Re-decidiendo, o cómo usar mejor mis recursos actuales

Hoy me ha dado por hacer un post con mensaje comercial. Te lo aviso para que luego no haya sorpresas. Eso sí, tiene sustancia.

Hace un par de semanas estuve en una reunión de trabajo con unos colegas europeos. En ella estuvimos sentando las bases para crear una nueva estructura internacional orientada al desarrollo de organizaciones, en la que lo que prime sea la transformación real de los individuos, y por tanto de las organizaciones a las que pertenecen. Pero no dicho de forma gratuita. Nuestra intención es ayudar a hacer de este mundo, un sitio un poco mejor para todos, por muy ingenuo que le suene a alguno.

El objetivo que nos planteamos es hacerlo en organizaciones con presencia en varios países, e incluso continentes, y con programas de varios módulos con una duración total de en torno a 10 días, trabajando con el Análisis Transaccional, y concretamente con una herramienta que se llama redecisión, desarrollada por Bob y Mary Goulding.

Dicho de forma simple, la redecisión es un proceso por el cual puedes re-decidir decisiones tempranas (o decisiones1) que tomaste en algún momento de tu vida, generalmente en la infancia, y que siguen operando hoy.

Estas decisiones1 fueron coherentes y probablemente efectivas ante una situación y con unos recursos dados. Seguro que a tu yo de entonces le pareció en aquel momento la mejor de las opciones que encontró, o fue la que menos miedo le dio. ¿Chi lo sa?. Pero eso ahora no es importante.

Lo que si es importante es que estas decisiones1 se convirtieron en cursos únicos de acción que ante eventos nuevos, a modo de automatismos, pones en marcha al “conectar” con lo que te aconteció en su día.  Y estas conexiones, como si de gomas elásticas se tratara, disparan el comportamiento, emoción o pensamiento asociado a aquella decisión1 de entonces.

Estas decisiones1 son limitantes ya que mientras no las actualices las sigues utilizando, generalmente de forma inconsciente, sin darte cuenta de que hoy dispones de más recursos que entonces. Es decir, que en el día que decidiste aquel curso de acción. Y lo que es seguro es que ahora cuentas con muchas más alternativas que entonces no “veías”.

El problema, o la oportunidad de desarrollo, está en que tomes conciencia de que esa decisión1 sigue activa en tu “sistema operativo”, y que no está actualizada. Actualizarla, es decir re-decidirla, te permitirá abrir un abanico de oportunidades que hasta ahora estaban en el ángulo ciego de tu conciencia.

Aunque ya lo he redactado así, para tí, esto nos aplica a todas las personas, porque como decimos en AT, los hijos sobrevivimos a los padres, tomando decisiones en las que básicamente buscamos ser aceptados, ser queridos. En muchas ocasiones estas decisiones se enquistan, se convierten en decisiones1 y siguen operando en nuestra vida adulta.

Por eso es fácil ver cómo muchas personas buscan la aprobación de otros, porque en su día decidieron que era la mejor forma de no equivocarse, y por tanto de no ser criticado y si aceptado. O se enrabietan como si tuviesen todavía 6 años porque algo no salió como esperaban.

No voy a entrar aquí en más detalles técnicos sobre cómo se trabaja la re-decisión, pero si quiero comentarte que dado que todos hemos llegado a la edad adulta (bueno, unos más y otros menos), este tipo de trabajo puede beneficiar a personas de cualquier condición, independientemente del escalafón que ocupen en una organización o en la sociedad. Y si eres uno de los máximos responsables de tu organización, te irá muy bien hacer limpieza en el armario de las decisiones no desempolvadas. Al final y al cabo, las consecuencias de tus decisiones añaden o restan dinero a tu cuenta de resultados.

Por todo esto la re-decisión es una de las herramientas que se utiliza también con gran efectividad en el coaching basado en el A.T., sea este para directivos o personal.

Un ejemplo más del tipo de decisiones1 que suele afectar a perfiles ejecutivos es el de la persona que decidió “ser fuerte”. La decisión tomada sería algo así como No voy decir a los demás lo que siento, o peor aún, no voy a sentir, es decir, no voy a atender a las emociones que experimento, ya que en su día sus padres le dijeron que había que ser fuerte en la vida, y que mostrar un cierto tipo de emociones era para débiles, y ellos no querían hijos débiles.

Una persona con este tipo de decisiones1 tiene todas las papeletas para llevar una vida muy sufrida y, peor aún, para somatizar las emociones no expresadas en forma de enfermedades. Puede dar una imagen de fortaleza, pero por dentro estará sufriendo mucho.

Un trabajo de re-decisión, convertirá a la persona en un líder más empático, que además de recuperar la capacidad que ya tuvo de escucharse a sí mismo y que decidió “apagar”, no necesitará ya trabajar con la máscara del “yo soy de piedra y a mi no me pasa nada”.

Si por otra parte un líder pretende desarrollar un entorno innovador será necesario que  tome conciencia de las decisiones1 que le estén frenando a él o ella, y cómo esto está afectando a su equipo, a la hora de dar permisos para pensar diferente, para “hacer el ridículo”, para exponerse, para equivocarse y aprender, para explorar, para ser curioso, para diferir el juicio, para no ser perfecto, etc.

Como habrás intuido, el tipo de trabajo no es sólo intelectual sino que habitualmente requiere cierto trabajo emocional.

Es necesario que la persona libere la energía que sostiene esa decisión1 y añada nuevas posibilidades a su repertorio. Y esto se consigue haciendo nuevas conexiones sinápticas. Es fácil adivinar que el apoyo de los compañeros es fundamental, y que una de las consecuencias co-laterales más interesantes de este tipo de trabajo, cuando se hace en el seno de un equipo, es el aumento de la cohesión entre los miembros del equipo. Y dado que es necesario desarrollar la confianza en el individuo, así como dentro del equipo, y conocer suficientemente los aspectos más importantes del A.T., el trabajo requiere de varios módulos.

Espero que hayas tomado conciencia de alguna de tus decisiones1 y te estés planteando ya cómo cambiarla.

Si por otra parte quieres saber más sobre nuestros servicios de transformación de equipos, o de coaching, no dudes en ponerte en contacto con nosotros a través de www.inknowation.com.

Te deseo una maravillosa re-decisión.

¿Qué estamos haciendo para que la crisis dé paso a un nuevo escenario?

Todos estamos más o menos esperando a que la situación actual evolucione a mejor, y dejemos de hablar de que estamos en crisis.

Esperamos a que los demás hagan algo, pero en el fondo para que las cosas cambien, cada uno de nosotros debería hacer algo al respecto.

Curiosamente, pocos parecen tomar conciencia de que estamos en una situación que exige un cambio, y que el cambio pasa por cada uno de nosotros.

Si todos esperamos a que las cosas cambien, nada cambiará.

Ser pasivos no es la mejor solución.

Esto es lo mismo que pasa en las organizaciones.

El CEO espera que sus directores cambien. Los directores que el CEO cambie. Los mandos intermedios que los directores cambien. Y los directores que sus mandos cambien. Los colaboradores esperan a que los mandos cambien. Y los mandos a que los colaboradores cambien.

Eso sí, a veces “hacemos nada a toda hostia”, y eso siempre vende.

Pero en realidad al final todo sigue igual porque nadie quiere cambiar, porque cambiar por las buenas es algo que resulta difícil.

Desde mi punto de vista esto se debe a diversos motivos, de los cuales destaco el miedo a perder la certidumbre. Y para racionalizarlo, solemos articularlo en base al pensamiento egoísta de “¿y por qué he de cambiar yo? Que cambien ellos”.

Y claro, muchos dirán que es un pensamiento sensato, y que no les falta razón a los que lo esgrimen.

Cuando esto pasa se debe generalmente a que no vemos claros los beneficios del cambio. No tenemos una visión a la que orientarnos. No tenemos objetivos motivantes.

Y claro cambiar por cambiar tampoco resulta muy atractivo.

Sin embargo, de lo que tal vez no nos demos cuenta es de que debido a este pensamiento habitualmente compartido por una gran parte de las organizaciones, sociedades, y grupos en general, terminamos sintiéndonos, e incluso siendo, víctimas de una situación que no nos gusta.

Pero claro, al menos, la conocemos.  Y eso nos da certidumbre.

Bien podría articularse como “más vale crisis conocida, que futuro por conocer”.

En fin que desde mi opinión, y al igual que ocurre con otros muchos cambios, …

…si queremos que algo cambie, todos debemos cambiar algo.

Y para ello es importante que creemos una visión hacia la que dirigirnos.

cambio de estrategia

Cuando tengamos esa visión, objetivo o foco al que dirigirnos, nos resultará mucho más fácil tomar conciencia de que existen alternativas a nuestro comportamiento habitual.

Os animo desde aquí a que iniciéis pequeños cambios que os/nos saquen de esta situación actual, que os acerquen hacia esa visión personal. Y aunque esto no sacará a todos de golpe de esta situación actual, si hará que al menos vosotros percibáis la realidad de una manera diferente. 

¿Y qué tipo de cambios?

1.- Pues algo tan simple como empezar a elegir palabras diferentes para etiquetar la situación actual. En lugar de hablar de crisis, hablad de situación de grandes cambios, o incluso mejor, de grandes oportunidades. Esto ayudará a crear el clima, las condiciones, para que inicieis el movimiento en la dirección elegida.

2.- O empezad a preocuparos en positivo. Empezad a imaginar que el año que viene será mucho mejor que este, empezad a tener emociones positivas respecto a lo que os va a ocurrir a medida que os acerquéis hacia vuestro objetivo, y aprended a darle una nueva acepción al sustantivo “preocupación”.

3.- Reuníos con gente optimista respecto al futuro. Gente que crea que este momento está lleno de oportunidades. Recientemente estuve hablando con un amigo, cuyo despacho profesional está en una gran oficina en la que conviven seis empresas, y me decía que cada semana alguno de sus “vecinos profesionales” les planteaba una nueva posibilidad de negocio. Si compartís vuestra visión con esas personas optimistas, surgirán nuevas oportunidades que nunca hubieséis imaginado.

4.- Dad perspectiva  a vuestras lecturas de la realidad, y pensad en momentos malos que hayáis tenido en el pasado y pensad que hicisteis entonces para salir de ellos. Ved luego que aprendisteis o que podéis aprender ahora de aquellas experiencias pasadas, y pensad en cómo aplicarlo al viaje al futuro que os estáis planteando.

5. –Tomad conciencia de cómo os hacen sentir las etiquetas que emitís respecto a vuestra percepción de la realidad. Si la emoción no es agradable, probad a cambiar la etiqueta, y comprobad de nuevo la emoción. Ensayo y resultado. Sentirse bien en el presente os ayudará a explorar con más entusiasmo.

6.- Acercaos a lo que os apasiona en la vida, y dedicadle cada vez más tiempo. Acrecentando la llama interna de la pasión hará que vuestra motivación interna se dispare. Continuad vuestra formación en estos temas que os hacen recuperar la ilusión. Cuanto más conjuguéis, más alineéis, vuestra visión personal con lo que os apasiona, más sensación de plenitud tendréis, y más fácil será que encontréis oportunidades donde antes sólo había problemas.

Estas son algunas ideas que os pondrán en una nueva ruta de acción.

Si tenéis duda de si funciona, probad; si no lo hacéis nunca sabréis si funcionan. Y el riesgo es mínimo.

Eso sí, perseverad en ese nuevo comportamiento, porque las varitas mágicas ¡¡¡hace tiempo que se acabaron!!!.

Como decía Michael Jackson en una de sus canciones, make that change!

“Ensayo y error”, “¿ensayo y resultado?”, …, “¿ensayo y …?”

A menudo escucho la idea de que para hacer algo nuevo debemos tirar de la fórmula de “ensayo y error”. Y aunque no he hecho un estudio científico al respecto, me da la sensación de que cuando hacemos esta afirmación, nos resulta tan familiar que no solemos reparar en la carga simbólica que lleva consigo. Nos es tan habitual que es transparente para nosotros.

Sin embargo, últimamente he estado pensando en las connotaciones negativas que esta “fórmula” tiene. Y me refiero de forma más concreta a la carga negativa de la palabra “error”. Sobre todo porque ahora que los recursos son aún más limitados, y todo el mundo busca la excelencia, parece que no haya lugar para cometer errores.

Y creo que por eso para muchas personas, diría que la mayoría, cometer un error es un sinónimo de desastre.

Si cometemos un error, es probable que nos sintamos mal, quizás incluso incapaces, y confundamos nuestro error con nuestra identidad. “He fallado, ergo soy un inútil”.

No solemos ser conscientes de que un error es uno de los resultados probables que podemos obtener al hacer algo nuevo. Y por lo tanto, debería ser algo esperable. Pero claro, el error tiene mal cartel.

Es por esto por lo que me gusta más decir que al hacer algo nuevo debemos aplicar la fórmula de “ensayo y resultado”.

Si el resultado obtenido es el que queríamos, genial. Prueba superada.

Si no es así, lo coherente es tomar nota del gap, de la brecha, entre lo que esperábamos, y lo que hemos obtenido, analizar las acciones que hemos hecho, y que han dado lugar a ese resultado, y variar aquello que el sentido común, o un análisis más detallado, nos indique como más razonable para acercar el próximo ensayo al objetivo deseado.

Esta es de hecho la forma que desde pequeños utilizamos para aprender a dominar algo, y en la que deberíamos seguir confiando de adultos para aprender cualquier nueva habilidad, o disciplina.

Sin embargo, cometer errores cuando somos pequeños suele estar permitido, mientras que de adultos, ni nos los permiten, ni nos los permitimos.

Por eso de adultos nos cuesta más aprender, porque no queremos, o no nos permitimos, obtener resultados intermedios.

O acertamos a la primera, o preferimos no asumir la posibilidad de errar.

Desde mi punto de vista, esto está relacionado con nuestro ego, y sus secuaces: los miedos al fallo, al ridículo, y al que dirán. Y dado que no queremos que nuestro ego sufra, evitamos cometer errores. Y que mejor forma de conseguir esto, que no intentando hacer nada nuevo.

Y por si acaso, me protejo argumentado que todo lo que no sea perfecto es un error. ¿Qué mariconada es esa de llamarlo resultado?

En general esto estaría muy bien si no fuera porque no todo el mundo sufre de estos males del ego; hay algún@s que se atreven a hacer cosas nuevas, a ensayar y a aprender de esos resultados intermedios, que muchos llaman errores.  Y de este modo, inventan nuevas formas de hacer, e incluso de estar y de ser.

Esto obliga a los demás a probar nuevas cosas para no quedarse atrás.

Y ya tenemos el lío montado.” ¿Me subo al carro, o me espero?”; “¿y si espero será demasiado tarde?”; “mira que si me equivoco”. Y así la vida, por suerte, va cambiando por los cambios que introducen algunos “iluminaos“.

Cómo ya habrás adivinado, en estas últimas frases me estaba refiriendo a l@s innovadores, a esas personas que leen la realidad de una forma diferente, y que la etiquetan también de un modo diferente.  Son las personas que “nos complican” la vida, creando nuevas formas de relacionarse con el mundo.

De hecho si lo piensas, no deberíamos siquiera hablar de “ensayo y resultado”, sino de “ensayo y evolución”.

¿Acaso no ha llegado nuestra civilización hasta donde se encuentra actualmente a base de hacer ensayos y aprendizajes?.

Si no fuera por aquellos que se atrevieron a obtener nuevos resultados, desafiando a sus egos, y a sus miedos aprendidos, todavía seguiríamos en las cuevas comiendo carne cruda, cortada con los dientes, porque ni habríamos inventado el hacha, ni habríamos aprendido a controlar el fuego, por empezar por lo más básico.

Porque amigo lector, si todavía piensas que es mejor hablar de “ensayo y error”, estarás implícitamente diciendo que el ser humano es sólo eso, un error de la naturaleza.

Y aunque desde la ironía me apetece estar de acuerdo, en el fondo me resulta admirable lo que el ser humano ha logrado alcanzar a base de ensayo y … ¿cómo prefieres llamarlo?.

En fin, etiqueta lo que ocurra con tus ensayos como quieras, pero por tu propia sostenibilidad personal y profesional, diversión y posibilidades de aprendizaje, no dejes de ensayar nuevas cosas, si no quieres quedarte atrás.

¡¡Buena suerte con tus ensayos!!

¿Truco o trato?

¿Truco o trato?, ¿innovación o excelencia?

Esta noche se celebra Halloween. Los niños, y algunos no tan niños, se preparan para pedir caramelos, y repetir la ya popular expresión. “¿Truco o trato?”

Si pasáramos la propuesta a términos empresariales, probablemente más de uno lo traduciría a “¿innovación o excelencia?”, o sería “¿excelencia o innovación?”. Me da la sensación de que sería más bien la primera. La innovación suena más a truco, y la excelencia más a status quo, a trato.  

Siguiendo con la expresión, más de un directivo realmente creerá que es cuestión de elegir, y casi con toda seguridad se quedará con la excelencia. Al final al cabo elegir sólo la innovación implica demasiado riesgo.

Pero, ¿por qué debemos elegir entre uno u otro?

La excelencia es evidentemente necesaria para poder ofrecer productos y servicios de calidad a través de procesos eficientes. Es importante “exceler”. Curioso verbo empleado habitualmente por mi amigo Tim Ingarfield. En inglés este verbo existe, “to excel”; sin embargo, en castellano se entiende, pero no existe. 

¿Cómo es posible que no tengamos en castellano el verbo que da lugar a esta cualidad tan utilizada hoy en día?. ¿Será porque nos gusta hablar de ello, pero no nos atrevemos a decirlo de la forma más clara posible? ¿Acaso se tildaría de prepotente a quien dijera que ella o el “excele”?

En cualquier caso, sean cuales sean la razones, la excelencia nos ayuda a mantener nuestros clientes actuales en tanto en cuanto ningún competidor ofrezca, en su propuesta de valor, beneficios adicionales a los que nosotros ofrecemos.

Pero claro, por desgracia para algunos, los competidores también piensan, se cuestionan lo que les pasa, y cuando un día descubren que por mucho que “excelan”  no consiguen distinguirse de su competencia, comienzan a plantearse qué pueden hacer diferente.

Y en el momento que descubren qué hacer, aunque no sepan cómo, inician un nuevo camino. El camino de buscar el cómo. Cómo desarrollar nuevos productos o servicios, o mejorar sus procesos, para ofrecer más valor a sus clientes.

Y de repente, asumiendo ciertos riesgos, sacrifican una parte de su excelencia para poco a poco empezar a distinguirse. Para innovar.

Y entonces descubren que elegir excelencia e innovación es más rentable que elegir excelencia o innovación.

O como dicen Collins y Porras en su libro “Built to last”, superan la tiranía del “or”. La tiranía de la “o” frente a la “y”.

En definitiva, que la próxima vez que te cuestiones si haces una cosa u otra, y especialmente si es excelencia o innovación, prueba a sustituir la “o” por la “y”, y observa a ver qué nuevas posibilidades descubres.

Tal vez te sorprendas.

¿Truco y trato?

¿El CEO como Chief Innovation Officer?

Acabo de estar viendo un video en YouTube (www.youtube.com/watch?v=xvIUSxXrffc&NR=1) en el que entrevistaban a A.G. Lafley, CEO de Procter & Gamble, y aún sin saber hasta que punto es esto una realidad, me ha encantado la declaración de principios que Lafley hace en su libro Game Changer, en una de sus frases iniciales:

“My job at Procter & Gamble is focused on integrating innovation into everything we do”

Realmente es importante que más allá de una frase, esto se traduzca en comportamientos y hábitos que sus colaboradores puedan ver o constatar de alguna manera, pero independientemente de esto, ¿cuantos CEOs se atreverían siquiera a hacer suya este frase, no ya en un libro, sino en una entrevista, que más tarde pudiera ser vista por cualquiera de su empresa en YouTube?.

Está claro que hace años esto no era un problema, pero hoy en día, gracias a las nuevas tecnologías, estamos en un mundo cada vez más transparente en el que es muy difícil esconderse, y en el que la credibilidad está más en juego que nunca.

La confirmación de si tus hechos están alineados con tus palabras es cada vez más fácil. Y si que no se lo pregunten a algunos políticos, que podrían estar ya compitiendo con la marioneta de Gepetto, aunque con peor carisma.

pinocho

Animo desde aquí a los directivos de las empresas españolas a que por un lado, se den cuenta de la importancia que tiene la innovación para la supervivencia de las organizaciones que dirigen, tomando como ejemplo cómo la fomentan los CEO de algunas de las empresas más importantes como P&G, o como también hizo recientemente el nuevo CEO de Honda Motor, Takanobu Ito, declarándose como el Chief Innovation Officer de la compañía.

En segundo lugar les animo a que, si ya creen en la innovación, pasen del pensamiento a la declaración, tal y como hace A.G. Lafley, y de este modo, empiecen a mostrar su compromiso para que sus colaboradores entiendan la importancia que tienen como generadores de ideas, como promotores de la creatividad, para mejorar su entorno de trabajo, y de paso su organización.

Y finalmente, y como no podía ser de otra manera, les animo a que conviertan sus palabras en hechos, para que estos mismos colaboradores les saquen los colores si luego no cumplen sus compromisos a la hora de asignar recursos al proceso de innovación, o a la hora de priorizar tiempo dedicado a la misma, a la hora de crear estructuras que la apoyen, de crear procedimientos que faciliten la transmisión de estas ideas, en definitiva, de ocuparse de crear una cultura de innovación.

En fin, que ahora que empieza el nuevo curso escolar, les animo señoras y señores directivos, a tomar cartas en el asunto de la innovación, ya que ésta no es una moda, sino una función a incorporar a sus organizaciones, y cuanto antes empiecen a practicarla, antes dejarán a sus competidores atrás, y sobre todo, a sus clientes más satisfechos.

Y les deseo trambién mucha suerte, ya que el camino por desgracia no es fácil, y la resistencia al cambio acecha por doquier.