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Inventario De Emociones

¿Y tú qué emociones tiendes a sentir?

Quizás no te hayas dado cuenta, pero lo normal es que haya un cierto tipo de emociones que tiendes a sentir.

Y es que en numerosas ocasiones las emociones forman parte de esas secuencias inconscientes a las que llamamos “hábitos”.

Hoy te invito en este video a que hagas un “inventario de emociones” y te des cuenta así de cuáles son las que tiendes a sentir, y qué hacer en el caso de que no te gusten las que experimentes.

Por tu conciencia emocional,

Matti

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¿Y Tú A Qué Eres Adicto?

¿No tienes adicciones?

Piénsalo dos veces.

Si aún te parece que no eres adicto a nada,  ¿te has planteado alguna vez que tus comportamientos repetitivos, tus reacciones emocionales habituales y los pensamientos “que te persiguen” son en el fondo adicciones?.

El problema es que a menudo la palabra “adicción” se considera algo negativo.

Y es que algunas pueden ser buenas, y otras no tanto.

Pero lo cierto es que darte cuenta de cuáles son las que tienes (o te tienen a ti) puede ayudarte a crecer como persona, a ampliar tu Zona de Confort y a pasar al siguiente nivel de conciencia.

En este video te cuento mis reflexiones al respecto.

Por tus adicciones positivas!!!

Un abrazo,

Matti

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¿Por qué mis hijos son tan diferentes?

Y si la personalidad se estructura así …

¿por qué mis hijos son tan diferentes si les hemos educado igual?

Esto que acabas de leer es la pregunta típica que escucho cuando en los talleres de auto-liderazgo tengo a directivos con hijos que no se explican cómo el modelo de personalidad parece estar fallando.

Pues puede deberse a muchas cosas, pero dos de las más frecuentes suelen pillar a los padres desprevenidos.

La primera tiene que ver con el concepto de “caricias” que es como llamamos en Análisis Transaccional al reconocimiento. La segunda con el tipo de caricias que cada uno prefiere.

Las personas necesitamos recibir distintos tipos de reconocimiento o caricias a lo largo de nuestra vida para mantener nuestra salud emocional. Y los hijos aprenden desde muy pequeños a hacerlo. Y cada uno las busca a su manera.

Pero sobre todo, cada uno busca una forma de recibir caricias que no esté ya “cogida” por su hermano o hermanos mayores, que le llevan ventaja en los comportamientos que les ayudan a conseguir ese reconocimiento emocional.

Es decir, si el hijo mayor es muy bueno dibujando, pero es un poco desordenado, los padres le darán caricias positivas por cómo dibuja, y caricias negativas (o ninguna caricia) por su orden.

Al hermano pequeño le va a costar conseguir caricias positivas por el dibujo ya que su hermano mayor tiene más coordinación y domina mejor la técnica. Sin embargo el pequeño pronto descubre que siendo más ordenado que su hermano mayor sus padres le dan caricias positivas por su orden, y cuanto más lo practica, más recibe.

Al cabo de un tiempo cada uno está satisfecho con las caricias positivas que recibe.

Lo que aún no te he contado es que el ser humano está diseñado de modo que buscamos en primer lugar la caricia positiva. Pero si no la conseguimos, buscamos entonces la caricia negativa. Eso antes que quedarte sin ninguna.

O como se dice en el refranero español, “no hay peor desprecio, que no hacer aprecio”.

¿Por qué ocurre esto?

La caricia es el alimento emocional que mantiene nuestro sistema inmunológico sano. Y lo hace ayudando a nuestro cuerpo a segregar en sangre aquello que nos hace sentir bien, como son las endorfinas, las oxitocinas, y otros neurotransmisores.

Si no recibe esas sustancias, las células experimentan el “mono” (la privación) y prefieren un sustituto, antes que quedarse sin nada. El sustituto son las caricias negativas.

Algunos ejemplos de caricias positivas son por ejemplo, la atención, el cariño, ser escuchado, un abrazo, una mirada, recibir una llamada de alguien que te importa, o incluso un correo electrónico con buenas noticias.

Una caricia negativa es un castigo, un insulto, una mirada despectiva, una queja,  una bronca o un correo electrónico en el que te critican.

Cuando decimos que un niño está llamando la atención, es porque está buscando caricias. Primero positivas, y si no las consigue. Ya sabes.

A esto se le junta que las personas tenemos distintos tipos de personalidad y cada una busca un tipo específico de caricias positivas según qué personalidad tenga. Hay gente que las prefiere por sus opiniones, o por su trabajo, otros por su forma de organizarse, otros por lo que saben, otros por su forma de ser, etcétera.

Los padres tendemos a dar siempre el mismo tipo de caricias (que no es otro que el que nos gusta recibir). Si por ejemplo te gusta que te den caricias por cómo eres, esas son las que más vas a dar. Pero si uno de tus hijos las prefiere por lo que hace, es probable que se quede  sin sus caricias preferidas y buscará inconscientemente las caricias negativas que las sustituyan.

Algún día te hablaré del Modelo PCM (Process Communciation Model) desarrollado por Taibi Kahler y utilizado por la NASA durante 18 años para seleccionar astronautas y diseñar tripulaciones.

Gracias a él podrás conocer más en detalle cuáles son los seis tipos de personalidad, qué tipo de caricias necesita cada uno, cuál es su forma de comunicación favorita y la forma de ver la realidad que tiene cada uno.

De momento quédate con la idea de que es normal que tus hijos reaccionen de forma diferente a una forma única de comunicar, la tuya.

Y vete fijando en qué tipo de caricias positivas prefiere cada uno. Esto hará que vayas mejorando tu auto-liderazgo y puedas darle a cada uno lo que necesita. Ya sabes que como pasa en la empresa el “café para todos” no funciona.

Por suerte cada uno somos diferentes, y cada uno tiene sus propias necesidades individuales. Y esto incluye … tus sueños.

Por la familia de tus sueños.

Matti

Próximo Taller de Auto-Liderazgo en Madrid

El próximo día 27 de marzo vamos a celebrar en Madrid un Taller de Auto-Liderazgo.

Auto-Liderazgo - Matti HemmiAuto-Liderazgo - Matti HemmiAuto-Liderazgo - Matti Hemmi

Si eres líder de un equipo, o tienes responsabilidad sobre el personal de tu organización, y … Seguir leyendo Próximo Taller de Auto-Liderazgo en Madrid

¿Preguntas incómodas?

¿Existen de verdad? ¿Son preguntas incómodas? ¿o es que te sientes incómodo/a cuando según quien te hace según qué preguntas?

Decir que “una pregunta es incómoda” es darle un poder a las palabras que éstas no tienen. Cualquier pregunta es en si misma lo que queramos hacer de ella. Somos cada uno de nosotros los que le damos significado e importancia. Sin embargo esto a menudo se nos olvida.

Blog de Matti Hemmi

Lo que he comprobado es que, según en qué rol me encuentre en la vida, hay preguntas que siento como más fáciles o más difíciles.

Cuando estoy trabajando con mis clientes, y mi contrato con ellos está claro, no tengo problema alguno en ser tan confrontativo como la situación lo requiera. Eso sí, siempre desde el cariño.

O al menos en grupo. Porque en la distancia corta reconozco que a veces aún no hago las preguntas que nos ayudarían a ambas partes a conseguir lo que ambos queremos.

Pero en otros contextos que no sean el profesional, no lo hago tan a menudo.

Recientemente volando de Londres a Madrid, mi compañera de asiento llevaba el libro electrónico encendido mientras el avión iba rodando por la pista para el despegue.

La miraba de reojo con rabia, porque hacia tiempo ya que el piloto había dicho que debían apagarse todos los dispositivos electrónicos, pero ella hacía caso omiso. A pesar de la asertividad que a menudo pienso que me caracteriza, en este caso no me estaba atreviendo a decirle nada.

Al poco tiempo llegó la azafata. Mientras se sentaba enfrente nuestra en su asiento en la salida de emergencia, mi compañera de viaje apagó con cierto disimulo su libro. O al menos lo cerró.

Y mientras el avión seguía cogiendo velocidad por la pista, yo seguía rumiando si lo tendría apagando o no. Cuando por fin el avión despegó y cogió la altitud suficiente, se apagó el piloto que indicaba que podíamos encender de nuevo los aparatos electrónicos.

Entonces respiré tranquilo.

“¡Ya no tengo que decirle nada!”.

¿El problema se había arreglado sólo? Puede, pero a mi me quedó la sensación de que no había hecho lo que era necesario para mi seguridad y en este caso la de los demás.

Probablemente pienses que estaba un poco más suspicaz de la cuenta.

Sin embargo, hacía pocos días que un amigo piloto me había contado como en una ocasión se había quedado sin corriente en toda la cabina, y se le habían apagado todos los indicadores, por culpa de un aparato electrónico que les produjo una interferencia.

No sé qué tipo de aparato era, pero ante mi desconocimiento, cualquier aparato era susceptible de causar algo parecido.

¿Y por qué te cuento esta historia?

Por un lado para que compruebes si hay algún tipo de preguntas que encuentras incómodas, a hacer o a no responder.

En el primer caso te invito a que lo consideres una oportunidad para descubrir qué creencia subyace a ese comportamiento. Tal vez, la de “¿hacer preguntas incómodas es de personas maleducadas?“, como en algún chiste de Jaimito. O incluso que actitud: ¿puede ser la de “no seré aceptable si hago preguntas incómodas“?.

En ambos casos puedes probar a ver qué ocurre y cómo cambia tu vida si decides probar por ejemplo con otra creencia, “la gente es madura y tiene capacidad de sobra para no contestar si no quiere“. O con otra actitud, “soy aceptable como ser humano independientemente de mis emociones, pensamientos y comportamientos”.

En el segundo caso te invito a que te des cuenta de qué pasa en tu interior, o en la relación con la persona que te hace la pregunta “incómoda”, si decides contestar la pregunta con un “interesante pregunta pero no la voy a contestar” o si decides contestar lo que te preguntan y fijarte en cómo reaccionas interiormente, cómo te sientes, qué piensas. Estoy seguro de que descubrirás aspectos de tu forma de liderarte que te sorprenderán y que añadirán una nueva dimensión a tu autoconocimiento.

Además y para terminar, puede ser interesante que compruebes en qué contextos vives con incomodidad esas preguntas, y en cuales no. En qué roles estás, profesional, pasajero, compañero, padre, hijo, amigo, …

Confío en que poco a poco las preguntas de cualquier tipo las vivas como preguntas que te dan la oportunidad de descubrirte.

¡¡Que lo disfrutes!!