Posts de octubre

Aunque la carga de trabajo sea alta, como está siendo este año, me he planteado publicar un par de posts al mes.

Sin embargo este mes me ha pillado el toro. Bueno, para ser coherente, diré mejor que me he dejado pillar por el toro. Y para no engancharme en mi propia metáfora más de lo necesario, lo dejo en que he priorizado sacar el trabajo por encima de publicar.

Y curiosamente este mes tenía mucho material sobre lo que escribir. Sobre todo por los cursos a los que he acudido.

En septiembre hice el curso de memorización y lectura rápida con Ramón Campayo, campeón mundial de la disciplina. Utilizando sus técnicas de asociación inverosímil estoy enseñando finlandés a mis hijos, a un ritmo al que nunca hubiese imaginado que sería posible. Por si a alguno os interesa aquí os pongo un ejemplo de cómo funciona.

Ejemplo: “se cayó de rodillas y se hizo polvito”.  En finlandés rodilla se dice “polvi”.

Y siguiendo con algunos de los consejos que escuché a Ramón, me ha resultado de gran utilidad, el de tratarte a ti mismo como a tu mejor amigo. Este mensaje simple pero potente me ha ayudado a reducir mi estrés y aumentar mi bienestar al rebajar el auto-feedback que habitualmente me daba cuando las cosas no iban como esperaba.

Salvo que seas un verdadero desgraciado, difícilmente machacarás a tu mejor amigo si algo no le sale bien. Sin embargo, si el autor del fallo eres tú mismo, estoy seguro de que hay muchas probabilidades de que te juzgues de forma bastante acida. Somos nuestro más fiero juez.

Y esto aparte de hacerte sentirte mal, no te servirá para aprovechar el feedback negativo que te devuelve la realidad, y aprender algo del mismo.

También a finales de septiembre inicié el programa de Consultoría y Terapia Sistémica, de dos años de duración auspiciado por la Universidad de Alcalá y SCT, e impartido por John McWhirter y Tim Ingarfield.  

Es difícil describir la potencia que tiene la metodología empleada, la DBM® (Developmental Behavioural Modelling).

Pero a riesgo de ser poco preciso, estas últimas semanas hablando con mis amigos sobre la DBM me ha parecido adecuado describirla como una metodología que además de ofrecerte distinciones mucho más potentes que las que hasta ahora había aprendido, te permite “microfiletear” tu experiencia, las observaciones que haces de la realidad, desde muchas perspectivas.

Y desde esta percepción ampliada de tu realidad, puedes organizar la información que obtienes de nuevas formas de modo que lo que antes te resultaba un problema lo veas ahora como una posibilidad más. O como se dice habitualmente en los programas de DBM, tomes conciencia de que un problema es una forma de organizar la información.

Y por supuesto, usando la metodología DBM es posible aprovechar la experiencia que acumulas para modelar y remodelar comportamientos.

Además de estos aprendizajes presenciales, me he dedicado a escuchar en el coche el programa en audio “Lead de field” de Earl Nightingale. Y otro de los consejos que he sacado de sus enseñanzas es el de tratar a cada persona con la que te encuentras como a la persona más importante del mundo.

A más de uno este consejo le sonará a chorrada, pero si lo piensas bien, aparte de que así estarás tratando a cada uno como se siente, la persona más importante del mundo para si mismo, esta actitud te colocará en una buena posición para aportar a los demás lo mejor de ti mismo. 

En fin, que este mes ha sido intenso en trabajo (everis, Repsol, Nokia, Indra, Audihispana), en aprendizajes  y en sensaciones.

Y hasta aquí puedo leer.

Os deseo un buen mes de noviembre lleno de novedades agradables.

La P de Poder

El Poder, o Potencia Personal, es un sustantivo que además se conjuga: yo puedo, tu puedes, él puede, nosotros podemos, vosotros podéis, ellos pueden.

Sin embargo no nos resulta nada difícil escucharnos diciendo que no podemos hacer algo cuando probablemente más acertado y beneficioso para nosotros sería reconocer: no quiero, no me atrevo, no me apetece, no me da la gana, o no sé cómo.

Cuando éramos niños, generalmente escuchamos en demasiadas ocasiones aquello de, “no hijo no puedes hacer tal o cual cosa”, cuando en realidad para nosotros era obvio que si podíamos, pero que no nos dejaban hacerlo.

Poco a poco nos íbamos acostumbrando a la cantinela, e incluso le preguntábamos a nuestros padres, “papá, mamá, ¿puedo?” cuando para nosotros era obvio que sí, pero seguíamos el patrón que nuestros padres nos iban inculcando día a día.

Al final, a base de tanto repetir, como ocurre con tantas cosas en nuestra fase de aprendizaje, nos terminamos acostumbrando, o lo que es peor creyendo, y a partir de aquella época empezamos a decirle a los demás que “no podíamos hacer algo”, cuando hubiera sido mucho más acertado decir, “de pequeño no me dejaban hacerlo aunque yo sabía que podía, y al final me he terminando creyendo que no puedo”.

Esto es algo que se sigue produciendo en las organizaciones, y que cuando alguien desafía mediante el correspondiente “sí, sí que puedo, pero no debo, o no me dejan”, la respuesta suele convertirse en amenaza: “bueno, si puedes, si no te importa que te echen / te echemos”.

Por desgracia, al no ser capaces de crear entornos protegidos en los que probar y poner en marcha ideas nuevas, tampoco desplegamos los permisos necesarios para ello, o como jefes no los damos, y finalmente, nos desempoderamos, o nos desempoderan, con lo que nuestras ideas se pudren en el interior de nuestras mentes.

Os animo a volver a conjugar vuestro poder; eso sí, como dice muy buen amigo Juan Manuel Opi, no conjuguéis el poder con J.

La P de Protección

J: ¡Cuando tenga catorce años, montaré en una nave espacial!

R: ¡Alah!, ¿tú solo?

J: ¡No, con un mayor!.

R: Ah, ya decía yo. Es que si no da mucho miedo.

¿Cuantas veces has oído en tu trabajo a un adulto reproduciendo esta conversación, sustituyendo al “mayor” por el jefe?

Aunque nos consideramos personas crecidas, tenemos muchas limitaciones que frenan nuestra inKNOWability.

En demasiadas ocasiones, como no sienta que alguien con más autoridad me proteja, no me atreveré a pensar, proponer y aún menos a hacer según que cosas, no sea que mis pensamientos, afirmaciones o acciones tengan consecuencias que me cambien la vida.

Y menuda historia, mi vida dejaría de ser previsible.

Vivimos atenazados por el miedo, por el mismo miedo que teníamos de niños, sólo que en este caso lo disfrazamos de precaución, prudencia, hipoteca, etc.

Y mientras tanto las oportunidades siguen pasando a nuestro lado sin ser aprovechadas.

Nos falta la primera de las tres P’s necesarias para desarrollar nuestra inKNOWability, la P de PROTECCIÓN.

Lo ideal es que la protección nos la diéramos nosotros mismos, y no necesitáramos de esa protección por parte de nuestro entorno.

En su defecto, la segunda mejor opción sería que nos la ofreciera el entorno, sin embargo, casi siempre, cuando se trata de la organización, lo que ésta nos ofrece es justo lo contrario.

Es más probable que el miedo sea la emoción que domine, y por tanto el talento se esconda.

Como jefe, parece lógico no dejar que la gente se dedique a probar cosas nuevas sin ton ni son. Sin embargo, entre este último pensamiento y la opción más habitual de tener a la gente atemorizada, existe la magnifica oportunidad de crear entornos PROTEGIDOS en los que los miembros del equipo puedan explayarse y generar ideas, proponerlas e incluso, facilitando los medios, y siguiendo los mecanismos acordados, ponerlas en marcha. Sólo es necesario, querer, y establecer el contrato psicológico adecuado entre las partes.