Masa crítica para dejar de aprovechar la crisis

“The economy will shift when enough people stop wanting it to change and start taking advantage of how it is.”

Esta mañana estaba leyendo esta afirmación en un newsletter de Topher Morrison, y aunque suena así de sencillo, no tengo tan claro que cada uno tenga conciencia de su responsabilidad en la misma. O incluso menos comprometedor, de su participación a un lado u otro de la ecuación.

¿Prefieres ser la variable dependiente o la independiente?.

O poniéndolo en términos más visuales, ¿en qué platillo de la balanza prefieres estar?.

En este momento, en el lado con más peso están los que esperan que “la cosa” cambie, y mientras tanto se quejan de lo mal que está todo.

En el otro platillo están los que creen que hay oportunidades y las están aprovechando.

¿Cómo?

Pues haciendo cosas nuevas. Tomando nuevas decisiones. Atreviéndose a equivocarse, es decir, a aprender. Escuchando a sus clientes (externos), o sea a los clientes de siempre. Escuchando a sus clientes internos, es decir, a la gente que trabaja con ellos. Dándole una nueva lectura a sus quejas, y transformándolas en posibilidades.

En tres palabras, cambiando para mejorar. O para ser más ahorrador, que parece que ahora está de moda, innovando.

Y tú ¿en qué platillo quieres estar?

Espero que estés ya aprovechándote ya de la crisis y cambiando cosas, o cambiándote a ti mismo, y sacando beneficio de las oportunidades existentes. Seas ahorrador o no ahorrador. Digo, seas empresario, trabajador por cuenta ajena o estés en el paro.

Si no estás ya en ese lado, ¿a qué esperas para cambiar? Si suficiente gente lo hace antes que tú, serán ellos los que aprovechen las oportunidades. Y tal vez te quedes sin ninguna. ¡Tal vez incluso sin lo que tienes ahora!.

Será cuestión de masa crítica, de cuanta gente haya en un lado quejándose, o en el otro, aprovechándose. A más gente en el segundo lado, menos oportunidades.

Recuerda que George Soros, el famoso millonario ha llegado a serlo especialmente en base a su genialidad a la hora de detectar cambios de tendencia.

O dicho de otra manera, de detectar cuando empezará a haber movimiento de gente de uno a otro de los platillos, es decir, cuando empieza a desplazarse la masa crítica. Si eres uno de los primeros en empezar a crearla estás en el lado más arriesgado pero también en el de más ganancias.

Si eres de los últimos en dejar la antigua masa crítica, cero ganancias, y también aparentemente cero riesgo. O tal vez no, porque igual el tren ya se ha ido. Bueno en realidad si, riesgo cero, porque ya no puedes perderlo. ¡Ya se ha ido!.

Anoche estuve viendo en televisión una de estas nuevas series de moda en la que te ayudan a cambiar. En ella un famoso chef ayudaba a varios dueños de restaurantes a darle la vuelta a sus negocios para evitar el cierre, y esto implicaba hacer cambios importantes. No hacerlos, auguraba una muerte empresarial, o incluso suicidio empresarial, seguro. Menudas broncas les pegaba a los tíos. Sea realidad o sólo ficción, ya que al fin y al cabo es TV, lo que se mostraba tenía todo el sentido.

Esta mañana leía en la PDA otro Newsletter, en este caso de Innovation Coach sobre el cambio que Ford ha iniciado lanzando nuevos productos y aprovechando el momento para salir de su propia crisis.

O te mueves, o te mueven.

El que quiera aprovechar las oportunidades y salir airoso de la crisis, carpe diem, si es que no lo ha hecho ya.

Aprovecha el momento.

Este momento no volverá, y los que lo aprovechen se alegrarán de haberlo hecho.

¡Únete a la masa crítica de los que quieren cambiar, y lo están haciendo!. No ya por que esto lo arreglemos entre todos, que también, sino por ti y los tuyos.

Alicia y La Roja, sin Caperucita

“Alicia se rió: “no tiene sentido intentarlo”, dijo: “no se puede creer en cosas imposibles” “Yo mas bien diría que es cuestión de practica” dijo la reina. “Cuando yo era joven, practicaba todos los días durante media hora. Muchas veces llegue a creer en seis cosas imposibles antes del desayuno” (Lewis Carroll Alicia en el país de las maravillas)


Esta tarde he recibido un mail de una colega belga en el que firmaba con el párrafo anterior. Y me ha encantado la frescura de su posicionamiento.

Claro que, para mucha gente, será otra pirada más. Para mí en cambio, en ese párrafo se resume la esencia de los que quieren, queremos, seguir creyendo a pesar de las apariencias (de que todo está mal y todo está lleno de imposibles).

Y sobre todo, de los que queremos seguir creyendo en desafiar a nuestra lógica ‘obsoleta’ basada en la experiencia que afirma, sin temor a equivocarse, “eso es imposible”.

Obsoleta, porque en el momento en que esta experiencia ha pasado, puede ser rebatida por alguien demostrando que el imposible no lo era. Como el record que parece imposible, y que en cualquier momento alguien consigue batir.

Como el de “la roja”, que sin caperuza, ni Caperucita, ha desafiado al lobo que le decía que era imposible, y que ya en la Eurocopa tuvo que callarse.

La experiencia que adquirimos como adultos tiene, como todo, cosas buenas y cosas malas.

Las buenas tienen que ver entre otras, con que nos da mucha información, con la que podemos tomar decisiones, y de la que podemos aprender. Si no la hubiésemos sabido aprovechar, estaríamos todavía en las cavernas.

Las malas, están directamente relacionadas con, y pueden incluso surgir de, las buenas. Y es que en demasiadas ocasiones, convertimos la experiencia, y el correspondiente aprendizaje, en un juicio que terminamos dando por hecho y convirtiéndolo en una creencia. Y como tales, las asumimos.

Y con estas creencias como pilares construimos un discurso lógico de cómo es la realidad, pero sobre todo, de cómo ha de ser en un futuro.

Y claro queremos, desde nuestro pensamiento mágico, que el futuro sea una continuación de nuestro pasado, basado en la lógica que ya dominamos, para que no tengamos (o suframos de) el mal de incertidumbre.

Porque si creemos en los imposibles, nuestra lógica se podría desmontar, estaríamos equivocados, y nuestro ego quedaría por los suelos, ¡qué horror!.

¡Que le corten la cabeza al que crea en los imposibles!

Necesitamos aprender como sociedad, o al menos de momento como individuos, que las palabras que usamos, que los juicios que hacemos son refutables, y que una etiqueta puesta en un momento de debilidad “incertidumbral” no debería servirnos como excusa para dejar de cuestionar de forma sana, y cada vez que sea necesario, que los imposibles que decimos o que escuchamos son siempre, o casi siempre, temporales.

Y de nuevo Alicia rió: “ tiene sentido intentarlo”, dijo: “si que se puede creer en cosas imposibles”.

Participación en Innosfera

El próximo martes 12+1 de julio, que diría Nieto, participaré en el evento que Innosfera celebra todos lo meses, y en los que el protagonista es la innovación.

Esta última reunión antes de echar el cierre para el verano se celebrará bajo el título “Nuevas formas de escuchar a tus públicos”, y en ella tres apasionados por la innovación compartiremos experiencias, modelos y puntos de vista. En mi caso hablaré sobre nuevas formas de escucha y atención al cliente, basadas en el Análisis Transaccional.

Si estás interesada/o en ir, acércate el martes antes de las 19:00 al Centro de Innovación del BBVA (Plaza de Santa Bárbara 2). Para inscribirte visita www.innosfera.com.

Si quieres saber un poco más sobre el asunto, puedes leerte mi post anterior.

Si te decides a venir, allí nos vemos.

¿La Voz del Cliente o la Voz del PAN?

A principios de junio se celebró entre los días 6 y 9, la XXI edición de la conferencia ISPIM bajo el lema “The Dynamics of Innovation”. A diferencia de otras conferencias o congresos sobre innovación y/o creatividad a los que he asistido, en esta me sorprendió el alto número de académicos que asistían, y por contraste el bajo número de practitioners, o consultores.

Este feedback (negativo, ya que no era lo que yo inicialmente esperaba) que me llegaba de la conferencia me hizo pensar, y fijarme mucho en el trabajo de los doctorandos que a través de proyectos de investigación desarrollan y validan sus hipótesis iniciales.

Como el taller que iba a dirigir yo se celebraba en la tarde del último día del congreso, tuve la oportunidad de darle vueltas y pensar sobre el tipo de ejemplos a comentar, de modo que mi ponencia les resultara comprensible y útil a las personas que podrían asistir.

Y lo que inicialmente fue un ejercicio de adecuación de mi ponencia al público más centrado en la investigación, me sirvió luego para darme cuenta de que cada vez que en innovación hablamos de la importancia de la Voz del Cliente (VOC, Voice Of the Customer), mentamos al cliente como si éste tuviese una única voz.

Al ir adecuando los ejemplos, y los conceptos que iba a explicar en las dinámicas a utilizar en el taller, tome conciencia de la importancia del AT en la investigación de innovación. Y me explico.

Cuando en AT hablamos de los Estados del Yo a nivel funcional decimos que las personas podemos actuar desde el Padre Crítico, el Padre Protector, el Adulto, el Niño Libre o el Niño Adaptado (Sumiso o Rebelde), y al hacerlo rescatamos material almacenado a lo largo de nuestra vida en los almacenes estructurales, es decir en el Padre (lo aprendido) o en el Niño (lo experimentado).

Sin embargo, cuando en investigación hablamos de la importancia de entender la Voz del Cliente, y/o la Experiencia de Usuario, simplificamos y consideramos al cliente como a una unidad sin divisiones. Es decir, que obviamos, o descontamos, desde que Estados del Yo actúa, siente y se comporta el cliente.

Y al darme cuenta de esto me acordé de un ejemplo que a veces comento con mis clientes cuando les ayudo a interpretar su egograma (gráfica que refleja en qué Estados del Yo tendemos a poner nuestra energía).

Cuento en estos casos que en mi egograma, el Padre Crítico me sale más alto que el Padre Protector, y por ello mi tendencia (y así cumplo el arquetipo de ingeniero) es a fijarme primero en los resultados y luego en las personas. Por suerte para mí, y gracias a mi trabajo de desarrollo personal, esta tendencia o inercia no siempre se manifiesta así, pero me guste o no, la querencia sigue ahí, y “como la cabra tira al monte….”.

Por otra parte tener un Padre Critico más alto favorece también en mi caso el que uno de mis impulsores de la personalidad sea el de la perfección, es decir, bajo estrés tiendo a actuar desde lo que llamamos el “Sé perfecto”. No es esto que sea perfecto, sino que tiendo a buscar la perfección, y a veces de modo poco eficiente. Esto a veces se manifiesta a través de aspectos simples como por ejemplo el hecho de que me cueste mandar SMS sin tildes.

El Padre Crítico alto y el Sé perfecto son dos buenas formas de mantener de forma inconsciente el cumplimiento de las normas, y de paso ser muy obediente.

El caso es que estando un día en el supermercado mientras compraba con mi familia, y mi primer hijo tenía por aquel entonces 3 años, se me acercó, me tiró del pantalón, y con su lengua aún un poco de trapo, me dijo que tenía sed.

Yo le contesté que no se preocupara que ya había cogido una botella de agua. Y lo que yo en realidad pensaba era, “no te preocupes hijo que ya la he cogido, y cuando salgamos y la haya pagado, te la daré para que puedas beber”.

Claro mi hijo lo único que entendía en ese momento era que tenía sed, y me volvió a insistir. Y yo enrocado en mi “hijo, ya tengo la botella en el carro”.

Por suerte para mi hijo, y también para mí, mi mujer se enteró de la petición de mi hijo y de mi “pulcro” comportamiento, y tras una mini conversación tipo:

-       Ella: “¿pero qué te pasa?, ¡dale agua al niño!”

-       Yo: “¡es que aún no la he pagado!”

-       Ella: “¿pero la vas a robar?”

-       Yo: “¡no!, pero es que no la hemos pagado”

-       Ella: “anda trae para acá”

Gracias a la intervención de mi mujer, me dí cuenta de que mi comportamiento era fruto de mi Padre Crítico que me “invitaba” a ser obediente y a que mi Niño Adaptado Sumiso cumpliese las normas a rajatabla.

Ese día  fue muy ilustrativo para mí, y aunque hoy en día mis hijos ya comen y beben durante la compra, eso sí, dejando los envases en el carro, aún puedo notar mi inercia mental, y escuchar la vocecilla interna diciendo “aún no lo has pagado, aún no lo has pagado”.

¿Por qué cuento esta anécdota en relación a la investigación?.

Porque en la conferencia de ISPIM según preparaba los ejemplos me dí cuenta de que los investigadores generalmente consideran la voz del cliente, de cada cliente que observan o investigan a nivel cualitativo, como una única voz. Y como consecuencia, si no tienen un modelo como el del AT, no van a distinguir qué Estados del Yo van a estar operando en un sujeto en una determinada experiencia de usuario. Y por tanto, perderse detalles que pueden ser fundamentales para mejorar sacando innovaciones que de forma premeditada, satisfagan a la vez necesidades de varios Estados del Yo.

Y como ejemplo está el hecho de que gente como yo, con un Padre Crítico más fuerte que el Padre Protector, normalmente no le contaría a un investigador esa conversación interior entre los Estados del Yo operantes en dicho momento, y le daría unas racionales respuestas de Adulto, o más probablemente de Adulto contaminado con el Padre, en las que el investigador dejaría de obtener mucha información interesante para comprender qué oportunidades de innovación hay disponibles en esa situación.

Espero que se haya entendido la explicación en la que tiro de conceptos ya comentados en otros posts, y que algunos investigadores se interesen por el modelo del Análisis Transaccional y como más que hablar de la Voz del Cliente, deberían hablar de la Voz del Padre-Adulto-Niño, o Voz del PAN.

Y como hoy a ganado España a Portugal, desde mi Niño Libre, sigo contento por el gol de Villa, a pesar de que mi Padre Crítico no esté muy convencido del juego de la selección.

En fin, que siempre hay más voces operando de las que somos concientes.

Si quieres más información respecto a alguno de los conceptos descritos, puedes revisar posts anteriores o mandarme un mail, o comentario con tus preguntas.

¡¡Buena escucha!!

Vulnerabilidad e innovación

Hace unos años cuando me estaba formando como coach me tocó hacer una minipresentación al resto de mis colegas sobre la distinción vulnerabilidad.

¡Qué casualidad, justo a mí!

Desde mi predisposición al perfeccionismo (desde mi “Sé Perfecto”, diríamos en Análisis Transaccional), me puse a preparar una cojo-presentación sobre lo que yo entendía por vulnerabilidad. Estaba dispuesto a preparar la mejor explicación  posible sobre mi percepción de este término que tan poco caché tiene en el mundo empresarial.

Durante la media hora que nos dejaron para prepararla, escribí un A4 por las dos caras. Estaba convencido de que iba a quedar muy bien, y que los demás me lo iban a reconocer. Estaba listo.

Estábamos en el aula, sentados en sillas, y al que le tocaba, salía al frente del aula y le contaba a los demás la explicación que había preparado.

Mis compañeros fueron saliendo uno a uno, y contándonos sus distinciones. La verdad es que el tiempo me pasó volando, y no me acuerdo de nada de lo que se dijo. Estaba tan concentrado en quedar bien, que no le presté mucha atención a lo que contaron. Ya me da vergüenza ahora reconocerlo. Si alguno estáis leyendo esto, lo siento.

Yo quería sobre todo hacerlo bien, y llevarme el reconocimiento que desde pequeño me había acostumbrado a buscar.

Cuando me tocó mi turno salí con mi chuleta y, justo antes de empezar a leer, me dí cuenta.

¡Estaba haciendo la antítesis de lo que me había tocado!

Bueno sí, iba a hablar de vulnerabilidad, pero sin ningún atisbo de comportamiento al respecto.

Dejé mi chuleta en la mesa que tenía inmediatamente delante y me sinceré con mi colegas de formación. “Me ha tocado la distinción vulnerabilidad, y me acabo de dar cuenta según he salido, de que estaba a punto de hacer justo lo contrario de lo que sería coherente hacer en este caso.”

¡Uf!

Durante el resto de mi presentación, hablé sin leer nada de lo que había escrito.

Probablemente no dije nada parecido a lo que había escrito.

Recuerdo que hablé desde las tripas. Se me saltaban las lagrimas de la emoción. En el mismo momento en el que me había dado cuenta de lo que estaba haciendo, había decidido  abrirme y dejar mi coraza a un lado, para abrir mi corazón.

Me lo debía a mi mismo, y a mis compañeros. Por lo menos en esa ocasión no me iba a esconder detrás de esa educación que por un lado me había servido para conseguir muchas cosas, especialmente como directivo, pero que por otra parte me dificultaba tanto el disfrute auténtico y relajado de muchos pequeños detalles de la vida.

No creo que nunca olvide aquel momento.

Cuando acabé, mis compañeros me aplaudieron con mucho cariño, pero lo más importante para mí fue el aplauso interno que sentía me estaba dando a mi mismo.

Desde entonces me lo he trabajado mucho, sobre todo a través de mucho trabajo de desarrollo emocional. Soy consciente de que es una asignatura en la que probablemente esté siempre, o al menos durante mucho tiempo, al borde del suspenso, pero en la que poco a poco he ido mejorando.

Con el tiempo he ido dándome cuenta de lo necesario que es poder mostrarte como eres, sin esa capa de antivulnerabilidad.

Y especialmente cuando se trata de dirigir a tu equipo más allá de tu mundo conocido, de tu zona de confort, y adentrarte en la zona de aprendizaje, o incluso, en tu zona de pánico, o como el otro día Manoli de Indra Sevilla me invitó a reflexionar, y decidí rebautizar en mis talleres, la “zona no experimentada”, en la que mucha gente entra en pánico.

Y digo esto porque para decidirte entrar en esa zona, bien sea con tu equipo o sólo, necesitas permitirte reconocer que no sabes cómo vas a tener éxito en ella ya que no tienes experiencia sobre lo que allí ocurre, y necesitas permitirte el “ensayo y aprendizaje”, y el manejo de la incertidumbre, que supone adentrarte en ella.

Esto te ayuda a sacar tu humildad, dejar tu ego a un lado, y avanzar aprendiendo de lo que ocurre. No necesitas esconder tus limitaciones.

Ya sabemos que la perfección no existe, pero sin embargo nos manejamos como si esta fuera posible, y peor aún, como si debiéramos saberlo todo.

En fin, que os invito a todos los que queráis innovar a ver que tal os queda vuestra personalidad sin esa capa de vulnerabilidad, y permitiros utilizar más los “no sé cómo” que tan útiles son para adentrarse en lo nuevo, en lugar de los “no puedo”, o “no sé puede”, o “es imposible” que decimos mientras la vestimos.

¡Buena suerte!