La P de Poder

El Poder, o Potencia Personal, es un sustantivo que además se conjuga: yo puedo, tu puedes, él puede, nosotros podemos, vosotros podéis, ellos pueden.

Sin embargo no nos resulta nada difícil escucharnos diciendo que no podemos hacer algo cuando probablemente más acertado y beneficioso para nosotros sería reconocer: no quiero, no me atrevo, no me apetece, no me da la gana, o no sé cómo.

Cuando éramos niños, generalmente escuchamos en demasiadas ocasiones aquello de, “no hijo no puedes hacer tal o cual cosa”, cuando en realidad para nosotros era obvio que si podíamos, pero que no nos dejaban hacerlo.

Poco a poco nos íbamos acostumbrando a la cantinela, e incluso le preguntábamos a nuestros padres, “papá, mamá, ¿puedo?” cuando para nosotros era obvio que sí, pero seguíamos el patrón que nuestros padres nos iban inculcando día a día.

Al final, a base de tanto repetir, como ocurre con tantas cosas en nuestra fase de aprendizaje, nos terminamos acostumbrando, o lo que es peor creyendo, y a partir de aquella época empezamos a decirle a los demás que “no podíamos hacer algo”, cuando hubiera sido mucho más acertado decir, “de pequeño no me dejaban hacerlo aunque yo sabía que podía, y al final me he terminando creyendo que no puedo”.

Esto es algo que se sigue produciendo en las organizaciones, y que cuando alguien desafía mediante el correspondiente “sí, sí que puedo, pero no debo, o no me dejan”, la respuesta suele convertirse en amenaza: “bueno, si puedes, si no te importa que te echen / te echemos”.

Por desgracia, al no ser capaces de crear entornos protegidos en los que probar y poner en marcha ideas nuevas, tampoco desplegamos los permisos necesarios para ello, o como jefes no los damos, y finalmente, nos desempoderamos, o nos desempoderan, con lo que nuestras ideas se pudren en el interior de nuestras mentes.

Os animo a volver a conjugar vuestro poder; eso sí, como dice muy buen amigo Juan Manuel Opi, no conjuguéis el poder con J.

La P de Permiso

¡Si me dejaran, sería capaz de poner en marcha algunas de mis mejores ideas!.

Pero claro, cualquiera dice nada.

Si no funciona, sería porque no ha sido una buena idea. Y si funciona, mi jefe se pondría todas las medallas, y yo me quedaría con un palmo de narices.

No merece la pena intentarlo.

Hay muchas maneras de justificar que no merece la pena arriesgarse. Sin embargo, en demasiadas ocasiones lo que nos ocurre no tiene tanto que ver con los demás como con nosotros mismos. Nos faltan PERMISOS para equivocarnos, ser diferentes, fallar, atrevernos, cambiar.

Sin embargo, resulta más cómodo echarle la culpa a un tercero que asumir la responsabilidad de aquello que de forma consciente o inconsciente no pongo en marcha.

¿Por qué no tengo esos permisos?

Generalmente la falta de permisos tiene más que ver con nuestra más temprana educación de lo que sería deseable. Sin embargo, una vez que tomo conciencia de que no tengo esos permisos, es mi responsabilidad incorporarlos, con el fin de poner fin a esos comportamientos limitantes.

¿Y si detecto que los permisos le falta a alguien de mi equipo?

Aunque lo ideal es que sea cada uno el que se dé cuenta de los permisos que no tiene, como jefe, puedes darles a tus colaboradores aquellos permisos que necesiten para poder desarrollar las facetas que hasta ese momento tienen aparcadas.

La P de Protección

J: ¡Cuando tenga catorce años, montaré en una nave espacial!

R: ¡Alah!, ¿tú solo?

J: ¡No, con un mayor!.

R: Ah, ya decía yo. Es que si no da mucho miedo.

¿Cuantas veces has oído en tu trabajo a un adulto reproduciendo esta conversación, sustituyendo al “mayor” por el jefe?

Aunque nos consideramos personas crecidas, tenemos muchas limitaciones que frenan nuestra inKNOWability.

En demasiadas ocasiones, como no sienta que alguien con más autoridad me proteja, no me atreveré a pensar, proponer y aún menos a hacer según que cosas, no sea que mis pensamientos, afirmaciones o acciones tengan consecuencias que me cambien la vida.

Y menuda historia, mi vida dejaría de ser previsible.

Vivimos atenazados por el miedo, por el mismo miedo que teníamos de niños, sólo que en este caso lo disfrazamos de precaución, prudencia, hipoteca, etc.

Y mientras tanto las oportunidades siguen pasando a nuestro lado sin ser aprovechadas.

Nos falta la primera de las tres P’s necesarias para desarrollar nuestra inKNOWability, la P de PROTECCIÓN.

Lo ideal es que la protección nos la diéramos nosotros mismos, y no necesitáramos de esa protección por parte de nuestro entorno.

En su defecto, la segunda mejor opción sería que nos la ofreciera el entorno, sin embargo, casi siempre, cuando se trata de la organización, lo que ésta nos ofrece es justo lo contrario.

Es más probable que el miedo sea la emoción que domine, y por tanto el talento se esconda.

Como jefe, parece lógico no dejar que la gente se dedique a probar cosas nuevas sin ton ni son. Sin embargo, entre este último pensamiento y la opción más habitual de tener a la gente atemorizada, existe la magnifica oportunidad de crear entornos PROTEGIDOS en los que los miembros del equipo puedan explayarse y generar ideas, proponerlas e incluso, facilitando los medios, y siguiendo los mecanismos acordados, ponerlas en marcha. Sólo es necesario, querer, y establecer el contrato psicológico adecuado entre las partes.