve a confusión.

Me gusta definir la creatividad como “la capacidad de generar ideas nuevas que aporten valor”.

Y normalmente añado que esto puede aplicarse a cualquier área de la vida o de la empresa, y que tanto la novedad como el valor no tienen porque ser necesariamente  absolutas. Vamos que no hace falta conceptualizar el post-it, para decir que la idea es creativa.

Puede que una idea sea percibida como nueva y les aporte valor a una pequeña comunidad, y no lo haga para otras. Para los que lo hace, la idea será creativa.

Por ejemplo, en una empresa el hecho de usar una televisión como pantalla para anunciar a los visitantes los productos que ofrece, puede no ser creativa porque es algo que hacen desde hace mucho;  sin embargo, para un hotel el hecho de que los invitados puedan, según llegan a la recepción, seleccionar sus habitaciones mirando como son por dentro en una pantalla de televisión colocada en el mostrador, puede ser percibido como muy creativo.

Insisto por ello en que la novedad y el valor son subjetivos, y tienen mucho que ver con el contexto al que se circunscriben.  A veces el simple hecho de sacar una idea de su contexto, y colocarla en otro, produce novedad y genera valor, mientras que en el contexto del que provenía, se consideraba ya como algo normal, e incluso manido.

En cuanto a la definición de innovación, utilizo una definición semejante, aunque con un par de matices fundamentales.

Me gusta usar  la definición que dice que la innovación es la “implementación de ideas nuevas que aportan valor cuantificable”.

Respecto a la definición de creatividad, la diferencia más importante es que aquí ya no hablamos de la capacidad de generar ideas, sino de la implementación de esas ideas. Y además, decimos que debe el valor debe ser cuantificable

Suelo dejar el adjetivo cuantificable fuera de la definición de creatividad, porque en muchas ocasiones una idea nueva puede tener un valor percibido, y definirse como creativa en la empresa que se genera; sin embargo puede ocurrir que cuando finalmente se materializa la idea, el mercado no termina de reconocerle el valor, por lo que la idea no se llega a difundir, y el producto no llega a “cuajar” como le ocurrió por ejemplo al N-Gage de Nokia.

Pero volvamos a las actitudes, habilidades y cualidades que hacen que una persona pueda, desde mi experiencia, desarrollar su creatividad e innovación.

En mi opinión no es necesario que una persona cumpla todos los aspectos que a continuación describo para hacer más creativa y/o más innovadora, pero estoy seguro de que los que ya apuntan maneras en esta dirección, compartirán conmigo la idea de que de una u otra manera todas están presentes en aquellos momentos en los que nos mostramos creativos o innovadores.

Aquí va la lista:

  • Cree en sí mismos. Las personas que se atreven a generar nuevas ideas, y las que las implementan, tienen un alto concepto de sí mismos, creen en sus ideas, y tienen una alta autoestima. En definitiva, no necesitan la aprobación de los demás, y por ello se atreven a plantear sus nuevas ideas aunque desafíen la lógica de todos sus colegas.
  • Son sus mejores amigos. Las personas tendemos a juzgarnos de forma especialmente dura cuando las cosas no nos salen como queremos, o cuando los demás no nos muestran su aprobación. Las personas que crean e innovan, se tratan a si mismos como a su mejor amigo. No se insultan (“seré inútil”) cuando algo les sale de forma contraria a lo que esperaban. Saben leer el feedback negativo como información valiosa de la que pueden aprender, y al hacerlo protegen su corazoncito.
  • Difieren el juicio. Si bien este concepto está implícito en muchos de los otros aspectos que muestro en esta reflexión, los practicantes de la creatividad y la innovación, saben aplazar el juicio cuando se les ocurre una idea que suena a locura, por poco habitual, o incluso cuando alguien les plantea algo que por conocimientos o experiencia no les parece factible. O dicho de otro modo, saben contar hasta diez, pero no sólo en relación a los verbal, sino también a lo mental. Es decir, que ni siquiera piensan, “menuda chorrada de idea se me/te ha ocurrido”.
  • Controlan el miedo al ridículo. Uno de los mayores enemigos de la creatividad es el miedo al ridículo, al fracaso, al que dirán. Las personas que saben generar ideas, o implementarlas o ambas cosas, saben que el miedo al ridículo es poco útil a la hora de generar ideas radicales, o incluso simplemente diferentes. No sienten miedo porque saben que contando ideas nuevas que a priori pueden llegar a parecer absurdas, pueden surgir ideas geniales. Este fue el caso de Spencer Silver en 3M (http://solutions.3m.com.mx/wps/portal/3M/es_MX/Post-itBrand/Post-it/Resources/Four/), cuando decidió no deshacerse de un pegamento que no había funcionado como esperaba, y pegaba mal; no le dio vergüenza airear su “fracaso”, y lo compartió con la esperanza de que fuera útil para alguien. Cuando finalmente conoció a Art Fry, que buscaba un pegamento poco adhesivo para los papelitos que le servían de marca-páginas, los post-it’s estaban a punto de nacer como nuevo producto.
  • Creen en los QUÉ ambiciosos para después buscar los CÓMO.  Para la mayoría de las personas, cuando se le plantea un objetivo, un qué, que le pilla más allá de su zona de confort (http://www.mattihemmi.com/2009/05/25/%c2%bfjuzgas-tus-juicios/), la respuesta más habitual es no seguir avanzando en pos de su consecución; no creen que puedan conseguirlo, y por tanto no buscan el cómo. Sin embargo, los desafiadores de la lógica, los creativos y los innovadores de este mundo, se pasan el dia, creyéndose los “qués” ambiciosos, y buscando luego los “cómos”. A veces de forma consciente a base de practicar técnicas de creatividad, y otras, dejando que su inconsciente sea el que se ocupe de encontrar posibles a soluciones.
  • Se esfuerzan por conocer sus creencias limitantes. Muchas de las mejores innovaciones han surgido cuando alguien ha desafiado, e incluso reventado, el paradigma existente en un determinado campo. Las creencias son las gafas a través de las cuales miramos el mundo. No percibimos la realidad como es, sino como nuestras creencias poderosas, o limitantes, nos permiten. A la hora de generar nuevas ideas revolucionarias, es necesario salirse del freno que suponen las creencias limitantes. “¿Montamos una fábrica de ordenadores sin almacén?; “¿Y qué más?”; “¡Si hombre, y además podemos prescindir de los distribuidores!”. “¡Venga, déjate de chorradas! Las fábricas necesitan almacenes, y los fabricantes necesitan distribuidores para vender sus productos”.  Esta conversación bien podría haberse producido en más de una oficina central de algún fabricante de ordenadores, y en la que mientras las creencias limitantes de un colega, frenaban las ambiciones soñadoras de otro, un tercero en alguna habitación de colegio mayor, digamos que un tal Michael Dell (http://es.wikipedia.org/wiki/Dell), le daba un pensamiento más profundo a la idea, y concebía un modelo de negocio que ha hecho tambalearse a muchos grandes. Y todo por saber descubrir las creencias limitantes y esquivarlas.
  • Evitan etiquetar la realidad como “imposible”. En línea con varios de los puntos anteriores, las personas que no difieran el juicio, que son presa de sus juicios limitantes, que  no saben creerse los qué ambiciosos, suelen defenderse de los ataques de los “locos” innovadores diciendo: “eso es imposible”.  Eso sí, lo hacen sin tener conciencia de que están etiquetando la realidad, lo que es posible y lo que no, desde la ignorancia. Porque decir que algo es imposible, lleva implícito decir que “conozco todas las formas posibles en el mundo de hacer eso que otros se plantean y que yo veo como imposible, y sé que ninguna de ellas es efectiva“. Sin embargo, es bien cierto que este mecanismo de defensa tiene grandes beneficios para mantener el status quo, para no estresar a nuestra mente, pensando e incluso aprendiendo nuevas formas de hacer que hasta hace poco no conocíamos. Sirva como ejemplo, la afirmación de Kennedy en 1961, en contra de la opinión de los científicos de la NASA de que el hombre llegaría a la luna antes de acabar la década.
  • Se atreven a decir “no sé cómo”. Como consecuencia de creerse los “qués” imposibles, los creativos, y los innovadores, desarrollan con facilidad una de las habilidades más difíciles de encontrar en las organizaciones: la humildad al servicio de la innovación. Decir, no sé cómo en los entornos corporativos requiere mucho coraje para mucha gente, salvo que no te importe lo que piensen los demás. Sin embargo, esto debería ser algo aceptado y obligatorio en las empresas; si siempre lo sé todo, significa que no estoy cambiando nada, que no me he puesto en situación de incompetencia en ningún momento, y que domino todo lo que hago. O dicho en otras palabras, que no me he atrevido a probar nada que no controle. Y claro sin riesgo no hay innovación. Para innovar, hay que enfrentarse al precipicio de la ignorancia, para luego descubrir  que en realidad no es tan profundo, y puede bajarse uno andando y avanzar por el valle mientras se aprenden nuevas habilidades y conocimientos.
  • Se hacen muchas preguntas. Es evidente que si me atrevo a reconocer que no sé cómo conseguir algo que me he propuesto, o que me han propuesto, ya no me va a ser difícil, hacerme preguntas. Y no importa que no tenga las respuestas. Lo importante es que me haga preguntas, que confíe en mi inconsciente para buscar preguntas, pero sobre todo, que explore otras áreas, empresas, industrias, actividades, diferentes a la mía, ya que en ellas puede estar la respuesta a mis preguntas. Otra forma de encontrarla es atreverme a compartir mis dudas, mis preguntas  con otras personas que pueden tener la respuesta, pero que no me la van a dar salvo que conozcan lo que busco. Un ejemplo de esta actitud se atribuye a Einstein, cuando le preguntaban que porqué era tan listo. Él contesto que era por su madre. Que cada día que de pequeño volvía del colegio su madre no le preguntaba: “¿qué ha aprendido hoy?”. Le preguntaba en cambio: “¿Qué has preguntado hoy?”. Y esto hizo que desarrollara una gran habilidad y curiosidad por hacerse preguntas. Los seres humanos estamos más acostumbrados a responder preguntas, aunque sea inventándonos respuestas, que a hacernos preguntas.
  • Verbalizan “cuéntame más” cuando escuchan una idea que no les suena bien. Cuando las personas innovadoras dirigen a otras personas también se aplican estos mismos principios. Cuando alguien les cuenta una idea que desafía su lógica, cuando alguien les propone algo que les hace sentirse incómodos, los líderes innovadores hacen todo lo posible por diferir el juicio, y aunque su pensamiento sea, “menuda tontería”, lo que verbalizan con una sonrisa a su colega, colaborador, o jefe es: “cuéntame más”. Precisamente porque son conscientes de la limitación de su conocimiento, porque no les cuesta preguntar, porque reconocen que no lo saben todo, y porque han aprendido a creer en lo imposible, dan el beneficio de la duda a cualquier idea, y no la niegan porque son conscientes de que su percepción de la realidad es parcial, y que puede haber información que aún no han recibido que sea crítica. O dicho de otro modo, puede que crean que sólo están viendo un trozo de carbón, cuando en realidad tienen delante un diamante en bruto.

Podría seguir enumerando comportamientos, actitudes y habilidades, pero confío en que con las que he descrito empiece a convencerse de que efectivamente es posible hacerse creativo y/o innovador, si alguien lo decide, y sobre todo, se atreve a practicarlo.

Buena suerte, y sobre todo, atrévase, la vida está hecha para ser vivida con intensidad, novedad, y aportando y dejando que nos aporten valor.

Que usted se re-cree bien.

Design Innovation Forum – 1º Forum Internacional de Diseño para la Innovación

ddi

El próximo 8 de junio de 2009, en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid, se celebra el Design Innovation Forum, 1º Forum Internacional de Diseño para la Innovación.

Organizado por apd y ddi con el apoyo de numerosas entidades públicas y privadas y la colaboración de un comité científico compuesto por expertos y organizaciones de reconocido prestigio, diforum 2009 es un evento internacional que abordará el papel del diseño en los procesos de innovación, con la intención de fomentar la relación entre diferentes sectores y agentes, dar lugar a la generación de nuevas ideas e invocar a la reflexión en el Año Europeo de la creatividad y la innovación

diforum 2009 es un punto de encuentro para la reflexión, el intercambio y la generación de nuevas ideas para una sociedad del bienestar más innovadora, competitiva y sostenible

diforum 2009 es una oportunidad para conectar organizaciones inteligentes y creativas interesadas en el liderazgo y gestión del diseño y la innovación

Se abordarán diversos temas y enfoques del diseño en relación a las estrategias de competitividad de las empresas y las organizaciones, las necesidades de clientes y usuarios, la accesibilidad de ciudadanos a servicios y entornos sostenibles, la capacidad de las ciudades para atraer inversiones, talento y visitantes, la usabilidad y generación de contenidos en nuevos medios y plataformas, las industrias creativas y las iniciativas de fomento de la innovación.

Además de las sesiones plenarias, y de diversas sesiones, se celebrarán varios labs simultáneos; en unos de estos, presentaré junto a mi colega y experto en identidad  corporativa Alejandro Castillo, un lab titulado “De la cultura corporativa a la marca: Innovación y cambio a través de las personas“.

Espero que los que asistáis al evento, independientemente de la sesión o lab, disfrutéis de la ocasión.

¿Encontráis dificultades a la hora de conseguir que vuestros equipos desarrollen su creatividad? ¿cuantas ideas creativas se implementan en vuestra organización?

En muchas organizaciones la creatividad no termina de germinar debido a lo dureza del terreno en el que se pretende cosechar. Por otro lado, tener mucha creatividad pero poco foco rara vez desemboca en procesos de innovación exitosos.

Incorporar a toda la organización en la creación de ideas no es sinónimo de éxito. Sin embargo, tener esa capacidad, y añadir luego foco sobre las oportunidades reales del mercado (interno o externo) si que nos posiciona muy bien de cara a ser una organización innovadora.

¿Cómo creéis que están afrontando estos aspectos las empresas españolas?

¿Juzgas tus juicios?

¿Desde dónde realizamos nuestros juicios? Alguna vez te has parado a pensar, ¿desde dónde emites tus juicios?

No es una pregunta retórica. Pero claro, sin más pistas, puede resultar un poco complicada de contestar. Lo que os propongo es tomar conciencia de que generalmente emitimos juicios sin más, sin mayor conciencia del hecho de hacerlo. Y claro al hacerlo, no solemos darnos cuenta de que si bien necesarios, los juicios son en si mismos una especie de trampa.

Cuando decimos que algo es normal, lo que en realidad estamos diciendo es que ese algo está dentro de una norma.

Imaginaos por un momento un círculo en una hoja en blanco. El círculo es un límite que podríamos definir como la norma.

norma

Todo lo que quede dentro del círculo es NORMAL, y todo lo que quede fuera es ANORMAL, sin norma, o fuera de norma. Al menos desde la perspectiva de “mi norma”.

Hasta aquí, todo “normal”. ¿Cual es el problema de este concepto?

Que por su propia definición, lo que NO es normal parece NO estar bien. Nos cuesta aceptar lo que NO es normal. Lo que no nos cuadra, lo que es diferente, parece ser por definición, malo.

Y sin embargo nos pasamos la vida aprendiendo cosas (conceptos, ideas) nuevas, que por definición están más allá de la norma. Si fuesen conocidas serían normales, y por tanto no serían nuevas.  

 

Eso sí, aceptamos aquellas cosas que no nos “pillan” demasiado lejos de la zona normal. O dicho de otro modo, aquellas cosas que están en los aledaños. En su día Stephen Covey definió la zona normal como la Zona de Confort, y la zona aledaña, como la Zona de Aprendizaje. Más allá está la Zona de Pánico.

 

 

 zona-confort

 

Normalmente (je,je,je) solemos aceptar con más o menos reticencias aquellas cosas que están en nuestra Zona de Aprendizaje. Y por definición, no conseguiremos (en primera instancia) aceptar aquellas cosas que caen en nuestra Zona de Pánico. 

 

Entonces, ahora que el esquema está claro, ¿qué pasa con los juicios?. Pues que los juicios los hacemos desde la Zona de Confort, o como me gusta a mí llamarla, desde la Zona de Pensamiento Lógico. Y claro si las ideas desafían mi lógica, me costará aceptarlas. Cuanto más cercanas a mi lógica, más fácilmente las aceptaré. Cuanto más alejadas, más absurdas, estúpidas o ridículas me parecerán.  

 

Es decir, que si queremos aceptar ideas que están en la Zona de Aprendizaje (o en mi terminología, Zona de Pensamiento Creativo), o incluso más allá, será muy útil tomar conciencia de qué tipo de juicios estoy haciendo. De cómo estoy etiquetando la realidad, actual o futura.

Dicho de otro modo,  para aceptar con más rapidez, o al menos contemplar como posibles, las ideas nuevas, las ideas creativas, necesitamos aparcar temporalmente nuestro juicio.

A este concepto le llamamos en creatividad DIFERIR EL JUICIO. Esta es una de las grandes habilidades de las personas creativas.

Pero ahondemos un poco más en esto de lo juicios.

Teniendo en cuenta que la zona de confort es la zona de lo que para mi es normal, y por tanto, de lo que hasta ahora he visto, aprendido, experimentado en la vida, será muy interesante introducir la variable tiempo, para así darnos cuenta de que estas zonas tienden a crecer a medida que aprendo cosas nuevas, y por tanto sus diámetros crecen.

Los juicios cambian a medida que nuestras zonas de confort se amplían. Y sin embargo, cuando juzgamos somos capaces de defender nuestros juicios fervientemente sin considerar que la base desde la cual juzgamos irá variando con el tiempo. Y crecerán más rápidamente cuanto más me atreva a diferir mi juicio.

Eso sí, no lo difieras todo el tiempo, o corres el riesgo de ser visto como un bicho muy raro.  :-)

El secreto está en permitirte diferir el juicio lo suficiente como para ver hasta donde te lleva esta posibilidad. Puedes aplicarle el juicio en cualquier momento, por lo que sugiero que difieras el juicio en tanto en cuanto la información nueva que vas adquiriendo se muestra relevante para entender mejor eso que de otra forma ya habrías juzgado.

Cuando Fleming no juzgó como desechable el cultivo que había criado moho, se permitió a si mismo, y por ende a toda la comunidad médica, la posibilidad de descubrir la penicilina.

Cuando Art Fry no calificó como estúpida, su idea de pegar papelitos con el pegamento defectuoso desarrollado por Spencer Silver, quien tampoco tiró a la basura su intento fallido, inició el camino que tres años más tarde haría ganar a 3M muchos millones de dólares con los ya muy conocidos Post-its. 

Diferir el juicio no es garantía de éxito, pero si de obtener más información que perdemos cada vez que no somos curiosos, cada vez que no juzgamos nuestros juicios.

Para finalizar, os invito a que, cada vez que cada vez que juzguéis algo como imposible, cuestionéis ese juicio y consideréis otro tipo de juicio más potente: ¿Es imposible, no se puede, no puedo? ¿o no sé como?

¡¡ Este último juicio exige más valentía, pero merece la pena!!!

 

 

 

 

 

Teresa Amabile y los tres dominios para que surja la innovación

 De acuerdo a una de las mayores expertas a nivel internacional en creatividad, la psicóloga Teresa Amabile, para que una persona tenga posibilidades de desarrollar la innovación en su entorno debe producirse el solape de tres dominios.

 

El primero, es el dominio de campo. Es decir, es necesario que la persona sea especialista en el área en el cual quiere aplicar la innovación.

 

Dicho de otro modo, puedo tener muy buenas ideas para un asunto concreto pero si no conozco bien el área en el cual se va a aplicar, o en su defecto no me apoyo en alguien que lo haga, hay muchas posibilidades de que mis ideas no aporten el valor esperado.

 

La ventaja de este primer dominio es que con tiempo se puede aprender. Salvo que se sea “mu torpe”.

 

El segundo dominio es el del conocimiento de técnicas de pensamiento y trabajo creativo. En otras palabras, que aunque sea un experto en un área si al final no creo ideas nuevas que aporten un valor cuantificable, ideas creativas, probablemente haré cosas muy buenas, pero siempre dentro del mismo paradigma, o dicho en plan más ácido, más de lo mismo.

 

Este segundo dominio es también aprendible, aunque requiere ya de una cierta actitud, fundamentada sobre todo en el diferimiento del juicio.

 

El tercer dominio es para mí el más crítico, aunque en realidad los tres son fundamentales. El tercer dominio es el de la motivación intrínseca, el de lo que te apasiona.

 

Las personas que la tienen para el tema sobre el que han de innovar no necesitan reconocimiento externo, o no tanto, para que lo consigan, porque la motivación ya les viene de dentro.  

 

Si tienes los dos primeros dominios, pero tu motivación intrínseca es nula, vamos que te “pasas por el arco del triunfo” si aquello sale bien o mal, lo normal es que no muevas un dedo para que salga algo positivo.

 

Sobre todo, porque la innovación implica cambio, y por tanto posibilidad de fallar, y cuestionamiento de status quo, y otras muchas “maldades innovacioniles”, y por lo tanto, si no estás realmente motivado, es poco probable que sin esta pasión, sin este deseo, hagas lo que toca, perseveres, aguantes las presiones externas, y a veces internas, para conseguir traducir las ideas en innovación.

 

O como dice un dicho popular, pero arrimando el ascua a la innovación, “los que abandonan nunca innovan, y los que innovan nunca abandonan”.

 

En cambio, a diferencia de los dos dominios anteriores, este es bastante más difícil de aprender. De hecho diría que en realidad este no se aprende, sino que se aprehende, pero de chiquitín. La motivación interna es una preferencia que proviene de la más temprana infancia. Y si no tira de ti porque sí, va a ser difícil que la cambies.

 

Te propongo un ejecicio.

 

Crúzate por favor de brazos. Si, sin miedo. Si ya lo has hecho, date cuenta de qué brazo tienes por encima.

 

Ahora haz el cruce contrario, de modo que el brazo que antes quedaba por encima, quede ahora por debajo. Hazlo por favor.

 

Si eres como casi todas las personas, habrás elegido de inconscientemente la forma que te resulta más cómoda, y por tanto la segunda forma te habrá resultado más incomoda.

 

Esto es porque el cerebro de forma automática “tira” de la preferencia. Activa el canon neural “cruzarse de brazos”, y lo hace, como siempre lo ha hecho, con la forma en que se encuentra cómodo. Con la forma en que está motivado a hacerlo. Y con la forma en que gasta menos energía. La contraria implica activar más elementos, y por tanto gastar más energía. Y el cerebro es sabiamente vago. Si hay que gastar se gasta, pero gastar por gastar.

 

Decimos que la primera forma en que te has cruzado de brazos es tu preferencia, y es lo por tanto, lo que haces sin pensar. La segunda forma sabes hacerla, pero te requiere más esfuerzo, y normalmente incomoda.

 

En el caso de la motivación interna, funciona igual. Las cosas te apasionan o no, y no te hace falta pensar en ello. No es algo a aprender. De hecho, lo que te apasiona no solo no incomoda, sino que te pone las pilas. 

 

Bueno, y para ir acabando, dada la importancia de este último dominio, se han desarrollado numerosas herramientas psicométricas que miden las preferencias de las personas hacia diversos temas, entre ellos, hacia qué fase del proceso de innovación tienes más motivación interna.

 

Estas herramientas de diagnóstico son muy útiles en la configuración de equipos que tengan que realizar procesos de innovación y/o cambio, además de para mejorar el autoconocimiento, y la empatía hacia otras formas de hacer / ser de los integrantes.

 

Un último comentario a este respecto, relacionado con la educación, y también comentado por Amabile en sus libros, es que mucho niños no es que no sepan estudiar, o tengan déficit de atención, es que las clases no les atraen, no sienten motivación interna por lo que se está tratando y por ello (a ojos de los profesores) se distraen o (a los ojos de los ropios niños) centran en lo que sí les motiva.

 

Dicho de otro modo, ¿qué intuis que es más divertido para un niño al que le apasione el tenis? ¿sumar 3+3?,  ¿o sumar el número de partidos que Nadal le ha ganado a Federer en los dos últimos partidos?

 

En definitiva que si los profesores atendieran a lo que motiva a los niños de forma intrínseca, y supiesen contar historias que emocionan, nuestros hijos aprenderían más y mejor.

 

Y si los responsables de equipos identificaran lo que motiva a sus colaboradores, …., pues eso, que rendirían mucho más. 

 

Como veis se puede innovar en cualquier área. Eso sí, siempre que empecemos solapando los tres dominios.