Último post de 2011. De paradigmas que acaban y otros que empiezan.

Preparándome ya para dejar atrás 2011, y mientras empezaba a escribir este post, escucho en la TV que Yves Saint Laurent decía que “detestaba la moda porque estaba pasada de moda”.

Me resulta interesante la frase porque por un lado es una provocación Read more of this >>

Liderazgo y cultura de innovación

Liderazgo y cultura. Cultura y liderazgo. La forma en que los primeros líderes de tu organización respondieron de forma exitosa a los retos que se les fueron presentando terminó convirtiéndose en vuestra cultura, y salvo esfuerzos conscientes en otra dirección, esa será en gran medida la cultura que ha prevalecido.

Lo normal es que los sucesivos líderes que van llegando a una cultura la alteren poco, ya que la inercia de las formas de hacer está asentada en las mentes de los que forman la organización y ésta difícilmente se cuestiona. Y cuando se hace no suele ser de la forma organizada y holística que un cambio de esta índole requiere. Read more of this >>

¿Qué tipo de interés produce invertir en … ?

Lo siento por mis clientes bancarios, y otros colegas que ofrecen inversiones, pero no he me podido resistir. Y te lo voy a contar.

Hace unos días recibí el newsletter de Peter Thompson en el que hablaba sobre tipos de interés y generación de riqueza. Y hablaba de los tipos de interés que ofrecían distintos bancos en el Reino Unido, y de repente me acordé de un artículo que leí hace no mucho de Warren Buffet en el que le preguntaban: “¿en qué aconseja a la gente que invierta en estos tiempos de grandes cambios?”.

Y su respuesta fue clara: “en uno mismo”.

Y es que es demasiado obvio, pero quería contártelo.

Hay gente que se pasa la vida buscando en qué invertir.

Si es tu caso, quizás seas de los que quiere invertir a título personal en un gran negocio, y piensas dónde puedes meter los ahorrillos, o ahorrazos. Y te pasas el día leyendo informes, publicidades y otros sobre bancos, sociedades de inversión, casas, parcelas, ¿coches?, sellos, monedas, bosques, etc.

O tal vez eres de los que te gusta pensar dónde debería invertir tu organización. ¿Cuál es el proyecto al que tienes que dirigir los recursos de tu organización? ¿En qué mercado merece la pena invertir? ¿En qué tipo de tecnología nos metemos?

Y la lista de posibilidades se alarga y se alarga, pero no terminas de darte cuenta.

¡Mírate al espejo!

La mejor inversión la tienes delante tuya.

Y concretamente en la parte superior de la imagen.

Ya tienes el activo en el que invertir. Empieza por “c” y acaba en “o”:

C – E – R – E – B – R – O.

O como a veces se le escapa a mi hijo pequeño, “c – e – l – e – b – r – o “.

La verdad es que sería un buen mantra, “celebro tener un cerebro”.

Ya tienes la inversión, la herramienta, el activo. Pero no lo estás apalancando tanto como podrías. No le estás sacando suficiente partido.

Es posible que aún no termines de verlo como un recurso infra-utilizado, y sobre todo, infra-apalancado.

Eso sí, probablemente no sea una decisión consciente. Claro como no lo ves, se te olvida que está alojado ahí detrás de los ojos que están leyendo esto.

Y dentro de ese cerebro, o alrededor, o en la nube, o donde tú lo quieras ubicar, tienes el sistema operativo, también llamado “mente”.

Es de código abierto. Bueno, quizás habría que decir que es de código invisible. Y por si no lo sabes, sacan actualizaciones constantes para el mismo.

Algunas ya salieron mucho antes de que apareciera Internet y las sacaban unos locos griegos hace más de 20 siglos. A veces vienen en forma de libros, otras en forma de cursos, masters, etc.

De hecho hay hasta instaladores personales.

Lo malo es que no sabes muy bien cuales son los parches que más te convienen.

Pero para eso no hay nada como dedicar un tiempo a descubrir lo que te apasiona en la vida. O como dice Ken Robinson, a descubrir y abrazar tu “elemento”.

Bueno, pues resulta que las personas que más disfrutan en esta vida, son aquellas que mejor uso hacen de ese regalo que todos recibimos en la infancia y que nos permite darnos cuenta de las cosas, y hacer, sentir, pensar, disfrutar, reir, llorar, etc.

Son aquellas que se ocupan de descubrir su pasión, y si entregan a ella. Dentro o fuera del trabajo. Hombre, si puedes combinar pasión y trabajo, tanto mejor.

Sin embargo, aunque todo esto es más o menos sabido, después de la “configuración obligatoria de fábrica” en los dos “centros de programación”, llamados familia y sistema educativo, dejamos nuestro sistema operativo que vaya casi en piloto automático.

Bueno, a veces lo llenamos de contenidos técnicos, pero no lo hacemos evolucionar en todas sus dimensiones. Y claro luego nos dedicamos a buscar fuera lo que en realidad sigue esperando dentro, a ser potenciado.

Y es una pena porque no nos damos cuenta del interés que podríamos generar con él. Para nosotros mismos, y para los demás.

De hecho ya no sólo en ti, sino también en las personas que diriges o coordinas. Es muy probable que por no darte cuenta de lo anterior estés sufriendo el “síndrome del bajo retorno”. Esto es, estés pagando el 100% del salario a cada uno de tus colaboradores, y usando sólo una parte ínfima del talento que albergan el cerebro y mente de cada uno de ellos.

Con lo cual, ya que por ley no te dejan bajarles el salario, te recomiendo que te propongas ayudar a tus colaboradores a apalancar su talento. Eso sí, empieza primero por ti, ya que es más fácil empezar a apalancar el talento de otros, cuando te des cuenta de lo rentable que te sale apalancar el tuyo propio.

De hecho esto mismo te lo puedes aplicar en casa o con los amigos y colegas. Si quieres ser más interés-ante y sacarte más provecho a ti mism@, la receta es la misma:

Invierte en ti.

Tu cerebro y tu mente están ahí esperando a que te des cuenta de que la solución a lo que te/os/nos ocurre, a tus/vuestros/nuestros problemas, a tus/vuestras/nuestras dificultades, pasa por sacarte mejor partido a ti mismo.

No te engañes. La solución no está ahí fuera.

Está dentro de ti.

De hecho, lleva ahí toda tu vida.

Invierte en ti.

Innova-te.

Re-hazte.

Incluso, re-create.

¡Deja de quejarte, y actúa!.

Comienza a aprender y a crecer. No hace falta que hagas un master para esto.

Empieza por conocerte mejor.

Por mucho tiempo que lleves por aquí, siempre te quedarán cosas por conocer sobre tus propias posibilidades.

Y abreviando el proceso, haz por descubrir lo que te apasiona.

De este modo empezarás a brillar, y así entre todos empezaremos a generar la cultura de innovación que este planeta necesita. Entre todos podemos llegar a iluminarlo de verdad.

Y si estás de acuerdo, date prisa porque el planeta se está poniendo calentito de tanto esperar, y nos sobran “iluminaos” de los otros.

Nos vemos en el camino.

Resources and resourcefulness. O ¿cuándo algo se convierte en recurso?

Leyendo hace un rato el post de Raúl Piriz ¿Cómo podemos hablar de recuperación económica si suspendemos, otra vez, en competitividad y productividad? me he acordado de un post que leí hace menos de un mes en una web americana de innovación.

Lo curioso es que no me acuerdo del contenido del post americano, pero si de cómo contextualizaba el autor la situación. Decía algo así como, “tras la crisis económica que sufrimos en 2008 y 2009 …”.

Al leerlo sentí una mezcla de rabia e impotencia. De la “crisis que sufrimos en 2008 y 2009″. Manda narices.

Hablaba en tiempo pasado de algo que a España nos toca tan de lleno en este momento. Era como si viviésemos en otro planeta.

Me imagino que salvando las diferencias obvias, podría ser algo parecido a lo que los habitantes de países subdesarrollados sentirán cuando ven cómo vivimos en Occidente, al menos desde el punto de vista de disponibilidad de recursos. Ellos también deben pensar que vivimos en planetas diferentes.

Y es que en cierto modo estamos subdesarrollados.

Y no por falta de recursos, porque como leí recientemente un recurso es un recurso en el momento en que sabes cómo sacarle provecho. Entre tanto sólo es algo que simplemente está ahí.  Estamos subdesarrollados en el uso de nuestros recursos propios.

Así, durante muchos siglos, el petróleo fue tan solo algo negro y viscoso que no valía para nada, y que como mucho manchaba. Solamente cuando alguien aprendió cómo sacarle provecho, se convirtió en un recurso. Y por cierto, muy valioso.

Lo mismo le ha pasado a muchas materias primas: el papel, que antes sólo era un árbol, el caucho que antes sólo era savia, la miel que antes sólo era algo que producían unos bichos voladores, las hojas de árbol que se convierten en figuras…

Y en cierta manera, algo similar le ha pasado a otros muchos recursos actuales creados por el hombre. Algunas personas crearon nuevos recursos que pensaron podría aportar valor a alguien, pero con poca conciencia del verdadero potencial.

Sin embargo ha sido habitual comprobar, como siempre a toro pasado, que la capacidad intuida para muchos recursos por sus creadores ha desbordado por mucho lo que inicialmente se imaginó.

Es decir, su creador le intuyó una capacidad como recurso, y otras personas del sistema se ocuparon de multiplicar por mucho su valor encontrándole nuevas utilidades. Y haciendo así de ello un recurso mucho más valioso.

Por ejemplo, los SMS pasaron de ser un posible medio para avisar al usuario de llamadas perdidas, a ser un negocio multimillonario. Internet ha evolucionado de ser un invento para intercambio de información entre militares y entre universidades a revolucionar la sociedad en la que vivimos. Y así podría listar muchos otros recursos actuales.

Y ahora viene lo que para mí son nuestros recursos más importantes. Y no hablo de dinero, ni de petróleo. Me refiero a cada uno de nosotros como individuos con un potencial increíble, e increíblemente poco desarrollado.

Cuando hablamos de nosotros mismos, nos cuesta mucho darnos cuenta de la cantidad de recursos, o recursos en potencia, con los que contamos y de los que hacemos un uso poco provechoso.

Y en este caso me refiero concretamente a dos: 1) a nuestra propia vida a la cual nos solemos referir usando una de sus unidades de medida, a la que llamamos tiempo, y 2) a nuestro cerebro y a las funciones que éste puede hacer.

  • Al hablar del tiempo es fácil que no le demos carácter de recurso. De hecho hacemos un uso cuando menos curioso del mismo. En general lo usamos de forma bastante pobre. Como evidencia tenemos algunas frases como “matar el tiempo”, “no tengo tiempo”, me falta tiempo”.

¿Cómo que no tienes tiempo? 24 horas como todo el mundo.

Otra cosa es cómo lo priorizamos cada uno. ¿A qué decidimos dedicarlo?. ¿A hacer cada día más de lo mismo, y obtener como mucho los mismos resultados?, ¿o a prepararnos para adecuarnos cada vez mejor a un entorno cambiante?.

Considero que (al menos en Occidente y mientras se sea una persona sana física y mentalmente) cada uno es responsable de decidir cómo usa su tiempo, qué decisiones toma, y en definitiva, cómo se gestiona, cómo gestiona su vida.

O dicho de otra manera. Cada uno es responsable de tomar conciencia del hecho de que si no toma la iniciativa para hacer de su tiempo y de sus otros recursos algo cada vez más valioso, es posible que pierda la posibilidad de alcanzar su felicidad porque otros le coloquen en una situación (vía despido, vía hacerle incompetente, etc) en la que se sienta como una víctima del sistema.

Y entre tanto el tiempo, nuestra vida, sigue pasando. ¿Cómo de consciente eres de hacer un uso útil del mismo que te ayude a ser feliz ahora y en el futuro? ¿Cómo de consciente eres de cómo haces para aportar cada día más valor, es decir, de hacerte más valioso para ti y para los demás?

  • De igual modo pasa con nuestro cerebro y una de sus funciones más interesantes, la mente. ¿Cómo de consciente eres de cómo lo estás usando? Hace aproximadamente un año escuché al auto de un audio-libro (libro hablado grabado en un CD o DVD) que tenía una gran noticia para sus oyentes: “Todos traemos de serie un cerebro. Gratis. No hay que pagar extra por él”.

La verdad es que la afirmación me encantó. Me pareció brillante. Era una obviedad, sí. Pero ligándolo con el concepto de cómo el cerebro puede ser un recurso mejor o peor usado, me pareció que abría una forma de explicar nuestra responsabilidad, para con nosotros mismos, aún más interesante.

Y si consideramos el cerebro como algo natural que el hombre recibe al ser concebido, y que por tanto no manufactura, es decir, si lo consideramos simplemente como materia prima (en este caso materia prima gris) es obvio que si no tenemos taras físicas ni mentales, sacarle más provecho es un asunto de voluntad y de inteligencia, más que de tecnología.

Yendo ahora al terreno organizacional, es muy probable que como directores no nos demos cuenta de que cuando fichamos personas, fichamos también cerebros (en el sentido más estricto del término) con mentes con un potencial impresionante por desplegar.

¿Y cómo nos estamos asegurando de aprovechar ese potencial, ese recurso?

Muchos se limitan a diseñar buenos procesos. Otros, mejor intencionados, optan por la formación de esos recursos.

Pero, ¿qué hay de invitarlos a ponerse a trabajar en los desafíos que tenemos cada día en nuestras organizaciones y darles la oportunidad de verdad de desafiar los modelos mentales obsoletos que mantenemos y que sostienen los problemas? ¿de generar nuevas ideas y aprovechar su potencial creativo? ¿de permitir que nos demuestren que estábamos equivocados en defender la forma histórica de hacer? ¿de aceptar que no lo sabemos todo por mucha experiencia que tengamos? Al fin y al cabo, la experiencia tiene que ver con el pasado y muchos de los problemas actuales sólo podrán solucionarse con ideas creadas con plena conciencia del presente. Con plena conciencia de la nuevas necesidades que han ido surgiendo.

Es obvio que como líderes tenemos una gran miopía que necesitamos corregir. Y me temo que la operación que tenemos que hacer para lograrlo no es de bisturí. Y que la operación no hay que hacerla sobre los demás, sino sobre nosotros mismos. Es decir, sobre nuestra limitada forma de leer la realidad, sobre nuestra poca convicción de tener a nuestro cargo cerebros (y mentes) con un potencial brillante por desplegar.

Nuestro trabajo será por tanto el de hacer los cambios oportunos en nuestro modelo del mundo para crear el ecosistema interno, la cultura, que saque lo mejor de los cerebros de nuestros colaboradores, y por supuesto del nuestro propio. Y como consecuencia, del otro valioso recurso, su tiempo. Para ello necesitaremos ampliar nuestra conciencia y desarrollar una nueva forma de auto-liderazgo.

Es cuestión de aprender cómo apalancar el potencial de nuestros “recursos humanos”, de las personas que trabajan con nosotros, que por diferentes motivos no estamos sabiendo aprovechar.

No es cuestión de falta de recursos. Es cuestión de aprender a sacarle mucho más provecho a los que ya tenemos.

Y el cambio para lograrlo, como siempre, empieza en ti.

¿La Voz del Cliente o la Voz del PAN?

A principios de junio se celebró entre los días 6 y 9, la XXI edición de la conferencia ISPIM bajo el lema “The Dynamics of Innovation”. A diferencia de otras conferencias o congresos sobre innovación y/o creatividad a los que he asistido, en esta me sorprendió el alto número de académicos que asistían, y por contraste el bajo número de practitioners, o consultores.

Este feedback (negativo, ya que no era lo que yo inicialmente esperaba) que me llegaba de la conferencia me hizo pensar, y fijarme mucho en el trabajo de los doctorandos que a través de proyectos de investigación desarrollan y validan sus hipótesis iniciales.

Como el taller que iba a dirigir yo se celebraba en la tarde del último día del congreso, tuve la oportunidad de darle vueltas y pensar sobre el tipo de ejemplos a comentar, de modo que mi ponencia les resultara comprensible y útil a las personas que podrían asistir.

Y lo que inicialmente fue un ejercicio de adecuación de mi ponencia al público más centrado en la investigación, me sirvió luego para darme cuenta de que cada vez que en innovación hablamos de la importancia de la Voz del Cliente (VOC, Voice Of the Customer), mentamos al cliente como si éste tuviese una única voz.

Al ir adecuando los ejemplos, y los conceptos que iba a explicar en las dinámicas a utilizar en el taller, tome conciencia de la importancia del AT en la investigación de innovación. Y me explico.

Cuando en AT hablamos de los Estados del Yo a nivel funcional decimos que las personas podemos actuar desde el Padre Crítico, el Padre Protector, el Adulto, el Niño Libre o el Niño Adaptado (Sumiso o Rebelde), y al hacerlo rescatamos material almacenado a lo largo de nuestra vida en los almacenes estructurales, es decir en el Padre (lo aprendido) o en el Niño (lo experimentado).

Sin embargo, cuando en investigación hablamos de la importancia de entender la Voz del Cliente, y/o la Experiencia de Usuario, simplificamos y consideramos al cliente como a una unidad sin divisiones. Es decir, que obviamos, o descontamos, desde que Estados del Yo actúa, siente y se comporta el cliente.

Y al darme cuenta de esto me acordé de un ejemplo que a veces comento con mis clientes cuando les ayudo a interpretar su egograma (gráfica que refleja en qué Estados del Yo tendemos a poner nuestra energía).

Cuento en estos casos que en mi egograma, el Padre Crítico me sale más alto que el Padre Protector, y por ello mi tendencia (y así cumplo el arquetipo de ingeniero) es a fijarme primero en los resultados y luego en las personas. Por suerte para mí, y gracias a mi trabajo de desarrollo personal, esta tendencia o inercia no siempre se manifiesta así, pero me guste o no, la querencia sigue ahí, y “como la cabra tira al monte….”.

Por otra parte tener un Padre Critico más alto favorece también en mi caso el que uno de mis impulsores de la personalidad sea el de la perfección, es decir, bajo estrés tiendo a actuar desde lo que llamamos el “Sé perfecto”. No es esto que sea perfecto, sino que tiendo a buscar la perfección, y a veces de modo poco eficiente. Esto a veces se manifiesta a través de aspectos simples como por ejemplo el hecho de que me cueste mandar SMS sin tildes.

El Padre Crítico alto y el Sé perfecto son dos buenas formas de mantener de forma inconsciente el cumplimiento de las normas, y de paso ser muy obediente.

El caso es que estando un día en el supermercado mientras compraba con mi familia, y mi primer hijo tenía por aquel entonces 3 años, se me acercó, me tiró del pantalón, y con su lengua aún un poco de trapo, me dijo que tenía sed.

Yo le contesté que no se preocupara que ya había cogido una botella de agua. Y lo que yo en realidad pensaba era, “no te preocupes hijo que ya la he cogido, y cuando salgamos y la haya pagado, te la daré para que puedas beber”.

Claro mi hijo lo único que entendía en ese momento era que tenía sed, y me volvió a insistir. Y yo enrocado en mi “hijo, ya tengo la botella en el carro”.

Por suerte para mi hijo, y también para mí, mi mujer se enteró de la petición de mi hijo y de mi “pulcro” comportamiento, y tras una mini conversación tipo:

-       Ella: “¿pero qué te pasa?, ¡dale agua al niño!”

-       Yo: “¡es que aún no la he pagado!”

-       Ella: “¿pero la vas a robar?”

-       Yo: “¡no!, pero es que no la hemos pagado”

-       Ella: “anda trae para acá”

Gracias a la intervención de mi mujer, me dí cuenta de que mi comportamiento era fruto de mi Padre Crítico que me “invitaba” a ser obediente y a que mi Niño Adaptado Sumiso cumpliese las normas a rajatabla.

Ese día  fue muy ilustrativo para mí, y aunque hoy en día mis hijos ya comen y beben durante la compra, eso sí, dejando los envases en el carro, aún puedo notar mi inercia mental, y escuchar la vocecilla interna diciendo “aún no lo has pagado, aún no lo has pagado”.

¿Por qué cuento esta anécdota en relación a la investigación?.

Porque en la conferencia de ISPIM según preparaba los ejemplos me dí cuenta de que los investigadores generalmente consideran la voz del cliente, de cada cliente que observan o investigan a nivel cualitativo, como una única voz. Y como consecuencia, si no tienen un modelo como el del AT, no van a distinguir qué Estados del Yo van a estar operando en un sujeto en una determinada experiencia de usuario. Y por tanto, perderse detalles que pueden ser fundamentales para mejorar sacando innovaciones que de forma premeditada, satisfagan a la vez necesidades de varios Estados del Yo.

Y como ejemplo está el hecho de que gente como yo, con un Padre Crítico más fuerte que el Padre Protector, normalmente no le contaría a un investigador esa conversación interior entre los Estados del Yo operantes en dicho momento, y le daría unas racionales respuestas de Adulto, o más probablemente de Adulto contaminado con el Padre, en las que el investigador dejaría de obtener mucha información interesante para comprender qué oportunidades de innovación hay disponibles en esa situación.

Espero que se haya entendido la explicación en la que tiro de conceptos ya comentados en otros posts, y que algunos investigadores se interesen por el modelo del Análisis Transaccional y como más que hablar de la Voz del Cliente, deberían hablar de la Voz del Padre-Adulto-Niño, o Voz del PAN.

Y como hoy a ganado España a Portugal, desde mi Niño Libre, sigo contento por el gol de Villa, a pesar de que mi Padre Crítico no esté muy convencido del juego de la selección.

En fin, que siempre hay más voces operando de las que somos concientes.

Si quieres más información respecto a alguno de los conceptos descritos, puedes revisar posts anteriores o mandarme un mail, o comentario con tus preguntas.

¡¡Buena escucha!!