Alicia y La Roja, sin Caperucita

“Alicia se rió: “no tiene sentido intentarlo”, dijo: “no se puede creer en cosas imposibles” “Yo mas bien diría que es cuestión de practica” dijo la reina. “Cuando yo era joven, practicaba todos los días durante media hora. Muchas veces llegue a creer en seis cosas imposibles antes del desayuno” (Lewis Carroll Alicia en el país de las maravillas)


Esta tarde he recibido un mail de una colega belga en el que firmaba con el párrafo anterior. Y me ha encantado la frescura de su posicionamiento.

Claro que, para mucha gente, será otra pirada más. Para mí en cambio, en ese párrafo se resume la esencia de los que quieren, queremos, seguir creyendo a pesar de las apariencias (de que todo está mal y todo está lleno de imposibles).

Y sobre todo, de los que queremos seguir creyendo en desafiar a nuestra lógica ‘obsoleta’ basada en la experiencia que afirma, sin temor a equivocarse, “eso es imposible”.

Obsoleta, porque en el momento en que esta experiencia ha pasado, puede ser rebatida por alguien demostrando que el imposible no lo era. Como el record que parece imposible, y que en cualquier momento alguien consigue batir.

Como el de “la roja”, que sin caperuza, ni Caperucita, ha desafiado al lobo que le decía que era imposible, y que ya en la Eurocopa tuvo que callarse.

La experiencia que adquirimos como adultos tiene, como todo, cosas buenas y cosas malas.

Las buenas tienen que ver entre otras, con que nos da mucha información, con la que podemos tomar decisiones, y de la que podemos aprender. Si no la hubiésemos sabido aprovechar, estaríamos todavía en las cavernas.

Las malas, están directamente relacionadas con, y pueden incluso surgir de, las buenas. Y es que en demasiadas ocasiones, convertimos la experiencia, y el correspondiente aprendizaje, en un juicio que terminamos dando por hecho y convirtiéndolo en una creencia. Y como tales, las asumimos.

Y con estas creencias como pilares construimos un discurso lógico de cómo es la realidad, pero sobre todo, de cómo ha de ser en un futuro.

Y claro queremos, desde nuestro pensamiento mágico, que el futuro sea una continuación de nuestro pasado, basado en la lógica que ya dominamos, para que no tengamos (o suframos de) el mal de incertidumbre.

Porque si creemos en los imposibles, nuestra lógica se podría desmontar, estaríamos equivocados, y nuestro ego quedaría por los suelos, ¡qué horror!.

¡Que le corten la cabeza al que crea en los imposibles!

Necesitamos aprender como sociedad, o al menos de momento como individuos, que las palabras que usamos, que los juicios que hacemos son refutables, y que una etiqueta puesta en un momento de debilidad “incertidumbral” no debería servirnos como excusa para dejar de cuestionar de forma sana, y cada vez que sea necesario, que los imposibles que decimos o que escuchamos son siempre, o casi siempre, temporales.

Y de nuevo Alicia rió: “ tiene sentido intentarlo”, dijo: “si que se puede creer en cosas imposibles”.

¿Qué hago, qué pienso, qué valoro? El modelo de auto-gestión

Son las 01:50 AM de la mañana, estoy en un Novotel en Valencia, a donde he venido para hacer un taller mañana, y he llegado esta tarde después de asistir a la presentación del libro de Juanma, “El reto de ser feliz; como vivir sin estrés”, que he tenido el honor de prologarle.

Estoy pensando en meterme en la cama, pero sigo estirando la noche para sacarle tiempo al tiempo, mientras tomo conciencia de mi cabreo por no haber posteado en febrero. En mi código de honor particular, esto ha sido una verdadera transgresión después de meses cumpliendo con el objetivo de postear al menos una vez al mes.

Está claro que con la carga actual de trabajo que llevamos estos meses  es fácil que el estrés (habitualmente eustrés) se convierta a veces en distrés, y no hagamos o al menos en mi caso no haga, la mejor auto-gestión posible . En fin que toca poner límites a la dedicación profesional ya bastante “extendida” más allá de las 8 y 10 e incluso 12 horas, para mantener el tamaño de la empresa y no hacerla crecer, recuperar el equilibrio personal y no sucumbir al éxito en estos extraños tiempos que corren y donde parece pecado aplazar o incluso rechazar trabajo.

Por todo lo anterior he decidido acabar hoy el post para el que puse el título en febrero, pero no contenido. Y lo hago un poco más que medio cabreado por no estar aplicándome el modelo de auto-gestión del que precisamente versa el post, y que recientemente he incorporado de forma apreciable (aunque no siempre) a mi particular caja de herramientas, después de asistir en febrero a la segunda semana de formación en el programa de Consultoría Sistémica que inicié este año pasado.

La verdad es que desde que he empezado a aplicarme el modelo, he tenido unos cuantos insights de mucha calidad que me han dejado bastante perplejo por lo sencillo que ha sido tenerlos.

La duda que me surgió a los pocos días de darme cuenta de cómo me estaba resultando de sencilla su aplicación, era si su aplicación es realmente así de sencilla, o es que la suma de muchas, muchas horas de desarrollo personal, más la grandeza y a la vez simpleza del modelo, permiten esta calidad en los insights.

Como no pretendo aclarar este aspecto, ni dar una explicación magistral del modelo, sino más bien contar cómo lo he entendido y los beneficios que estoy obteniendo con él, me centro en la explicación.

El modelo de auto-gestión, aprendido de las enseñanzas de Tim Ingarfield, y posteriormente de John McWhirter, se basa en la toma de conciencia de distintos aspectos de una experiencia a través de la exploración de la misma desde distintas perspectivas. Para lograrlo se recomienda que la exploración se realice de forma espacial. Es decir, de pie y cambiando físicamente de sitio en cada una de las perspectivas. O dicho de otro modo, físicamente debes desplazarte por las distintas posiciones del modelo con el fin de facilitar el movimiento mental necesario para cambiar de perspectiva con mayor contundencia.

El modelo puedes auto-aplicartelo sin más, o usarlo con tus clientes.

Lo primero que haces, o que invitas a hacer a  tu cliente (en consultoría o terapia), o a tu coachee, es a ponerse de pie en un sitio en el que tenga espacio suficiente por detrás para ir retrocediendo físicamente en las sucesivas fases de la aplicación del modelo. Puedes poner marcas en el suelo que representen las distintas posiciones, o simplemente considerar que cada paso hacia atrás te mueve entre las posiciones del modelo.

En esa primera posición (numerada con un “1” en el gráfico con las flechas, y representado por la nube en el gráfico con los cuadrados) conectas con la experiencia, o pides a tu cliente que conecte con la experiencia, en el sentido más básico de la palabra.  

Es decir, te fijas en cómo es la escena, qué personas, partes, elementos hay en la misma, pero sin tomar en consideración tu rol en la misma. En mi caso en este momento sería, hay una persona, o sea yo, sentado delante de un portátil escribiendo algo. Si conectas a nivel emocional, genial, pero sin tratar de explicarlo, simplemente conecta con ello.

A continuación debes (o en su caso tu cliente) retroceder un paso hacia atrás a la posición marcada con la flecha número 2, o posición en la que debes conectar con el desempeño. Con el “qué es lo que hago yo” dentro de esta experiencia a  la que le estoy pasando el modelo de auto-gestión.

En mi caso sería algo así; estoy escribiendo un post en el que describo un modelo de desarrollo personal y profesional. A eso puedo añadirle que me estoy manteniendo despierto a altas horas de la noche. Que tengo el portátil apoyado en mi regazo. Que tengo el portátil enchufado a la red. Que estoy a la izquierda de la cama, y con la mesa a un metro de mí.

Y para mantener el ámbito reducido, y el ejercicio de explicarlo lo más simple posible, no amplio mi descripción de mi desempeño, pero podría describir muchas más cosas, a poco que escarbase.

Tras pasar por el desempeño, retrocedo a la casilla número “3”, donde examino mi gestión. Es decir, lo que pienso mientras ejecuto ese desempeño. En esta posición mi objetivo es tomar conciencia de las cosas que pasan por mi cabeza mientras las hago.

En el caso real que estoy describiendo, pienso, ¡coño, no he mencionado a Tim al decir de quién aprendí el modelo!. Y como consecuencia he ido al punto correspondiente del post, y lo he modificado. Además de pensar en lo de Tim, pienso que quiero hacer un post claro en el que con una simple lectura puedas enterarte de este modelo. Y sigo pensando: me vuelve a asaltar la duda de si el modelo es así de simple o es sólo a mí que me lo parece. Sigo decidiendo desde mi pensamiento que no voy a entrar en ese punto.

Tras revisar la gestión, y la cual he descubierto (a través de la aplicación práctica del modelo) que muchas veces no contemplo en mi quehacer diario, retrocedo otra posición, a la número 4, hasta la dirección. En esta posición el foco está en entender por qué es esto importante para mí. Qué valoro de esta situación que estoy evaluando.  A un nivel un pelín más sofisticado, sería tomar conciencia de, ¿de qué me alejo?, y ¿a que me acerco? cuando actúo en esta situación.

De nuevo retomando el caso que me ocupa, y son ya las 02:58 (joder como pasa el tiempo), me doy cuenta de que valoro cumplir los compromisos que me planteo. Valoro mi credibilidad al haber decidido iniciar un blog y postear cada mes. O casi. Valoro mi imagen personal a futuro. Valoro que haya personas que quieran echar un ojo a lo que he escrito este mes. Y en más profundidad, me alejo de ser un profesional más en la consultoría, de ser un consultor que no destaca, sin quererlo conscientemente me alejo de estar durmiendo, de estar más descansado mañana por la mañana, de estar más relajado mañana cuando acabe el taller, y vuelva a Madrid. Y me acerco a mi visión personal, me acerco a cumplir mis compromisos, me acerco a ti que estás leyendo esto, me acerco a la escritura que me gusta, y de la que quiero hacer una parte de mi trabajo futuro.

Una vez revisada esta posición paso a la quinta y última desde el punto de vista formal. Es la supervisión. En ella reviso el conjunto de la secuencia analizada, y me planteo si lo que acabo de revisar me da una sensación de fluidez, de integridad, de completud, de equilibrio, de armonía, o si falta alguna de esas cosas. Al hacer esta revisión puede ser útil volver a alguna de las posiciones anteriores y observar que pasaría si me fijara en algún otro aspecto, del que a lo mejor me he dado cuenta ahora en la supervisión. O de un aspecto que mi guía en el ejercicio me ha dicho que considere. Al hacerlo añado más detalles y posibilidades a la revisión de la situación, y puede que tome conciencia de posibilidades de acción, gestión o dirección que antes no había considerado.

Y volviendo por última vez a mi caso, que son ya las 03:07, me doy cuenta de que en la gestión sólo he contemplado aspectos profesionales. Y eso me lleva a darme cuenta de que una vez más necesito equilibrar mi lectura de la realidad incluyendo más aspectos de la misma en mis planteamientos vitales, como son por ejemplo, mi salud, mi tiempo de ocio, la posibilidad que habitualmente no me planteo de “fallarle conscientemente” a mis clientes, en el sentido de ser un poco menos cumplidor, para poder así cumplir más con otros clientes no profesionales, léase, familia, amigos, yo mismo.

En fin que a través de este modelo, y de forma muy sencilla resulta muy fácil, o al menos a mi me lo parece, detectar oportunidades de cambio útiles para ti o para tu cliente, al poder analizar esa forma de ser, de estar y de hacer, desde un prisma con muchas caras que da mucha información que normalmente nos cuesta observar.

Y ya para terminar sólo decir, que cuando hayas practicado el modelo suficientes veces de forma espacial, te será fácil hacerlo sin moverte del sitio.

Peeeeero,  si lo intentas así al principio, es muy probable que no te funcione y pienses que el modelo no es útil.

Recuerda que hay muchas, muchísimas cosas en esta vida que necesitas “experienciar” primero para poder comprender qué tienen de bueno y/o de malo.

¿Casos en los que claramente necesitas experienciar para comprender?

Ser padre, hacer el amor, conducir, esquiar, saltar en paracaídas.

Por mucho que te lo cuenten y que trates de imaginarlo no llegarás a entenderlo ni a saber qué se siente en cada una de esos ejemplos, hasta que no lo hagas.

Lógicamente no sugiero que lo pruebes todo en esta vida, pero si las cosas que merecen la pena, como por ejemplo este modelo.

Te deseo mucha suerte en la aplicación del modelo de auto-gestión.

Y si no lo haces, recuerda que dentro de ti hay mucha información útil, que puedes estar descartando, y que esto puede hacer que te pierdas la oportunidad de ser un poco más feliz cada día.

¡¡Me voy al sobre!!

Los mitos del Análisis Transaccional

Taibi Kahler, reconocido transaccionalista ha identificado cuatro mitos relacionados con los impulsores de la personalidad y las emociones sustitutivas. Dos provienen del estado del yo Padre, y otros dos del estado del yo Niño.

Los mitos son:

• “Te puedo hacer sentir bien porque soy responsable de tu pensamiento” (proviene del Padre Protector negativo).

• “Me puedes hacer sentir bien porque eres responsable de mi pensamiento” (proviene del Niño Adaptado negativo).

• “Te puedo hacer sentir mal con lo que te digo” (proviene del Padre Crítico negativo).

• “Me puedes hacer sentir mal por lo que me dices” (proviene del Niño Adaptado negativo).

El primero de los mitos es la creencia que fomenta “salvar” a los demás (hacer el papel de salvador en busca de una víctima en los juegos psicológicos).

El segundo de los mitos es la creencia que fomenta “victimizarse” (hacer el papel de víctima en busca de un salvador en los juegos psicológicos).

El tercer mito es la creencia que fomenta “perseguir” a los demás (hacer el papel de perseguidor en busca de una víctima en los juegos psicológicos).

El cuarto mito es la creencia que fomenta “victimizarse” pero en este caso en busca de un perseguidor.

En realidad, y aunque a veces, nos parezca lo contrario, estos mitos son sólo eso, mitos, ya que nosotros somos responsables de nuestras emociones y sentimientos, y si me enfado o actúo de determinada manera, soy yo el que lo decide. No es el otro el que lo consigue. El otro sólo pone un estímulo al que yo puedo o no responder, y puedo hacerlo de distintas formas.

Esa es la verdadera libertad. En el otro caso, como dice George Kohlrieser en su libro “Hostage at the table”, soy un rehén emocional.

Los mandatos en el Análisis Transaccional

Para aquellos que habéis asistido a alguno de mis talleres y me habéis pedido que os envíe la lista de los doce Mandatos aquí os la incluyo:

• No existas
• No seas tú
• No seas niño/a
• No crezcas
• No lo consigas
• No (hagas nada)
• No seas importante
• No pertenezcas
• No te acerques
• No estés bien/sano
• No pienses
• No sientas

Los mandatos son los mensajes negativos restrictivos normalmente implícitos que recibimos de nuestras figuras parentales (generalmente madre y padre). Cuando los explicamos en relación con la matriz de guión, los mandatos se representan como mensajes enviados desde los estados del yo Niño de las figuras parentales a nuestro propio Niño.

Los mandatos fueron enunciados por Bob y Mary Goulding (fallecida el 7 de diciembre de este año). Los Goulding fueron figuras clave en el desarrollo del Análisis Transaccional, y son sobre todo reconocidos por su trabajo sobre la teoría de la Terapia de Redecisión.