Participación en Innosfera

El próximo martes 12+1 de julio, que diría Nieto, participaré en el evento que Innosfera celebra todos lo meses, y en los que el protagonista es la innovación.

Esta última reunión antes de echar el cierre para el verano se celebrará bajo el título “Nuevas formas de escuchar a tus públicos”, y en ella tres apasionados por la innovación compartiremos experiencias, modelos y puntos de vista. En mi caso hablaré sobre nuevas formas de escucha y atención al cliente, basadas en el Análisis Transaccional.

Si estás interesada/o en ir, acércate el martes antes de las 19:00 al Centro de Innovación del BBVA (Plaza de Santa Bárbara 2). Para inscribirte visita www.innosfera.com.

Si quieres saber un poco más sobre el asunto, puedes leerte mi post anterior.

Si te decides a venir, allí nos vemos.

¿Cómo gestionar el miedo?

Leyendo un post en LinkedIn de Mónica Grossoni titulado ¿De verdad crees que el miedo no toma tus decisiones or ti?, me ha venido a la cabeza la idea de escribir sobre el miedo, tema cada día más recurrente de forma explícita o implícita en las conversaciones con mis clientes cuando hablamos de innovación y cambio.

Eso sí, el temita es amplio a más no poder.

En esta época tan cambiante que estamos viviendo, la incertidumbre hace que el miedo sea una de las respuestas más habituales.

Para otras personas en cambio, esta incertidumbre es sinónimo de oportunidad. La falta de certeza permite nuevas posibilidades que benefician a aquellos que sintiendo miedo o no, no se bloquean ante el mismo, y siguen sabiendo como, o atreviéndose a, tomar decisiones de cambio. En definitiva a iniciar el camino de la innovación.

Mi opinión es que las personas que triunfan* en la vida son aquellas que se atreven a enfrentarse a sus miedos. No a negarlo, sino a reconocerlo, y a avanzar a pesar del mismo (o incluso gracias a él).

O dicho de otro modo, a reconocer al miedo como a un compañero de viaje, que a veces es un poco desagradable, pero que nos hace tomar precauciones, analizar las circunstancias, valorar otras opciones.

De hecho sentir miedo es una de las emociones que a menudo le surgen a aquellos que desafían por primera vez los límites de su zona de confort.

* Nota: triunfar, entendido como conseguir aquello que desean, que puede ser económico, o disponibilidad de su tiempo libre, o vivir en un determinado país, o simplemente vivir del cuento, pero eso sí, en todos esos casos, disfrutando tanto del camino como de lo conseguido.

En mi época de directivo, el miedo era algo que a la gente no le gustaba ni mencionar. No le gustaba a la gente en general, y menos a las personas que ocupaban puestos directivos.

 ”Estoy preocupado”; “estoy nervioso”; “estoy inquieto”.

“O sea, que tienes miedo”.

“No no he dicho eso, sólo estoy un poco preocupado.”.

“Ya, bueno”.

Creo que el problema es que reconocer que tienes miedo está muy mal visto. Parece que aún pesa mucho aquella idea de que tener miedo es de cobardes.

Lo curioso es que EL MIEDO NO SE TIENE.

EL MIEDO SE SIENTE. O TAL VEZ NO.

Es decir, que es cuestión de sentirlo, o de negarlo.  

Mucha gente prefiere negarlo con la esperanza de que desaparezca. Esto quizás les permita evitar reconocer la emoción, y como consecuencia verbalizarlo como sentimiento, pero no eliminará la sensación.

No eliminará las mariposas en el estómago, las molestias bajo la costilla, los dolores en el pecho, el insomnio, la falta de apetito, la ansiedad, o como quiera que a cada uno se le manifieste antes de reconocerlo como emoción.

Dado que el miedo es algo que ocurre a nivel fisiológico, considero que es muy útil reconocerlo. Como mínimo a título individual. Si le reconocemos como tal, podremos analizar que hay detrás de él, y en que me baso para sentirlo.

Si lo hago probablemente pueda descubrir que ya he superado circunstancias similares, y que puedo apoyarme en esas otras experiencias para ganar la confianza suficiente para enfrentarme a eso que me da miedo, a eso que me pre-ocupa. Y así podré dejar de pre-ocuparme, y pasar a ocuparme.

El miedo suele desaparecer cuando inicio la acción en la dirección hacia la que no quiero avanzar (debido justamente a ese miedo).

A medida que avanzo lo normal es que descubra que aquello que me producía el miedo no era para tanto, y que soy capaz de gestionarlo.

Puede también ocurrir que descubra que simplemente me falte conocimiento o habilidad y que la solución la voy encontrando en formarme, en desarrollarme en eso que me falta.

En otros casos, descubriré que lo que me daba miedo era la suma de falta de competencia más la inmediatez de conseguir resultados y que puedo alcanzar lo que quiero apoyándome en otros para avanzar por ese camino.

Por tanto, todo lo que hagamos para negar la sensación, o para no reconocer la emoción, y finalmente ponerlo en palabras, y atrevernos a hablar de él, irá en nuestro perjuicio. No nos ayudará a superarlo.

Reconocerlo a título individual es en mi opinión muy útil, con o sin ayuda. Depende de cuanto miedo sientas, y de tus recursos para superarlo.

Pasando al ámbito más general, diría que reconocerlo públicamente es en muchas ocasiones un síntoma de madurez.

Reconozco que dicho así es demasiado general, ya que depende de las circunstancias, del público que te escucha, de la madurez del público, etc.

Muchos líderes pensarán que probablemente haya circunstancias en las que sea mejor no hablar públicamente del miedo que sienten.

Soy de la opinión que aceptar el miedo propio, seguido del reconocimiento de que éste no es un obstáculo para seguir avanzando actuando en busca de aquello que quieres para ti o los demás, te hace ser mejor líder. Lejos de provocar pánico,  considero que saber reconocer lo que te ocurre y que eso no te paraliza ofrece a los demás más credibilidad que el ya olvidado héroe de comic que no le tenía miedo a nada. Salvo para determinado públicos, eso ya no es creíble.

Hasta Superman le tenía miedo a la kryptonita.

Creo que es hora de que empecemos a madurar en el reconocimiento y aceptación de nuestras emociones, tanto en privado como en público, y especialmente de una de las más denostadas, y maltratadas.

En fin que es este un tema muy interesante y probablemente uno de los temas sobre los que más se va a escribir en los próximos años. 

De hecho, mi miedo ahora es ¿me habré dejado algo en el tintero por lo que alguien me va a machacar con su respuesta?

Teresa Amabile y los tres dominios para que surja la innovación

 De acuerdo a una de las mayores expertas a nivel internacional en creatividad, la psicóloga Teresa Amabile, para que una persona tenga posibilidades de desarrollar la innovación en su entorno debe producirse el solape de tres dominios.

 

El primero, es el dominio de campo. Es decir, es necesario que la persona sea especialista en el área en el cual quiere aplicar la innovación.

 

Dicho de otro modo, puedo tener muy buenas ideas para un asunto concreto pero si no conozco bien el área en el cual se va a aplicar, o en su defecto no me apoyo en alguien que lo haga, hay muchas posibilidades de que mis ideas no aporten el valor esperado.

 

La ventaja de este primer dominio es que con tiempo se puede aprender. Salvo que se sea “mu torpe”.

 

El segundo dominio es el del conocimiento de técnicas de pensamiento y trabajo creativo. En otras palabras, que aunque sea un experto en un área si al final no creo ideas nuevas que aporten un valor cuantificable, ideas creativas, probablemente haré cosas muy buenas, pero siempre dentro del mismo paradigma, o dicho en plan más ácido, más de lo mismo.

 

Este segundo dominio es también aprendible, aunque requiere ya de una cierta actitud, fundamentada sobre todo en el diferimiento del juicio.

 

El tercer dominio es para mí el más crítico, aunque en realidad los tres son fundamentales. El tercer dominio es el de la motivación intrínseca, el de lo que te apasiona.

 

Las personas que la tienen para el tema sobre el que han de innovar no necesitan reconocimiento externo, o no tanto, para que lo consigan, porque la motivación ya les viene de dentro.  

 

Si tienes los dos primeros dominios, pero tu motivación intrínseca es nula, vamos que te “pasas por el arco del triunfo” si aquello sale bien o mal, lo normal es que no muevas un dedo para que salga algo positivo.

 

Sobre todo, porque la innovación implica cambio, y por tanto posibilidad de fallar, y cuestionamiento de status quo, y otras muchas “maldades innovacioniles”, y por lo tanto, si no estás realmente motivado, es poco probable que sin esta pasión, sin este deseo, hagas lo que toca, perseveres, aguantes las presiones externas, y a veces internas, para conseguir traducir las ideas en innovación.

 

O como dice un dicho popular, pero arrimando el ascua a la innovación, “los que abandonan nunca innovan, y los que innovan nunca abandonan”.

 

En cambio, a diferencia de los dos dominios anteriores, este es bastante más difícil de aprender. De hecho diría que en realidad este no se aprende, sino que se aprehende, pero de chiquitín. La motivación interna es una preferencia que proviene de la más temprana infancia. Y si no tira de ti porque sí, va a ser difícil que la cambies.

 

Te propongo un ejecicio.

 

Crúzate por favor de brazos. Si, sin miedo. Si ya lo has hecho, date cuenta de qué brazo tienes por encima.

 

Ahora haz el cruce contrario, de modo que el brazo que antes quedaba por encima, quede ahora por debajo. Hazlo por favor.

 

Si eres como casi todas las personas, habrás elegido de inconscientemente la forma que te resulta más cómoda, y por tanto la segunda forma te habrá resultado más incomoda.

 

Esto es porque el cerebro de forma automática “tira” de la preferencia. Activa el canon neural “cruzarse de brazos”, y lo hace, como siempre lo ha hecho, con la forma en que se encuentra cómodo. Con la forma en que está motivado a hacerlo. Y con la forma en que gasta menos energía. La contraria implica activar más elementos, y por tanto gastar más energía. Y el cerebro es sabiamente vago. Si hay que gastar se gasta, pero gastar por gastar.

 

Decimos que la primera forma en que te has cruzado de brazos es tu preferencia, y es lo por tanto, lo que haces sin pensar. La segunda forma sabes hacerla, pero te requiere más esfuerzo, y normalmente incomoda.

 

En el caso de la motivación interna, funciona igual. Las cosas te apasionan o no, y no te hace falta pensar en ello. No es algo a aprender. De hecho, lo que te apasiona no solo no incomoda, sino que te pone las pilas. 

 

Bueno, y para ir acabando, dada la importancia de este último dominio, se han desarrollado numerosas herramientas psicométricas que miden las preferencias de las personas hacia diversos temas, entre ellos, hacia qué fase del proceso de innovación tienes más motivación interna.

 

Estas herramientas de diagnóstico son muy útiles en la configuración de equipos que tengan que realizar procesos de innovación y/o cambio, además de para mejorar el autoconocimiento, y la empatía hacia otras formas de hacer / ser de los integrantes.

 

Un último comentario a este respecto, relacionado con la educación, y también comentado por Amabile en sus libros, es que mucho niños no es que no sepan estudiar, o tengan déficit de atención, es que las clases no les atraen, no sienten motivación interna por lo que se está tratando y por ello (a ojos de los profesores) se distraen o (a los ojos de los ropios niños) centran en lo que sí les motiva.

 

Dicho de otro modo, ¿qué intuis que es más divertido para un niño al que le apasione el tenis? ¿sumar 3+3?,  ¿o sumar el número de partidos que Nadal le ha ganado a Federer en los dos últimos partidos?

 

En definitiva que si los profesores atendieran a lo que motiva a los niños de forma intrínseca, y supiesen contar historias que emocionan, nuestros hijos aprenderían más y mejor.

 

Y si los responsables de equipos identificaran lo que motiva a sus colaboradores, …., pues eso, que rendirían mucho más. 

 

Como veis se puede innovar en cualquier área. Eso sí, siempre que empecemos solapando los tres dominios.

¿No puedes o no quieres? ¿o no sabes cómo?

En el día a día no paramos de escuchar a la gente diciendo, “no puedo”, “no se puede”, “no es posible”.

Hasta aquí, nos parece normal. Es algo habitual, algo a lo que ya estamos acostumbrados, y que por desgracia, incluso nos creemos.

Para mí esas expresiones son en general escudos con los que protegernos de hacer afirmaciones más directas y que son más coherentes con lo que pensamos o sentimos: “no quiero”, “no me da la gana”, “no me apetece”, “no sé cómo”, “no me atrevo”.

En la vida en general no tiene mayor importancia, pero en el mundo empresarial, las personas que se protegen con el “no puedo” o el “no se puede” se desempoderan.

Y además sin darse cuenta, están juzgando sus posibilidades futuras desde un presente en el que pareciera que conocen todo lo que puede ocurrir en un futuro. Como si tuviesen ya conocimiento de hasta donde pueden llegar.

En mi opinión este vicio se inicia en la infancia cuando los padres se pasan el día diciéndonos, “Juanito, no puedes coger el vaso”, “Pepito, no puedes subirte ahí”, “Josito no puedes jugar con eso”.

Y sin embargo Juanito, Pepito y Josito, no sólo saben que pueden hacerlo, sino que en muchas ocasiones lo hacen, para cabreo de sus padres.

Y claro, a base de escuchar el susodicho mensaje limitante, y de recibir cachetes por no hacerles caso cuando ese mensaje les llega, terminan creyéndose que efectivamente no pueden. Y se convierte en sinónimo de no me dejan, no debo, no quieren.

¿Y qué pasa, que no debería decirle a mis hijos que no pueden hacer x o y?

Si claro que puedes, y de hecho lo haces, pero a mi entender, no debes. Y no debes, no debemos, para que nuestros hijos no crezcan capados de poder.

Porque poder es un verbo, y también un sustantivo que necesitamos conjugar para desplegar todo nuestro potencial.

Por eso creo que es mucho mejor decirles la verdad: “no quiero que hagas eso”, “no debes hacer eso”, “no me da la gana que hagas esto”, o “no te dejo que hagas tal o cual cosa”, pero que sobre todo seamos coherentes con nuestros pensamientos y emociones, y servirles así de modelos sanos.

Mi sugerencia para los que ya hemos crecido: cuando te pilles a ti mismo pensando o diciendo, “no puedo”, tradúcelo por “no sé cómo”, y ponte a buscar la manera de conseguirlo, o por un “no me apetece”, o “no quiero”, pero no te engañes, que en más de una ocasión te vendrá bien ser sincero con tus posibilidades, y si no te has entrenado en buscar los “CÓMO puedo hacer para”, tu futuro se verá muy limitado.

Y si eres responsable de un equipo de gente en la empresa, no uses, ni dejes usar a tu equipo los “no sé puede”. No te lo creas.

Mi conclusión: decir “no sé puede” es de cobardes, y decir, “no sé cómo”, cuando sea el caso, es de valientes. Y digo esto porque decir no sé como exige mucho coraje en el mundo corporativo en el que reconocerlo parece que te quitara puntos. Sin embargo, reconocerlo y actuar en consecuencia, te abre la posibilidad de aprenderlo, o de buscar a alguien que lo sepa, pero sobre todo, de descubrir nuevas posibilidades hacia el futuro.

Ya lo dijo Cuatro este verano, y fijaos, Campeones de Europa.

¡¡¡ Podemos, podemos, … !!!

¿Qué es el Liderazgo Emocional?

El Liderazgo Emocional consiste en la capacidad de las personas para desplegar su talento, y el de sus equipos, siguiendo los cinco pasos descritos por Daniel Goleman, a través del AT-O (Análisis Transaccional aplicado a Organizaciones).

En muchas organizaciones, los directivos y mandos intermedios no consiguen obtener el máximo rendimiento de sus equipos, debido a una serie de factores que no son fáciles de descubrir. A continuación los describo como pasos de un camino a recorrer.

En primer lugar es importante para el líder emocional, entender cómo se construye la personalidad, ya que a partir de este conocimiento, va a comprender muchos aspectos de su comportamiento que hasta ese momento le eran desconocidos. Y esto también aplica a la comprensión de la personalidad de sus colaboradores.

En segundo lugar, el líder emocional necesita identificar cuales son las formas de comunicación que son eficaces, y a que se debe esa eficacia. Debe aprender a comprender el nivel psicológico de la comunicación, las reglas de la comunicación, y su impacto como forma de reconocimiento.

El tercer paso es la comprensión de las formas en que mi comunicación me hace entrar en conflicto. Los desarrollos realizados en el AT-O, ayudan a diagramar la forma en que nos enganchamos, habiendo definido incluso una fórmula. Además se han identificado una serie de roles en los que caemos cuando entramos en conflicto.

El cuarto paso consiste en descubrir cuales son las formas de reconocimiento que le ayudarán aa sacar lo mejor de si mismos y de sus equipos, y que están además condicionadas por los impulsores de la personalidad de cada individuo.

Y el quinto paso implica la identificación de los mensajes desempoderantes que limitan el despliegue del potencial de las personas, así como de los nuevos mensajes que pueden transmitir a su equipo para empoderarles. Además, es importante que tomen conciencia de comportamientos disfuncionales, como la simbiosis, que resta eficacia a los equipos.